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TERCERA PARTE

SEGUNDO PERIODO REPUBLICANO

 

Capitulo X

Llega la modernidad y fin de la era de Castilla

 

·         Arica se moderniza, Ferrocarril, Aduana y Puerto

 

 

El triunfo de las fuerzas  de la Junta Gubernativa en Poconchile en diciembre de 1843 fue el último hecho de armas de importancia en la guerra civil entre Constitucionalista (Castilla) y partidarios del Directorio (Vivanco),  desde esa fecha  hasta el triunfo definitivo de Castilla en el Alto del Carmen en las afueras de Arequipa el 22 de julio de 1844 sólo hubo escaramuzas en diferentes puntos del territorio bajo control de la Junta, sin llegar a comprometerse en batalla ambos ejércitos hasta que los Constitucionalista formaron un ejército lo suficientemente fuerte que les permitió derrotar definitivamente a sus adversarios comandados en esa oportunidad por el propio  Supremo Director general Vivanco en las tierras del Misti.

Las negociaciones del gobierno boliviano con el general Vivanco avanzaban auspiciosamente  a favor del proyecto de Ballivián, cuya máxima era  que las provincias del sur del Perú pasaran a soberanía boliviana, sin embargo con  el desenlace de la guerra civil peruana al ser derrotado el general Vivanco, echó por tierra todo el trabajo que con tanta meticulosidad  había realizado la diplomacia boliviana por lograr hacer de Arica un puerto boliviano.

El Mariscal Ramón Castilla asume la presidencia del Perú el 20 de abril de 1845, como presidente constitucional, elegido por voto popular en elecciones convocada por don Manuel Menéndez quien había sido restablecido en el cargo de presidente de la República después del triunfo de las fuerzas Constitucionalista en Arequipa,  en julio de 1844.

Castilla era un político de tendencia liberal que administró con gran aptitud  de estadista su país, pero no pudo o no quiso superar su animosidad hacia el general Ballivián  que gobernaba  aun Bolivia, demostró una gran hostilidad hacia cualquier solución amigable en las relaciones con la república altiplánica, cada vez las relaciones entre ambos países se congelaban más y el punto neurálgico siempre era la “Cuestión Aduanera” en que estaba implícitamente presente el puerto de Arica, El gobernante peruano por un decreto del 9 de noviembre de 1846, alza los derechos de importación de los productos bolivianos, además se impusieron derecho de tránsito de toda mercadería por el puerto de Arica, todas medidas que perjudicaron la economía boliviana pero que también ocasionó un gran perjuicio a la ciudad de Arica que vivía principalmente del comercio boliviano, ha estas medidas hostiles del gobierno peruano el presidente Ballivián respondió con dos decretos de interdicción comercial e incomunicación fechados el 31 de marzo y el 29 de abril de 1847.

La política de Ballivián fue intensificar el trafico comercial por el puerto de Cobija, con el fin de asestar un rudo golpe a la economía ariqueña y demostrar que Bolivia era capaz de vivir independiente de las presiones ejercidas por el gobierno peruano contra su economía, pero se estrelló con la realidad porque el comercio del altiplano norte principalmente de la ciudad de La Paz, el más activo por la época, sufría un duro golpe con las medidas restrictivas; el mismo Ballivián da cuenta de esta realidad y la expresa el en su mensaje al Congreso en 1847: “... Desde la fundación de estos pueblos como colonias españolas, su comercio exterior se hizo por Arica... porque el puerto de Arica es el puerto natural de estas comarcas... La independencia y la creación  de las naciones del Perú y Bolivia tampoco produjo tal variación;  y sólo ahora el gobierno del Perú ha pretendido  contrariar la naturaleza y aniquilar con un rasgo de su pluma un derecho que nació con el establecimiento de la población europea en estas tierras,  que se apoya en la posesión no interrumpida de tantos años, que es anterior a la existencia de Bolivia y Perú, como naciones independientes y que se confunde con las necesidades inevitables de la posición geográfica que nos dio la naturaleza. El derecho de  comerciar por Arica es tan esencialmente necesario para la existencia de Bolivia, que para renunciarlo es necesario renunciar a la conservación de esta república[1] ”.

Los habitantes de  Moquegua, Arica y Tacna, se manifestaron contrarios a las medidas tomadas por Castilla, la que afectaba dramáticamente la economía de la zona, por lo que trajineros,  comerciantes, agricultores, calafateros, estibadores, boteros, en fin, todas las actividades relacionadas con el tránsito de mercancías  hacia y desde el altiplano se mostraban muy decepcionados con el caudillo tarapaqueño, por que consideraban que les había abandonado, en circunstancias que ellos habían aportado buena parte de sacrificios militares para que el y su Junta Constitucionalista llegase al poder y ya embestido con la máxima magistratura de su país los desamparaba, este descontento es recogido por el prefecto  del Departamento Litoral coronel José Félix Iguaín y lidera un movimiento por la creación de un “estado anseático”[2], bajo la protección de Bolivia, haciendo la respectiva solicitud al gobierno boliviano, las negociaciones se habían iniciado a fines de 1845 con el fin de fijar las bases de este protectorado, el proyecto ya muy avanzado es interrumpido por la intervención de Castilla que hace apresar al coronel Iguaín expatriándolo, tomando nuevamente el liderazgo en las comunidades de las provincias sur peruanas. El general Ballivián tuvo la intención de invadir los departamentos sur peruano desde el Apurimac a Tarapacá, así queda establecido en varios documento, entre otros carta enviada el 4 de mayo de 1847 al prefecto de La Paz señor Manuel Guerra diciéndole en una de sus partes “...Vamos a conseguir por cuantos medios se pueda un millón de pesos para poner 10.000 hombres y apoderarnos hasta el Apurimac; lo demás, es juego de niños...”

Ahogadas las aspiraciones de autonomía de las poblaciones de Arica, Tacna y Moquegua,  las negociaciones entre Perú y Bolivia para superar los impases derivaron en el octavo acuerdo  relacionados con los temas comerciales  entre ambas naciones para regular el comercio y el uso del puerto de Arica por parte de Bolivia; el tratado es firmado en la ciudad de Arequipa el 3 de noviembre de 1847 se titulaba de “Paz y Comercio”, en este tratado se establecía la más amplia libertad de tránsito para Bolivia por el puerto de Arica condición que se mantendría con alguna irregularidad hasta la ocupación de Arica por las fuerzas chilenas en 1880.

Arica se vio favorecida con esta relativa estabilidad de la principal actividad  económica que le caracterizaba desde tiempos coloniales, aumentó  el transporte en acémilas de los minerales bolivianos hacia el puerto, también aumenta la instalación en la zona de casa comerciales importadoras de países europeos, las que traen artículos suntuarios, un ejemplo de esto fue la llegada de un buen número de pianos de marcas inglesas y alemanas que significó que en las familias ariqueñas hubiese un número importante de personas ejecutante de este instrumento, especialmente personas de sexo femenino, este desarrollo  se produce a pesar de la endémica inestabilidad política de  Perú y Bolivia, a fines de 1847 fue derrocado el general José Ballivián, hecho político que significó un acercamiento entre el nuevo gobierno boliviano presidido por  el general Manuel Isidro Belzu[3] y el gobierno peruano del Mariscal Castilla presidente constitucional, situación que no tuvo en todo caso mayor incidencia sobre la pretensión boliviana con relación a la soberanía de esta república sobre el puerto de Arica.

Por esta época comienzan los trabajos del primer relleno en la zona portuaria, la construcción del muelle y de la explanada  formada por el terraplén que tenía unos 800 mts. de largo por unos 500 mts. de ancho, en forma romboidal adosado al pie del Morro por el lado norte de este,  a continuación  de esta explanada se efectúa un relleno de la playa que sigue con dirección norte de unos 200 mts. de largo hasta un muelle  de embarque confeccionado de fierro riel y roble americano.

El Mariscal Castilla sintiéndose en deuda con la población de Poconchile por el triunfo de sus armas en esa localidad durante la guerra civil contra Vivanco; impulsa la reconstrucción del templo consagrado a San Jerónimo patrono del pueblo, con el aporte de los lugareños y del gobierno se inaugura el flamante edificio en 1850, se produce una dura querella entre los habitantes de Mollepampa y los de Poconchile, los primeros reclaman que el culto debería seguir haciéndose en la antigua capilla de Mollepampa ya que ha esta sólo bastaba hacerle algunas reparaciones y quedaría en optimas condiciones, este templo se había conservado en pie en el último terremoto acaecido en 1833, manteniéndolo en estado de uso los pobladores del sector, a diferencia del derrumbamiento del templo de Poconchile que en ese evento sísmico lo dejó inutilizable, pero los pobladores de Poconchile replicaban que el templo de Mollepampa estaba en ruinas y que el de ellos estaba reconstruido y en terminaciones, finalmente se resolvió la querella a favor de Poconchile.

La ciudad puerto de Arica crece con la estabilidad política e internacional, no con la energía de la vecina Tacna pero sí en forma importante. Por esta época se inicia la construcción del edificio de la aduana el que fue encargado a la firma inglesa E.T. Bellhouse & Co. de Manchester Inglaterra; este edificio de líneas clasicistas comienza a construirse en 1853,  daba frente al embarcadero, su estructura era de dos pisos, su frontís de un largo aproximado de 60 mts, la plata baja tenía un corredor formado por 20 columnas de estilo dórico, confeccionadas  en fierro fundido traídas desde Inglaterra, estos balaustres de estilo dórico tenían  unos 80 centímetros de diámetro, con una pequeña disminución en su parte superior y de unos cuatro metros de altura, las ventanas de las dependencias del primer piso  que daban al corredor eran de estilo gótico, la segunda planta estaba separada de la primera en  por una cornisa ornamentada,  cada dependencia de esta planta tenía un ventanal de unos 2.20 metros de alto con su respectivo balcón formado por barandas de  fierro fundido coronadas  con pasamanos de madera de pino de “Oregón”,  estos balcones eran 20 coincidentes a los espacios entre columnas del primer piso, el techo del edifico era plano formado por un entablado de madera tinglada colocado sobre  vigas de roble y sobre esta estructura se cubrió con  esteras de totoras cubiertas con un mortero de barro y conchuela molida, interrumpían la horizontal del techo  las tradicionales casetillas tragaluz,  tan características de las construcciones de la zona; en la  parte posterior de la construcción existía un amplio patio de almacenaje y operación que cubría toda la manzana donde estaba enclavado el edificio aduanero, este patio estaba cerrado por un muro de adobes y tenía amplios portones que daban entrada y salida al recinto por las respectivas calles. En la explanada se construyó, dando frente al muelle de carga, un edificio destinado para las agencias comerciales que operaban en el puerto, era un edificio cubico de un solo piso que en su frontís tenía los portones de entrada a las bodegas y oficinas administrativas de las agencias, aquí funcionó la primera agencia de “vapores”, también aquí  había un emporio de víveres, vinos y licores. El material de construcción utilizado para estos edificios seguía siendo el adobe para el primer piso,  en el segundo piso normalmente se utilizaba paneles hechos de caña clavada en marcos rectangulares de madera de  unos 0,8 mts de ancho por 3,5 mts, de alto y revestidos con barro, todos estos edificios estaban enlucido con una mezcla de cal y arena.

El crecimiento del comercio boliviano por Arica con el consiguiente aumento del tránsito y volumen de mercancías y minerales  por el puerto, evidenció el alto costo de operación que tenía la actividad “trajinera”, además  de la lentitud que tenía este tipo de transporte, hechos que hicieron que comerciantes de la zona, con el correspondiente disgusto de los trajineros,   impulsaran al gobierno peruano a  incorporar tempranamente el gran avance tecnológico de eso años, como fue el ferrocarril.

Para la construcción del ferrocarril entre Arica y Tacna el gobierno peruano dictó la ley  del 16 de diciembre de 1851, promulgada por el gobierno del general José Rufino Echenique[4].  Para el estudio del trazado y  proyecto de construcción del ferrocarril  se contrató al ingiero David W. Evans, adjudicándose el contrato de ejecución de la obra la firma José Hegan & Co. , las obras comienzan con prontitud, el terminal ferroviario de Arica constaba de un patio de maniobras ubicado en la explanada portuaria de los pies del Morro inmediatamente atrás del edificio de las agencias portuarias, una vía  férrea entraba al muelle de carga desde donde se trasladaba las mercancías en lanchones desde y hacia los veleros y  de los primeros vapores que comenzaban a surcar las aguas del Pacífico, en el extremo del malecón existía un güinche a vapor que facilitaba el izamiento de los bultos desde los  lanchones al muelle, además tenía unas rampas laterales que servían también para la carga de los lanchones; el andén de pasajeros del ferrocarril se ubicaba  al frente del edificio de la aduana entre este y el borde de playa, era una construcción simple que  consistía  en un sombreadero de unos 20 metros de largo  por unos 5 mts. de ancho con una larga banca puesta en el centro, en su extremo sur había una pequeña oficina donde se expedían los boletos para el transporte de pasajeros,  la vía férrea era de trocha ancha de 1,68 mts. el trazado ferroviario    continuaba  hacia el norte cruzando por frente de la “Lumbanga”, lugar donde se encontraba la estación  propiamente tal con sus patios de maniobra, bodegas y oficinas, el ferrocarril continúa su trazo al norte  cruzando el lecho seco del río San José en un pequeño puente para continuar por los bajos del Chinchorro cruzando los arenales hasta enfrentar el río Lluta  que lo cruza en puente de mayor importancia [5] que el del río San José, a un kilómetro al norte del puente del río Lluta se encuentra la estación de Chacalluta, destinada  a recibir la carga y pasajeros que usaban el camino de Lluta que provenía del Alto Perú,  de este punto sigue un trazo casi recto hasta enfrentar la estación de Los Palos (El Hospicio) desde donde inicia una amplia curva para penetra ya en el valle del Caplina, el terminal de Tacna es una hermosa Estación que en su portón de ingreso del ferrocarril lo forma un edificio de madera estilo neoclásico, el largo total del trazado original fue de 62 Km., que después por acontecimientos históricos se redujo exactamente a 60 Km., existió el proyecto de alargar este ferrocarril  hasta Puno, la discusión se centró en si el trazado  pasaba o no por Moquegua o se buscaba una ruta más directa, al final se opto por la construcción del Ferrocarril Mollendo, Arequipa, Puno y el ferrocarril de Ilo a Moquegua.

El Ferrocarril  de Arica a Tacna fue terminado el 25 de diciembre de 1856; siendo inaugurado oficialmente en una pomposa ceremonia el 1º de enero de 1857 por el Mariscal Ramón Castilla que ejercía su segundo periodo de presidente del Perú,  este ferrocarril se considera el tercero  de Sudamérica en su construcción después del de Callao y del de Copiapo-Caldera. El gobierno del Perú concedió el privilegio de explotación del ferrocarril, por el termino de 99 años, a la firma de José Hegan & Co. Quien traspaso sus derechos a la  Compañía inglesa “The Arica & Tacna Railway Company” esta explotación la ejerció hasta 1942 cuando es traspasado  al gobierno peruano.

A principios  de la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad de Arica comienza a ver una estructura  urbana que auspiciaba un futuro mucho más prospero que el que conocía hasta la fecha,  una de las obras civiles que marca profundamente  el diario vivir del puerto es la construcción del ferrocarril a Tacna, hito que  marcó notables progresos y transformaciones en la vida cotidiana de los ariqueños,  el gran cúmulo de actividad “Trajinera” con los numerosos acemileros, porteadores, mozos, chalanes, con sus recuas de Mulas, Asno, Caballares y Llamas, se ve trasladada al terminal de Tacna, quedando en el puerto de Arica principalmente esta actividad trajinera  reservada a las cargas provenientes de los valles interiores y del trajín dentro de la propia ciudad que  se comienza a hacer en carretas.

El área donde se ubicaban  el edificio  de la aduana, el puerto y el terminal ferroviario es el centro de las actividades económicas y sociales de la ciudad,  ahí se tramitaba conforme a las exigencias de la burocracia estatal, se transaba y contrataba los servicios de transporte marítimo como terrestres, se compraban y vendían víveres, pero además era lugar para compartir con el extranjero llegado en los barcos, compartir con los viajeros del Alto Perú o con los que venían de Tacna o Moquegua, era lugar habitual  de paseo, los días domingo las ariqueñas con sus mejores galas concurrían después de misa al sector del muelle, las casadas acompañadas sus esposos  y la soltera  de sus padres o hermanos mayores, las jóvenes de condición social más acomodada eran acompañadas de sus criadas, que las cuidaban de los atentos y escudriñadores ojos masculino, las damas vestían con traje largo, ancho en la base que casi topaba el suelo, su calzado, zapatillas de rafia o seda, normalmente bordada en su parte superior con lentejuelas e hilo de seda de llamativos colores haciendo figuras de flores, sarmientos y hojas, siempre cubrían sus  hombros con pequeños mantos  de lana que normalmente les llegaba  hasta la cintura, estos mantos eran  tejidos a telar y en su mayoría por la moda de la época tenía figuras cuadriculadas  formadas por el mismo tejido en distintos colores, predominaban los tonos marrón y pastel, las damas como los hombres  usaba sombreo semi alón  de copa redonda no muy alta, esta pieza de vestir era de paño o de Jipe Japa (paja fina del Ecuador), los varones usaban gabán  no muy largo de dos botones, abrochándose sólo el superior,  dejando un espacio de unos diez centímetros hasta el  cuello, donde se veía la camisa con cuello de punta roma almidonado, normalmente blanca,  usaban un cortabín  de cinta anudado con “nudo de Mariposa”, el pantalón era de color claro si el gabán  era de color oscuro, y vise versa  si el pantalón era claro, debajo del  gabán se usaba un chaleco sin mangas de cuatro botones  este lo llevaban también cuando no usaban el gabán, en tiempos más fríos o de noche los ariqueños de mitad del siglo XIX usaban poncho tejidos en lana de alpaca, pieza  muy popular en toda  Hispanoamérica.

La vista  de la ciudad desde el muelle o desde las embarcaciones surtas en la bahía, mostraba una ciudad  bastante  moderna para la época,  tenía buen número de casas de dos pisos  con sus balcones   con pilastras de madera simulando columnas de estilo dórico, confirmando el estilo neoclásico que se puso de moda en todo el Perú, estos balcones en su mayoría tenían una baranda de madera torneada, las casas de un piso  en su mayoría tenían techos de forma “trapezoide” o de “mojinete” como solía llamarse,  destacaba al ojo del observador las torres de los campanarios de las iglesias que por esa fecha existían tres, la iglesia Basílica que en su frontís tenía dos torres, la del lado izquierdo a vista del observador tenía una campana  de considerable volumen, la de la derecha poseía dos más pequeñas y un reloj  de reciente colocación por 1857, estas torres   eran de cantería de sillar y estaban coronadas por un cono que en su extremo superior soportaban una cruz, la base del cono era un pequeño balconcillo que lo formaba una arquería  protegido por una baranda metálica;  más atrás a unas cuantas cuadras de distancia se podía observar la torre de la iglesia de la Matriz,  única y mucho más esbelta que las dos de la Basílica, este campanario era  usado por los  capitanes de buque y prácticos  como referencia para fondear sus naves en la bahía, la torre de la Matriz también era coronada por un cono que en su extremo superior  soportaba una cruz, más atrás donde casi terminaba el caserío en forma más humilde  se alcanzaba a divisar la torre del campanario de la capilla de San Juan de Dios, del hospital del mismo nombre, este templo fue demolido en 1971, por una mal entendida modernidad cuando se reestructuró ese sector del hospital “Juan Noé Crevani” ubicando la maternidad en el área y un estacionamiento para vehículos motorizados,  del convento de la Merced en la calle del Comercio sólo quedaban sus ruinas en el periodo analizado por este capitulo, estas  ruinas terminaron por desaparecer por 1950.

El  plan de la ciudad  de Arica estaba formado por veintitrés manzanas que formaban con cierta regularidad siete calles trazadas de Este a Oeste y de cinco  trazadas de  Norte a Sur,  la denominación de estas arterias urbanas era la siguiente: las trazadas de Norte a Sur, Calle del Ferrocarril, calle de la Aduana, calle de Junín, calle de Unanue, calle  De las Mercedes, y calle de la Matriz, las calles trazadas de Este a Oeste tenían la siguiente denominación, calle de San Marcos, Calle de San Francisco, calle del Comercio, calle de Ayacucho y calle de la Alameda,  existía una pequeña calle entre la calle de la Aduana y la del Ferrocarril que llamaban calle de la Marina, como también existía una calle, de la cual no se ha podido consignar su nombre, de dos cuadras de extensión que  cortaba en cuatro manzanas  los terrenos  ubicado entre el Morro y la Plaza de Armas, esta calle daba su comienzo  en la explanada  del puerto donde se iniciaba la calle del Ferrocarril y era cruzada por la calle de la Aduana, para terminar en los faldeos del Morro detrás de la iglesia Basílica. Al contorno de esta red urbana ya consolidada  se comenzaban a formar nuevas calles y manzanas, siendo la mayor tendencia a este crecimiento el verificado hacia el sector del Cerro de la Cruz  y del hospital de San Juan de Dios,  por otro lado como dato interesante, en el sector  de la Chimba más cercano a la población, figuran como propietarios  por 1860 entre otros las siguientes persona, José Hegán concesionario de la explotación del ferrocarril Arica – Tacna, este empresario inglés figura con dos propiedades,  interponiéndose entre estas propiedades estaba el predio de doña Natividad Ramírez,  vecina al norte de esta propiedad estaba el predio  de la familia Pimentel, enfrente  de esta, pasada la laguna de las “caballos” (pequeño ojo de agua formado por una vertiente de agua dulce),  a poca distancia del cementerio estaba la propiedad de don  Horacio Boltón, otros propietarios del sector son el señor Leandro Castañón, don Felipe Lobo, Testamentación de Lobo,  don José Vargas, testamentación de don José Vargas. Es de consignar que el barrio de la “Lumbanga” era separado de estas propiedades por la calle Unanue la que continuaba al norte para conectar con el camino real que iba a Tacna, como se ha dicho con anterioridad era el barrio donde habitaban  mayoritariamente ariqueños de raza negra, este barrio se ubicaba en el cuadrante formado por la calle de la Alameda por el Sur,  la propiedad de Horacio Boltón y el Cementerio por el Norte,  calle De las Mercedes por el Este y calle Unanue por el Oeste.

El agua  potable para consumo de la población se sacaba de pozos hechos en la mayoría de las intersecciones de las calles del plan mas bajo de la ciudad, el vital elemento  se sacaba en norias ubicadas en las esquinas de las calles; uno de los  pozos más abundantes era el ubicado en las cinco esquinas, intercesión  formada por las calles de la Alameda, Ayacucho y de las Mercedes, había  norias también en la esquina formada por las calles de Unanue y San Francisco, existía otro pozo en la calle de la Alameda con  la calle de la Aduana, el  agua se distribuía  a las casas en  botijas transportadas en lomo de asnos por aguateros. Por el lado sur del Morro en la playa del  Laucho existía un pequeño rancherío en el que habitaban los “calafateros” estos eran ariqueños  muy pobres que se dedicaban al oficio de calafatear embarcaciones menores como botes y lanchones, usaban el pequeño varadero natural que se formaba entre agudas rocas semi hundidas del sector de la costa sur de Arica, en la arena  de la playa formaban improvisados astilleros

Así  transcurría la vida  de Arica con una luz de esperanza de mejoramiento en su calidad de vida y progreso,  sin embargo por ese tiempo aun era determinante  para el total desarrollo como ciudad  el endémico paludismo, la terrible enfermedad de las “tercianas”, que obligaba a las personas a buscar zonas  con mayor salubridad para vivir, de ahí la preferencia que poseían ciudades como Tacna o Moquegua. La capital del departamento, la ciudad de Tacna, por entonces se reputaba como la tercera en importancia del Perú después de Lima y Arequipa, todas las casas importadoras de Bolivia tenían grandes almacenes en esa ciudad, por esto es frecuente encontrar en los periódicos de la época y almanaques tanto bolivianos como peruanos anuncios de  las agencias comerciales ofreciendo sus artículos ultramarinos y señalando tener  tiendas en París, Tacna y La Paz o en Londres, Tacna y La Paz. Otro  problema que presentaba  Arica en los años de los gobiernos del mariscal Castilla y del general Echenique era el relacionado con la educación,  la escasez de escuelas hasta antes del Terremoto de 1868 era más que evidente en la provincia de Arica, existían solamente 3 de estas instituciones para la educación en la ciudad,  las que eran de muy precaria infraestructura, dos de estas escuelas eran municipales, años más tarde se les dio la categoría de nacional, una  de estas escuelas era de varones y la otra  de mujeres, la tercera era una escuela particular, los esfuerzo educacionales de los gobiernos peruanos del periodo  concentraron su preocupación educacional más en Tacna que en la provincia de Arica, obligando a muchas familias ariqueñas  a enviar a sus hijos a estudiar a esa ciudad, este gran déficits significo que un alto porcentaje de población fuese analfabeta, condición que condenaba en un elevadísimo número ha no poder obtener trabajos bien remunerados,  la excepción la marcaban algunos artesanos muy especializados, trajineros y terratenientes de los valles interiores, los que en un número no muy importante enviaban a sus hijos a estudiar a Lima, los más acaudalados y conscientes que la educación daba la posibilidad de progresar los enviaban a Europa; estas circunstancias generaban el hecho que muchas familias ariqueñas quedaran condenadas a la pobreza, el grueso de los ingresos producidos  por la economía local se concentraban  en los extranjeros recién llegados que  casi en su totalidad al momento de arribar a puerto eran solamente empleados de las agencias comerciales europeas o estadounidenses establecidas en la región,  por este tiempo llegan un número no despreciable de inmigrante italianos que escapaban de las precarias condiciones económicas y políticas de su patria (años de la unificación italiana); estos extranjeros con escasas excepciones poseían  una mayor educación, un conocimiento de la burocracia estatal de comercio internacional y de los instrumentos mercantiles de uso común en la época, condición que les daba ventaja sobre el elemento criollo para hacer fortuna rápidamente, muchos de estos extranjeros hicieron matrimonio con señoritas de las familias tradicionales de la casta hispana de estas provincias,  asociando con estos matrimonios,  fortuna con tierras y alcurnia.

Por los años  de apogeo del comercio boliviano a través de Arica estuvo de paso por la ciudad el comandante  Karl von Scherzer de la fragata “Novara” de nacionalidad austríaca que efectuaba una expedición científica de circunvalación a la Tierra, el marino austríaco se refiere de Arica generosamente al señalar: “ El puerto de Arica en la costa sur de América perteneciente a la república del Perú es un elegante puerto de unos 7.000 habitantes, rodeado por hermosos y exóticos jardines”, la fragata estuvo en pleno auge portuario de Arica, cuando hacia poco tiempo que se había inaugurado el ferrocarril de Arica a Tacna, la imagen de prosperidad que exhibía el puerto de Arica quizás motivo una percepción aumentada del número de habitantes que tenía; en datos más conservadores se da una población de 3.000 habitantes para el año de visita de la fragata “Novara”.

La organización republicana del Perú tuvo un gran impulso en los gobiernos de Castilla, el caudillo tarapaqueño se había sublevado contra el gobierno de Echenique en alianza con Domingo Elías  el 1 de mayo de 1854; el gobierno provisional de corte liberal adopta dos de las más importantes medidas en su camino a la construcción republicana del Perú y que tuvieron  una gran repercusión en lo social y económico en todo el Perú, una de ellas fue la abolición de la contribución indígena,   decreto firmado en Ayacucho el  5 de julio de ese año por Ramón Castilla y Pedro Gálvez, hay que recordar que este tributo  había sido restablecido  por Bolívar por decreto el 11 de Agosto de 1826, la medida abolicionista afectaba la cuarta parte de los ingresos fiscales de la época, afectando directamente  las tesorerías de los gobiernos provinciales que recibían sus rentas de este tributo, obligándolos a depender de la distribución hecha desde el gobierno central de Lima; la segunda medida tomada fue la abolición de la esclavitud verificada  por decreto del 3 de diciembre de 1854 que dispuso la libertad de los esclavos negros y siervos libertos, el decreto fue firmado en Huancayo por el Mariscal Ramón Castilla como presidente provisional y su Ministro Manuel Toribio Ureta, la medida se hacia efectiva previa indemnización a los propietarios.  En Arica estas resoluciones tuvieron un importante  efecto en su estructura social y laboral, hay que recordar  que en el último censo de población de la época colonial daba para la provincia de Arica 1.300 esclavos aproximadamente, los valles costeros en su mayoría eran laborados por mano de obra esclava lo que Arica no era excepción,  la abolición de la contribución  indígena vino a aliviar a los indios tributarios de los valles interiores pero afecto seriamente las arcas provinciales.

El fortalecimiento de las instituciones republicanas significó también una nueva división administrativa del estado peruano  para ello  el Mariscal Castilla durante su gobierno expide un decreto fechado el 25 de junio de 1855, en el cual divide la provincia de Arica en dos provincias: Tacna capital Tacna y Arica capital Arica;  dos años más tarde por ley del 2 de enero de 1857 se crea el Departamento de Moquegua siendo integrado por las provincias de Moquegua, Arica, Tacna y Tarapacá, dejando como capital del Departamento la ciudad de Tacna.

La provincia de  Arica registra 8.014 habitantes según censo de 1866[6], queda integrada por los  siguientes  distritos:

 

 

Provincia de Arica Censo 1866

 

 

Distritos                           Nº de Habitantes

 

·        Arica (ciudad)        :                                                          2.811

 

·        Chimbas                :                                                                33

 

·        Azapa                    :                                                          1.126

 

·        Lluta                      :                                                          1.119

 

·        Socoroma              :                                                              587

 

·        Codpa                   :                                                          1.169

 

·        Belén                     :                                                              730

 

·        Livilcar                  :                                                              439

 

Total habitantes                 8.014


 

 

·         Nuevos conflictos con Bolivia y muerte del Mariscal Castilla

 

El  auge del comercio boliviano por el Puerto de Arica no sólo trajo progreso y bienestar a las comunidades de Arica, Tacna y Moquegua, si no que trajo consigo serios conflictos entre los gobiernos peruano y bolivianos, la presión boliviana sobre la economía de la zona era tan fuerte que en muchos momentos la moneda de uso común en Tacna y Arica  era el peso boliviano y no el sol peruano, lo que generaba grandes dificultades para las autoridades económicas del Perú por la distorsión que le producía en su economía, solía llamársele “Moneda feble” a este dinero boliviano que circulaba sin restricciones en Tacna y Arica, el otro efecto negativo era el fuerte contrabando de mercancías al resto del Perú que se generaba a partir del más absoluto y libre tránsito que gozaba Bolivia  para el trafico de su comercio exterior por el puerto de Arica a partir del tratado de Arequipa de 1847, todo esto comenzaba a hacer sentir a las autoridades peruanas la perdida de soberanía efectiva por parte del Perú en las provincias del sur, sumado a esto las desconfianzas que generaban la mutua intervención en los asuntos  de política interna de ambas naciones por los respectivos gobiernos y caudillos militares que manejaban la cosa pública y que se debatían entre cuartelazo, asonadas militares y revoluciones.

Hubo momentos que la crisis llegó a niveles muy altos que generaron mucha tensión en las relaciones de ambas naciones, desembocando en más de una oportunidad en concentraciones de tropas en la frontera común a ambos países, uno de estos eventos de crisis entre Perú y Bolivia se  generó cuando gobernaba Bolivia el señor  José María Linares que se vio en la necesidad de impulsar medidas diplomáticas con el fin de restablecer la armonía entre ambas naciones andinas, para cuyos efectos nombró como Ministro Plenipotenciario en Lima a don Ruperto Fernández, logrando este diplomático boliviano la firma de un convenio en el cual se comprometían ambos gobiernos a impedir toda tentativa de invasión en el territorio recíproco de parte de los emigrados políticos. A pesar de este acuerdo el mariscal Castilla favorecía a los opositores de Linares, el gobierno  boliviano pidió explicaciones al gobierno peruano sin obtener satisfacción por parte del gobernante del Rimac, la crisis llega a su clímax cuando el 14 de mayo de 1860 el gobierno de Bolivia declara interrumpidas las relaciones entre ambos países, el gobierno peruano contestó con una serie de medidas que dificultaban el comercio por Arica, Bolivia de inmediato declara la interdicción absoluta y paralelamente da  las mayores facilidades de tráfico por el puerto de Cobija. Las hostilidades llegaban a tal extremo que muchos hablaban de guerra, sin embargo Bolivia ya no era la de Ballivián con los continuos conflictos intestinos se había debilitado militarmente y económicamente dejándola imposibilitada de actuar más enérgicamente.

El gobierno de Linares fue reemplazado por el gobierno del General Achá y en Perú  Castilla deja el poder al general San Román que fallece prontamente  remplazándolo  en definitiva el general   Juan Antonio Pezet; los  nuevos gobernante lograron establecer un clima de distensión en la relación entre ambos estado, no teniendo tiempo de enemistarse al entrar en escena del juego geopolítico el gobierno de Chile que hizo de elemento catalizador en mejorar las relaciones peruano bolivianas, este acercamiento derivó en el tratado de amistad que fue firmado entre el plenipotenciario boliviano en Lima don Juan de la Cruz Benavente y del Canciller peruano,  Juan Antonio Riveiro,  el tratado fue firmado en Lima el 5 de noviembre de 1863.  Este tratado puede considerarse  antecesor del tratado de Alianza Defensiva que se firmo entre  los gobiernos de Perú y Bolivia en 1873 y que fue un elemento detonante de la Guerra del Pacífico,  el espíritu de acercamiento de ambos gobierno esta señalado  en las siguientes frases contenidas en su texto “... quedan relegados a perpetuo olvido los agravios que se hayan inferido ambos países, declarándose satisfechos con las explicaciones recíprocas que se han dado los  plenipotenciarios a nombre de sus respectivos gobiernos”, en otra parte del texto del tratado dice: “... Cualquier ataque dirigido contra uno de los Estados, será mirado por el otro como un ataque un ataque dirigido contra él mismo  y se ayudaran para salvar su independencia”. Este pacto  marca el hito histórico entre  Bolivia y Perú ya que contiene la renuncia tácita  de las pretensiones anexionistas que habían permanecido latente en todos los gobiernos peruanos desde el momento del nacimiento  a la vida independiente de ambas naciones y por otro lado selló la pretensión de los gobiernos bolivianos de obtener la soberanía sobre el puerto de Arica.

Desde el primer gobierno  del Mariscal Castilla el Perú comienza una  política  de adquisiciones  militares destinadas a establecer una clara superioridad  militar en la región,  política que no sólo se preocupó de las adquisiciones bélicas sino de la tecnificación  del Ejército y la Marina, el potencial naval comienza a formarlo el Perú  con la adquisición de  la fragata “Mercedes”, los bergantines “Giuse” y “Gamarra”; las goletas “Peruana” y “Hector” y el transporte “Alayza”,  todas naves a vela; pero quizás la más notable fue la compra del “Rimac” el primer buque a vapor de la armada peruana. Los gobiernos que sucedieron a Castilla continuaron con esta política de potenciación militar, así se adquirieron  la fragata mixta “Amazonas”, la fragata “Apurimac” y las goletas “Tumbes” y “Loa”, por último están las importantes adquisiciones  de las fragatas “Unión”, “América” e “Independencia”, mención especial merece el monitor “Huascar”,  para apoyo a esta flota se construyeron instalaciones navales en varios puntos del litoral peruano, uno de estos fue las instalaciones en la Isla del Alacrán en la bahía de Arica. 

En la pequeña ínsula  llamada del Alacrán o de Guano, ubicada  frente al Morro de Arica, a 18º28’ de latitud Sur y 70º20’ de longitud Oeste, a 456 metros del continente con una superficie de 49.369 m2,  se construyó un fuerte que tenía emplazados 8 cañones de 15’, los que estaban sólidamente empotrados en 4 fortines,  el fuerte de la Isla  tenía dos partes claramente definidas  una desarrollada en la parte baja  y una de menores dimensiones en el pequeño montículo que posee. El fuerte principal contaba de una sección de muy sólida  construcción que se presume puede haber sido utilizada como dependencias de comandancia o como calabozo, era una construcción  sin adornos ni ventanas; la puerta de entrada es lo único que rompe la macices de la estructura, el techo de esta construcción es abovedado en cal y ladrillos, esta semi labrada en la roca nativa de la isla, formando un semi subterráneo poseía un especial sistema de ventilación a través de ductos de albañilería entre el techo y las paredes del recinto siendo muy bien disimulados  al observador exterior, no tenía mirillas ni ventanas, lo que reforzaría con mayor fuerza la teoría de que hubiese sido usado como calabozo,  hacia el noreste de la isla  se encuentra una primer línea de defensa que da dirección al fondeadero de la Bahía de Arica y a una playa que permitía un precario embarcadero, estas defensas estaban construida de cal y canto, como la mayor parte de las construcciones, un poco más arriba  en una segunda línea defensiva en un recinto oval  de gruesos murallones se encuentra el fortín que daba ángulo de  fuego a dos cañones empotrados  cubriendo  el nordeste de la isla, corrido más al oeste casi enfrentando la pequeña depresión que separa en dos el conjunto de construcciones militares casi   en el sector central de la fortaleza principal se empotraban otros dos cañones que cubrían el área noroeste de la isla, hacía el sur  se encontraban empotrados dos cañones en una construcción de mayor complejidad que las anteriores donde se encontraban las cuadras de dormitorio del personal de la guarnición y por último el fortín del montículo que da al oeste de la isla en este se ubicaban dos cañones  que orientaban sus bocas hacia el suroeste y oeste, cada cañón poseía en los murallones de protección  dos bóvedas cada uno para la munición esta estaban protegidas por puertas de correderas madera gruesa con guarniciones de metal, en la base del montículo hay una caverna que al parecer se utilizaba como “santa barbara” y armería tiene un pozo que aun no ha sido posible determinar su utilidad.

El 14 abril de 1864  el almirante español  Luis H. Pinzón jefe  de una “Expedición Científica” española, toma las islas Chincha a nombre del reino de España bajo la excusa de una reparación por un confuso incidente ocurrido  en la hacienda  “Talambo” de Chiclayo donde habían muerto unos colonos españoles, el archipiélago tomado pertenece al Departamento de Ica, situado frente a Pisco, la actitud  imperialista de los españoles provoca la solidaridad de las repúblicas ribereñas al océano Pacifico de Sudamérica, Ecuador y Chile, incorporándose también la república de Bolivia que en ese entonces sólo ejercía soberanía en el puerto de Cobija, en diciembre de ese año es reemplazado Pinzón por el Almirante José Manuel Pareja quien en su fuero interno traía el rencor de la humillación por la derrota sufrida por su padre  en la guerra de la independencia. El 27 de enero de 1865 el gobierno dirigido por el general Pezet acepta un humillante acuerdo impuesto por la fuerza por los españoles; este acuerdo fue llamado tratado “Vivanco Pareja”,  por haber sido firmado y negociado  por el general Manuel Ignacio Vivanco en representación del Perú y por  José Manuel Pareja por España, este tratado fue  absolutamente rechazado por el pueblo peruano y por las naciones americanas, significando la guerra entre España y la alianza de Chile, Perú, Bolivia y Ecuador.

La reacción  popular contra el tratado “Vivanco Pareja” fue tan fuerte en Perú que prácticamente no hubo ciudad importante en que no se elevaran duras protesta, el gobierno del general Pezet  queriendo ahogar la revolución que se le venia encima apresa al Mariscal Castilla, que en ese momento ostentaba el cargo de presidente del Senado y lideraba el rechazo al tratado, el congreso se negó a ratificarlo, Pezet  envía a Europa al exilio al Mariscal Castilla vía Oceanía, ante las circunstancias políticas que se presentaban el prefecto del Departamento de Arequipa coronel  Mariano Ignacio Prado se revelara  contra el gobierno del general Pezet poniéndose a la cabeza de la revolución, la que estalla el 28 de febrero de 1865 en la ciudad blanca, siendo eje de la fuerzas revolucionarias el batallón de línea “Ayacucho”;  el 5 de marzo se plega a la revolución  el Departamento de Moquegua con el regimiento “Legión” de guarnición en Tacna, a la cabeza del movimiento revolucionario en este Departamento estaba el capitán de navío Lizardo Montero Flores, quien recién regresaba del extranjero donde había estado cumpliendo comisión de servicios de su gobierno en Estados Unidos y Colombia.

En Tacna habían ocurrido  intentos de sublevación popular bastantes violentos,  uno de ello se había desatado un domingo de febrero de 1865 cuando al crepúsculo un grupo numeroso de exaltados irrumpe en la plaza al grito de ¡Viva el Perú!, ¡Abajo el gobierno tirano!, ¡Muera el tirano Pezet! , así una serie de consignas de rechazo alusivas al  tratado “Vivanco Pareja”, los revoltosos  dispersan a la banda de músicos que a esa hora  tocaba una retreta en la plaza, la policía y un piquete de caballería  trata de imponer el orden provocando  el desplazamiento de los sublevados  hacia el “callejón de las Mur” donde se atrincheran en las casas  y huertas que existían en el lugar, la refriega ya en la oscuridad de noche se haces muy cruenta,  es una lucha  con arma blanca, honda  y una que otra arma de fuego,  los revolucionarios  venden cara su  derrota dejando varios muertos por ambos bandos, años más tarde a este callejón se le denomino “Callejón del 65”;  el 9 de marzo se subleva la guarnición de Puno con el regimiento de Granaderos.

El gobierno central  de Lima reacciona enviando al sur una expedición de 3.000 hombres al mando del coronel Ríos, el 28 de marzo desembarcan las tropas de Pezet en el puerto de Arica, los revolucionarios se hacen fuerte  en improvisadas trincheras confeccionadas con sacos, canastos, toneles, cajones de madera,  ubicadas en la explanada  del pie del morro, en el muelle y en la estación del ferrocarril, el grueso de los sublevados se concentran en la pampa del Astillero y en el rancherío de Chinchorro,  la tropas de Montero no contaba con artillería para hacer frente al desembarco de las tropas gubernamentales, las instalaciones de la isla del Alacrán aun no concluían por lo  que su valor militar era nulo, los defensores de Arica solo disponían de su coraje  y armas de fuego como fusiles y revólveres y de arma blanca tales como cuchillas, machetes, espadas y lanzas. La lucha fue muy dura,  fue una refriega  principalmente cuerpo a cuerpo en el sector de la marina donde hubo importantes bajas, principalmente en el bando revolucionario; logrando desembarcar la totalidad de sus tropas el coronel Ríos organiza el ataque contra Montero que se encontraba en el sector del Chinchorro,  el lance entre las facciones en conflicto fue duro especialmente por las características de la lucha cuerpo a cuerpo, la áurea del triunfo estaba de lado de las tropas venidas desde Lima, por lo que la victoria favoreció a las tropas gobiernistas,  poniendo en fuga total y a la desbandada a las tropas revolucionarias comandadas por Montero que huye  prontamente a Tacna y de ahí  rumbo al interior. El triunfo  de las fuerzas de Pezet fue tan grande que casi logra terminar con  la sublevación sureña, sin embargo la causa que defendían tenía tan poco arraigo popular que cuando entraron las tropas de Ríos a la ciudad de Arica una vez concluidas las acciones, las mujeres que permanecieron en custodia de sus casas repudiaban a los soldados  invitándolos a sumarse a la revolución, las escenas de la ciudad de Tacna no variaron a la entrada pacifica de las tropas de Ríos, la población tacneña también los conminaba a sumarse a la revolución.

Entre los meses de junio y agosto de 1865 el coronel Prado concentra sus fuerzas de tierra en el Cuzco ya que  se encontraban dispersas en los diferentes puntos geográficos de la sublevación, por esos días se insurrecciona la fragata “Amazonas” surta en la bahía de Arica y la corbeta “Unión” que se encontraba en  Valparaíso, las naves revolucionarias capturan  a las fragata “América” y a la goleta “Tumbes” lo que le da el dominio del mar a los revolucionarios, en el norte del Perú el coronel  José Balta se pronuncia contra el gobierno de Pezet, el coronel Prado desciende desde Jauja al valle de Chincha Alto,  y el coronel Balta  se embarca en Huacho para arribar a Pisco y de ahí conjuncionar sus fuerzas  con las provenientes de Jauja al mando de Prado, al gobierno a esa altura de la revolución sólo le quedaba a su favor la guarnición de Lima,  el vicepresidente,  general Pedro Diez Canseco, se manifiesta contrario a Pezet  asumiendo  el gobierno, el 6 de noviembre de ese año después de una batalla en  la Portada de Guadalupe, en las afuera de Lima, cae definitivamente  el gobierno el general Pezet. El coronel Mariano Ignacio Prado asume el gobierno en forma dictatorial en 1866 nombrando como jefe de gabinete al liberal  José Gálvez quien sería uno de los héroes del bombardeo del 2 de Mayo de 1866,  acción de guerra de la escuadra española contra el puerto del Callao, este acontecimiento bélico fue el último del conflicto entre España y las cuatro naciones sudamericanas,  ribereñas al océano Pacifico.

El Mariscal Ramón Castilla llega al Perú desde Europa 7 mayo de 1866 donde había sido desterrado por el régimen de  Juan Antonio Pezet casi un año antes,  sin embargo  el mariscal es tomado prisionero por las nuevas autoridades que cabezada el coronel Prado, la actitud del dictador es por el temor que le causa el  fuerte liderazgo y prestigio moral del mariscal tarapaqueño y que en consecuencia terminara por separarlo del gobierno, el coronel Prado envía nuevamente al exilio al viejo caudillo, en esta oportunidad conoce el ostracismo  en  Chile, además Prado expatrió a otros posibles rivales que le disputaran el poder entre estos estaba el coronel José Balta, los exiliados políticos en Chile preparan una expedición revolucionaria contra Mariano Ignacio Prado, el gobierno chileno se ve en la obligación de internar en el interior del país al coronel Balta, dando muestras clara a Prado que no era interés del gobierno de Chile inmiscuirse en política interna del Perú, esta actitud chilena en contra del coronel Balta crea en la mente del militar peruano una animosidad en contra de Chile que la hizo sentir durante su gobierno.

El mariscal Ramón Castilla  proveniente  de Chile desembarca de incógnito en mayo de 1867 en el puerto de Pisagua, este puerto comenzaba a tomar auge debido a la explotación guanera y del cantón salitrero de Tarapacá,  el caudillo con sus fieles oficiales que le habían acompañado en el exilio y en tantas jornadas anteriores se interna  a su tierra natal Tarapacá, lugar donde lo esperaba el núcleo base para la organización de las fuerzas revolucionarias, desde este poblado enclavado  en el interior de la quebrada del mismo nombre, inicia lo que sería la marcha de su última revolución. En los últimos días de mayo los conjurados con un escuadrón de caballería emprenden la marcha sobre Arica, ciudad  en la que se ya su guarnición se encontraba sublevada contra el gobierno de Prado,  sólo se estaba a la espera de la llegada del viejo caudillo  para iniciar las actividades revolucionarias;  el mariscal al iniciar el cruce de la pampa de Dolores hasta el tambo de Zapiga presentaba fuertes dolores de cabeza y fiebre alta, que mantenía muy preocupado a sus más cercanos, se le atribuyeron estos síntomas a las tercianas que esporádicamente sufría como consecuencia del mal adquirido en las campañas de los valles costeros, en el tambo de Zapiga desmonta para reponerse de la fatiga de la larga jornada y de sus molestias, sus ayudantes hacen el intento de convencer al terco mariscal de detenerse en el lugar, pero Castilla haciendo gala de su inquebrantable voluntad monta de nuevo y da orden de continuar, al llegar al caserío de Teliviche  en la madrugada del 30 de Mayo, echó pie en tierra  dando el alto,  se lleva una mano al pecho manifestando un intenso dolor, agravado con síntomas de asfixia,  se acerca prontamente uno de los ayudante y algunos soldados de la escolta, les dice “ya no puedo más”, con  su mano  asidas a las riendas de su cabalgadura como queriendo que no se le escapara la vida casi como en una oración  murmulla: “Señor un mes más de vida habré hecho la felicidad de mi patria, no algunos días mas...” sierra los ojos para no despertar mas, muere como soldado de caballería, con las riendas de su corcel en mano.

Los restos del viejo caudillo fueron trasladados por el fiel escuadrón de caballería que le acompañaba al inicio de su última asonada revolucionaria,  transformándose en lo que sería su última gran escolta en el trayecto hasta el puerto de Arica, el cortejo cruzó la pampa de Camarones y la pampa de Chaca lo transporto como con el afecto y admiración que le tuvieron en vida. En la ciudad de Arica con honores  y con el desconsuelo de sus seguidores quedan sepultados los restos del estadista peruano en la Basílica de Arica,  su tumba casi oculta y sin más seña que una cruz, queda a la espera de mejor momento político del Perú para realizar sus funerales con las honras correspondientes a su elevado rango y al lugar que le cupo protagonizar en la historia de su patria. El Congreso del coronel Prado, en un gesto que le enaltece acuerda un acto de homenaje a Castilla, a pesar  de haber sido el jefe del bando revolucionario que pretendía derrocarlos del poder, el congreso da una ley que se promulgó el 25 de junio de 1867, la ley disponía que se  realizaran en Lima los funerales con los honores correspondientes y se levantara un mausoleo en el cementerio de esa capital, pero el ambiente político que vivía la república del Perú era muy complejo por lo que no fue posible dar cumplimiento de la mencionada Ley.

La inestabilidad política peruana endémica en el siglo XIX continuaba después de la muerte de Castilla siendo derrocado el coronel Prado, renunció el 7 de enero de 1868 embarcándose para Chile, queda a la cabeza del gobierno el vicepresidente, general Pedro Diez Canseco, quien dispuso por decreto el 4 de julio de 1868 el cumplimiento de la Ley dictada por el Congreso en junio de 1867. En cumplimiento del decreto de Diez Canseco sale una Escuadra de la Armada peruana para el puerto de Arica para cumplir con la misión de trasladar los restos del ex presidente del gobierno peruano, Gran Mariscal del Perú Ramón Castilla. El  15 de julio de 1868  tras un hermoso Te Deum los ariqueños despiden los restos del Mariscal, en las afueran de la Basílica le rinde honores el regimiento “Legión”, están presente todas las autoridades del Departamento, el Clero en pleno asiste a   las honras fúnebres, el triste tañer de las campanas de  San Juan de Dios,  de la Matriz, y de la Basílica, llevan el adiós de la acongojada población, al salir el féretro sobre los hombros de una compañía de  Granaderos la banda  de músicos del regimiento irrumpe con himnos marciales fúnebres que acompañan al viejo mariscal en su último  paso por las calles de Arica, en atribulado cortejo llegan hasta el muelle,  los restos de Castilla son embarcados en la fragata “América”, que tenia por base el puerto de Arica, de inmediato leva ancla y da rumbo al norte llegando al Callao el 19 de julio, en Lima el 23 de julio de 1868 con grandes honores y ceremonias se efectuaron las exequias del Gran Mariscal.




[1]  Mensaje del general José Ballivían presidente de la República de Bolivia a las Cámaras Constitucionales de Bolivia, reunidas en Congreso Extraordinario  en 1847.

[2] La liga anseática   fue una antigua confederación de varias ciudades alemanas para fines comerciales. Esta liga fue pactada  en 1241 por las tres ciudades alemanas Lubeck, Brema y Hamburgo, y llego comprender cerca de 80 más. Tenía por objeto proteger el comercio de las ciudades alemanas contra los piratas del mar Báltico y del Norte, y contra las usurpaciones de los príncipes vecinos. La liga anseática extendió  mucho su comercio y llegó a ser una entidad poderosa, poseedora de una flota, un ejército, un Tesoro y un gobierno particular. Monopolizaba el comercio del Báltico y tenía establecimiento en todo el norte de Europa su decadencia se produce durante el siglo XVI.

[3] El general Manuel Isidro Belzu  ya se había sublevado en junio de 1847 en contra de  Ballivían terminando por abandonar el poder  el héroe de Ingaví en los últimos días de 1847 después de la revolución del sur. Belzu gobernó Bolivia hasta 1855

[4] José Rufino Echenique,  asume como presidente constitucional del Perú en abril de 1851 sucediendo al Mariscal Ramón Castilla que terminaba  el periodo constitucional, el general Echenique es derrocado por el propio Mariscal el 5 de  enero de 1855 cuando lo derrota en la batalla de La Palma en las afuera de Lima.

[5] El puente ferroviario de Arica Tacna del río Lluta tomara gran significación ya que el tratado de Lima del 3  de junio de 1929 para resolver la cuestión de Tacna y Arica,  toma como referencia dicha  estructura para fijar la frontera entre las repúblicas de Chile y Perú, en su artículo segundo dice: “ El territorio de Tacna  y Arica será dividido en dos partes, Tacna para Perú  y Arica para Chile. La línea divisoria entre dichas dos partes y, en consecuencia, la frontera entre los territorios del Perú y de Chile, partirá de un punto de la costa que se denominará “Concordia”, distante diez kilómetros al norte del puente del Río Lluta, para seguir al oriente...”

[6] Erie  Vásquez B. / “Más allá del Río” Dic. 1990