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Capitulo XII

Estructura social de Arica y antesala de la guerra

 

·         Población, educación y empleo y la última tragedia del siglo

 

 

La ciudad de Arica en el censo de 1871 registró la cifra de 2.768 habitantes, más los pobladores de los valles precordilleranos y de los pueblos de la cordillera que sumaron 690 almas, dando un total para la provincia de 3.458 personas; demostrando con estas cifras el dramático descenso de la población por causa del terremoto de 1868 y de las epidemias  subsecuentes que asolaron la ciudad al año siguiente del evento sísmico, en el censo efectuado en  1874 la población había crecido solamente en 75 individuos, sin embargo con el  plan de reconstrucción impulsado por el gobierno peruano más el restablecimiento del flujo de mercancías hacia Bolivia  la población se fue recuperando  aumentando ya para 1876 a 3.449 habitantes en la ciudad, es decir que en dos años creció en casi en 900 individuos. Sin embargo fue notorio el descenso de la población de los pueblos del interior, muy posible como consecuencia de la muy tardía ayuda y reconstrucción de esas localidades, habría que consignar sin embargo que ya anterior al terremoto de 1868 con motivo del establecimiento del ferrocarril Arica- Tacna se había iniciado el despoblamiento del sector rural ariqueño, ya que este avance tecnológico en las condiciones de transportes de carga y pasajeros dejó toda esa área fuera del flujo más importante de las caravanas de trajineros que movían las mercancías  y viajeros desde y hacia Bolivia, lo que en definitiva significó que  muchos de sus habitantes emigraran a lugares de mayor prosperidad económica, registrándose los mayores flujo de estas emigraciones interiores hacia las ciudades de Arequipa, Tacna, Moquegua e incluso al mismo puerto de Arica, sin embargo este último lugar fue bastante menor en la opción de los emigrantes, una  razón poderosa para que ocurriera esto era el factor salud, los lugareños de los valles precordilleranos y de los pueblos de la cordillera casi en el 100% eran  de raza Aymará que ancestralmente habían vivido en las zonas alta, lo que les ha significado que presenten una natural debilidad en las defensas de sus organismos ante las enfermedades pulmonares en particular de la tuberculosis, estos emigrantes al afincarse en Arica eran duramente atacados por este mal  generando un alto número de fallecimientos a causa de ello.

La abolición de la esclavitud decretada por el mariscal Castilla significó que la mano de obra  esclava, que era muy barata, emigrara desde el valle de Azapa principalmente y del valle de Lluta a la ciudad donde esperaban encontrar mejores oportunidades de trabajo, las actividades laborales  principalmente escogidas por los libertos, eran las labores auxiliares portuarias y también  los trabajos auxiliares relacionadas con el trajín de las mercancías de tránsito a Bolivia, el vínculo con los marinos de las distintas latitudes y nacionalidades que llegaban a Arica era otro elemento que reportaba dividendos económicos a esta gente de raza negra, con “oficios” que con habilidad ejercían a través de la juerga, el juego, las peleas de gallos y las mujeres, lograban hacer pequeñas fortunas que en las más de la veces terminaban de la misma forma como las habían logrado, la mayoría de los ariqueños de antes de la chilenización  tenían en su ascendencia un alto componente “afro” en su sangre, así lo expresa claramente el subprefecto de esa época don Javier Francisco  Taboada en su Memorias de la Provincia de Arica año de 1874, donde dice “La raza fundamental es la negra y el idioma que se habla es el español, la etnia que le seguía en importancia por esos años eran los blancos principalmente de origen hispano ya aclimatados por más de dos siglos de presencia en la zona, el elemento indígena se ve disminuido en la ciudad y en los valles costeros como ya se ha dicho por ser mas débil a la tuberculosis principalmente y al endémico paludismo en segundo termino.

Por otro lado la falta de mano de obra en la agricultura generada como consecuencia de la abolición de la esclavitud fue remplazada en un comienzo por mano de obra china que prontamente a lo menos en los valles costeros de Arica fue remplazada nuevamente por muchos de los liberados afroamericanos que no se acomodaron a la realidad del trabajo en la ciudad, e incluso en más de una oportunidad por lazos afectivos con sus antiguos amos los hicieron retornar al trabajo agrícola y de servicio doméstico. Los trabajadores de origen chino se mostraron débiles a las enfermedades tropicales que se enseñoreaban en la zona, es por ello que por el año 1871 en la provincia de Arica sólo se registraron 35 habitantes de esa nacionalidad entre estos trabajadores aparecen apellidos del celeste imperio como Chong, Chang, Jong, Jang, Wong, Wang, etc.

Por esa época también llegaron emigrantes de origen europeos principalmente italiano, así aparecen en la zona apellidos como Rossi, Bardi,  Vicentini, Canepa, Focacci, Vicentello, Mansini, Lombardi, etc. en menor número franceses  y españoles, es novedoso ver que aparece un austríaco con apellido croata, Garafulic, por esos años los territorios de Croacia era parte del Imperio Austro Húngaro. Se registran inmigrantes de otras naciones europeas pero en menor número, entre esto hay  ingleses, suizos, portugueses, alemanes, etc. la población inmigrante de Europa y Estados Unidos no superaba el 8% de la población[1]”.

Los ariqueños de los años previos a la guerra de 1879 no se destacaron por su preocupación por la educación, este desinterés se ve reflejado en  la alta tasa de analfabetismo que se registra en los documentos oficiales peruanos de la época, el número de personas que no sabía leer  ni escribir llegaba  a 2.146 almas, es decir poco más de la mitad de la población de 1876;  los padres no mostraban mucho interés en enviar a sus hijos al  colegio, el ausentismo escolar era muy elevado,  por lo que las autoridades frecuentemente tenían que recurrir a instrumentos intimidatorios  que les otorgaba la ley para obligar a los padres a enviar al colegio a sus hijos,  muchas veces los padres de familia empleaban a sus  hijos en labores domesticas y por esta causa no los enviaban a la escuela, se aplicaron multas  a los infractores cuando caían en reincidencia. Las posibilidades de educación para los niños ariqueños por esa época no eran muy altas sólo funcionaba una escuela municipal de las dos que existían oficialmente y una escuela particular, estas  eran solamente de educación primaria, según datos municipales se registraban 5 preceptores para atender a los 225 alumnos de la ciudad, estos eran  100 varones, 95 niñas, más 30 alumnos no especificado su genero que corresponden a la clase de la escuela particular, para la educación media los jóvenes ariqueños tenían que concurrir a Tacna ó a Arequipa.[2] Una de las escuelas municipales que aparece registrada había perdido su local en  del terremoto de 1868, en consecuencia, por razones del presupuesto fiscal no se reabriría en el tiempo que quedaba de administración peruana en la provincia de Arica, el restablecimiento de una escuela para niñas y otra para niños sólo se efectuará ya avanzada la ocupación chilena de la provincia, siendo un especial interés de las nuevas autoridades la educación de la población, en 1876 en los valles interiores de Arica existían  escuelas primarias según la siguiente distribución[3]:

 

·        Azapa una municipal

·        Distrito de Belén una escuela municipal

·        Distrito de Putre una escuela para niños

·        Distrito de Livilcar dos escuelas municipales una en Humagata y la otra en la capital del Distrito

·        Distrito de Codpa dos escuelas municipales y una particular

 

La educación en Perú de 1876 y de lo que Arica no era ajeno, estaba dividida en tres niveles educativos según el Reglamento General de Instrucción Pública, que fue promulgado por el presidente don Manuel Pardo el 18 de marzo de 1876, estos niveles eran los siguientes: Instrucción  Primaría, Instrucción Media e Instrucción   Superior. En la provincia  de Arica solamente se impartía el nivel de Instrucción Primaria que según el Reglamento  de Instrucción Primaria de 1874  promulgado por el mismo Manuel Pardo y perfeccionado por el reglamento de 1876 en parte expresaba: “La Instrucción Primaria será dividida, con la finalidad de acomodarla a las variadas circunstancias y condiciones de las diversas realidades  territoriales, en tres grados, siendo los dos primeros gratuitos; para su sostenimiento y propagación para lo que se crearan fondos especiales. Al primer grado se le confiere el carácter de obligatorio para toda la población (de la república del Perú),  “penándose a los padres y patrones por su incumplimiento”,  Esta obligatoriedad se extenderá  a los cuarteles, cárceles y penitenciarías. La sucesión de los grados guardará en sí una estrecha relación que se expresará en una progresión armónica y de continua ampliación. Las escuelas primarias a su vez se dividirán en elementales y superiores; las segundas estarán destinadas a “perfeccionar los conocimientos adquiridos en las escuelas elementales”.

El gasto anual  en sueldos por escuela  en el año fiscal de 1.877 para el Departamento de Tacna (Arica era provincia de este departamento) era de 1.300 soles, un preceptor ganaba 8 soles diarios y el director ganaba 12 soles diarios, no se pagaba semana corrida es decir que solo se pagaba los días trabajados, por lo que un profesor ganaba  por 24 días al mes.

A pesar de la notoria deficiencia educacional de la provincia de Arica es dable resaltar la existencia de a lo menos  4 artistas dramáticos, un escultor, un músico y cuatro pintores retratista a pincel, según el registro  municipal de tributarios de impuestos, este antecedente  proporciona la valiosa información  que a lo menos en la ciudad existía  actividad en el ámbito del arte y la cultura.

La realidad  social de la población de la provincia con que se encontrarán las tropas chilenas al conquistar Arica, será  que un importante número de sus habitantes por la falta de educación no tenían posibilidades de salir del estado de explotación y sometimiento que sufrían por parte de la clase dominante de terratenientes y trajineros, integrada por  gente de origen hispano los que habían tenido la oportunidad de educarse en  Tacna, Arequipa o Lima e incluso más de alguno en el extranjero, esta clase dominante se entremezcló con los inmigrantes europeos que de por sí tenían una mayor educación y cultura empresarial que les permitía a poco de llegar tener pequeñas fortunas que acrecentaron con el tiempo.

 En el Arica de los años previos a la guerra se le consideraba blancos a toda persona, que, por color de la piel, conformación del rostro y constitución del cabello eran preponderantemente de ascendencia europea. Pero había muy pocos ariqueños de procedencia netamente europea, ya que en el transcurso del tiempo la mezcla racial también había llegado inclusive a las familias completamente de origen hispano hallándose componentes de sangre negra e india en al ceno de todas ellas, por mucho que los miembros de estas familias quisieran defenderse  contra la aceptación de semejante mezcla, esta gente que por su fortuna, por su influencia política o por talento ocupaba  una prominente situación social, no se les incluía ni siquiera en la categoría de mestizos, aun que tuviesen mas rasgos de negros o de indios que de europeos. Estos habitantes considerados de raza blanca  eran los que mayoritariamente  constituían los estratos mas altos de la sociedad de la provincia, “la clase alta”, que estaba constituía mayoritariamente por los descendientes de los altos funcionarios del Corregimiento de Arica, posterior Partido, y por los descendientes de la clase terrateniente de antiguos encomenderos, que para  la época analizada ya se habían integrado con la burguesía que  estaba formada por   comerciantes, trajineros y muchos empleados  extranjeros de las casas comerciales europeas y estadounidenses que operaban  en la zona, a esta clase se integraban también  la alta oficialidad militar que principalmente había participado en las guerras civiles de mediado de siglo XIX, que habían tenido como uno de sus escenarios más importante todo el territorio comprendido entre Arequipa y Tarapacá. La clase alta provinciana de Arica era integrada prácticamente por las mismas familias que componían el estrato social alto de Tacna, pues, ya desde el periodo colonial, las familias más pudientes del puerto habían establecido sus residencias principales en esa ciudad, por ser más favorable su clima ante las enfermedades que agobiaron en forma endémica a Arica, la constante amenaza de piratas y las invasiones de la guerra de la independencia  contribuyeron a este  fenómeno social, y por último no hay que despreciar que la estructura político administrativa del Virreinato en sus postrimerías  y posteriormente de la República favoreció más a Tacna que a Arica, por eso las vinculaciones familiares,  comerciales y patrimoniales era prácticamente la misma para ambas ciudades, esta clase social ariqueña produjo  destacados talentos en la vida republicana del Perú, entre los que podemos señalar a don Guillermo E. Billinghurst, nacido en Arica el 27 de julio  de 1851, nieto de inglés, en 1912 es Alcalde de Lima, llega a la presidencia de la república del Perú. Otro destacado  ariqueño fue don Rómulo Cuneo Vidal nacido en Arica el 24 de junio de 1856 historiador y publicista, entre varias obras se puede mencionar “Historia de las  Insurrecciones de Tacna por la Independencia”, “Vida  de Francisco Pizarro”, “Diccionario Histórico, Biográfico y Descriptivo de Tacna, Arica y Tarapacá”; “Historia de la ciudad San Marcos de Arica”; etc.

La “clase media” de Arica  quizás  un poco más numerosa  proporcionalmente que en otras partes del Perú, pero no lo suficientemente grande como para llegar a ser  gravitante, estaba integrada fundamentalmente por los funcionarios públicos  de los distintos servicios  como Prefectura, Aduana, Correos, Ferrocarriles, Puerto,  etc.; la oficialidad militar de baja graduación era otra parte importante de este rango social, se integraban a este estrato social de clase media  los profesionales  que desempeñaban actividades liberales como abogados, notarios, contadores, etc. estos profesionales para poder ser considerados en  las clases  alta debían  tener cierto prestigio social y haber alcanzado un prestigio profesional, existía una suerte de subdivisión de la clase que media integrada por  los empleados de menor rango, como dependientes de tiendas, despachadores y de artesanos especializados, la clase media era menos permanente por la facilidad con que  los del rango superior de este estrato podían ser aceptado o integrarse a las familias de mayor prestigio, en particular si  era acompañado de una abundante fortuna y de rasgos raciales europeos.

La “clase baja” y más numerosa era integrada fundamentalmente en Arica por la gente de raza negra o mestizos de esta etnia, los que mayormente eran discriminados  por su condición racial y social; se les estigmatizaba por ser parte de los grupos recién liberados de la esclavitud, en segundo orden  estaban los indios y mestizos de estos que no mejoraron  su condición a pesar de leyes que fueron dictadas a su favor por los gobiernos de corte liberal que  tuvo el Perú durante el siglo XIX y por último en el estrato más bajo estaban los chinos que a pesar de no existir la esclavitud, los contratos de enganche eran de corte muy inhumanos que  los tenían prácticamente en el ámbito de esclavos, muchos de estos trabajadores chinos al terminar el contrato que los mantenía ligados a sus patrones  y que en cierta forma ayudó a respetar el termino de la relación  laboral el  convenio firmado entre el gobierno peruano y el gobierno chino en Tientsin el 26 de junio  de 1874, esta personas de raza China se dedicaron al comercio en especial de menestras y  al oficio de panaderos, pero no logran integrarse a la sociedad ariqueña prácticamente hasta comienzos del siglo XX.

En lo laboral las actividades con mayor número de personas ocupadas eran la agricultura y las labores relacionas  con el trajín, según las nomina de tributarios de impuestos municipales para el año 1877. Se registran como propietarios agricultores de la provincia 152 contribuyentes; distribuidos de la siguiente forma: En Azapa 73 distribuidos en las localidades de Pago de Gómez, Azapa Grande, San Miguel, las Maitas, Cabuza, Sobraya, Humagata, Livilcar no se consignan nombres de estos agricultores ni el número de ellos en la distintas localidades del valle, para el valle de Chaca se asignan 8 agricultores propietarios, en el valle de  en Lluta  31, en Codpa 17, en Belén 14, en Socoroma 9, no se ha encontrado otra referencia que indique cuanto impuesto debían pagar, tamaño de los predios o haciendas, monto a que alcanzaban los impuestos, no hay referencia de cuanta gente laboraba con ellos, etc.  del valle de Camarones no hemos encontrado referencia alguna en la nomina. Las contribuciones de la provincia de Arica para el año fiscal de 1.877 sin contar las producidas por la Aduana era la siguiente: Contribución urbana 825 soles, contribución rústica 3.425 soles, contribución Industrial 452 soles, contribución eclesiástica 76 soles, todo esto daba un total anual de 4.778 soles.

Los gastos de la Administración pública para el Departamento para el año fiscal de 1877 era el siguiente: Sueldo del Prefecto, subprefectos, empleados y gastos de oficinas de esta repartición 16.783 soles;  Justicia: Vocales, jueces de primera instancia, empleados y gastos de justicia 36.554 soles, Caja fiscal 8.150 soles, Aduana de Arica y dependencias 59.450 soles, Correos 9.500 soles, Policía 129.424 soles, Beneficencia 8.620 soles, Un colegio para hombres 11.200 soles, un colegio para mujeres 2.000 soles,  veintiuna escuela para hombres 12.600 soles y siete escuelas para mujeres 4.200 soles daba un total del gasto fiscal de 298.486 soles al año. El  año 1876 entraron al puerto 650 barcos, entre vapores y  veleros, ingresando un porte de 629.904 toneladas, y salieron 630.727 toneladas;  la Aduana produjo el año fiscal de 1874  $ 1.084.686 soles,  los principales productos registrados fueron:  géneros de algodón y de lana, fierros, rieles, muebles, ropas, manteca, víveres,  vino y droga (fármacos), de exportación lo principal fue plata piña y sellada, lana de alpaca, y cascarilla (¿?).

La otra actividad económica de mayor importancia como era el trajín, estaba disgregada en una variedad de oficio, el registro de Arica aparece anotados: 3 Arrieros, 18 cargadores, 2 carreteros, 23 fleteros, 12 lancheros, 202 marineros, 10 marinos,  29 pulperos,  3 telegrafistas, 1 agente mercantil, es indudable que el número de personas dedicada a estos menesteres debe haber sido bastante mayor, la informalidad en los registros oficiales es más que obvia, el Perú hasta nuestros días se caracteriza por tener una fuerte economía informal que no se enmarca en los parámetros institucionales del Estado, esta situaciones no es mas que afirmar que en el siglo XIX la informalidad de la economía peruana debería ser mayor.

En menor rango aparecen registrados oficios como pescadores, adoberos, albañiles, canteros, manufactureros, jornaleros,  estos en un número elevado llegando a 204  registrados,  el alto número es  debido  a la fuerte inversión fiscal que se desarrollo en el periodo, también aparecen registrados panaderos, carniceros, comerciantes, dependientes de tiendas, las otras actividades desarrollada por los ariqueños y que están registradas eran: 1 abogado,  1  agente judicial, 11 cocineros, 17 costureras, 24 domésticos, 1 dulcero, 9 fonderos, 2 hoteleros, 20 lavanderas, 1 aplanchadoras, 2 médicos, 28  militares, 1 peluquero, 18 sastres, 2 sombrereros, 14 talabarteros, 14 zapateros[4].

Arica  en 1877 comenzaba  a acercarse al desarrollo que había logrado antes del terremoto de 1868,   e incluso en muchos aspectos de su equipamiento urbano superaba la anterior situación, pero el destino le tenía deparada otra prueba a los golpeados ariqueños, y este sería la tercera tragedia que tendrían que vivir en la última mitad del siglo XIX.

Con la normalidad habitual transcurría mayo de 1877 en el puerto de Arica, las mercaderías en tránsito escurrían desde y hacia Bolivia con mucha más fluidez que los meses anteriores, al haber terminado ya el periodo de las lluvias estíbales que afectan la cordillera y que más de las veces hacían intransitables los caminos de herradura que usaban las caravanas de trajineros  para llegar a destino; el acontecer político con sus tensiones de inestabilidad  que caracterizaba a la república del Perú, se había centrado en Lima más que en las provincias, por lo tanto el factor político era más marginal en la vida cotidiana de los habitantes de Arica, el 9 de mayo de 1877 había transcurrido como un día normal, algo frío en la mañana, pero agradable al medio día, el mar presentaba una marejada en retirada  que había azotado  al litoral en los últimos tres días, fenómeno natural para esta época del año, a las 5 de la tarde se comienza a cerrar el cielo con nubes, sin llamar la atención de los ariqueños que saben  que los cielos de la proximidad del invierno se cubren de nubes al atardecer para solo dejar paso a astro rey al  día siguiente al medio día, la noche se dejaba caer fría y oscura ante la ausencia de la luna, como presagiando lo que habría de venir, cerca de las 20 horas de ese día comenzó un rumor vago, sordo y lejano difícil de determinar su procedencia, sin embargo en la memoria de la gran mayoría de la población ariqueña era una señal conocida que había quedado marcada con fuego en las mentes el fatídico 13 de agosto de 1868, era el terremoto que de nuevo llegaba a la castigada tierra del Morro, el rumor se hizo segundo a segundo más cercano, más intenso. La tierra comenzó a temblar ligeramente, hasta que se siente una fuerte sacudida oscilante que hacia difícil mantenerse en pie y dar pasos, se desatan las fuerzas del terremoto en la oscuridad más absoluta, los desesperados habitantes del puerto tratan de buscar refugio saliendo  a la calle, las puertas y ventanas de los edificios se abrían como si una mano maníaca se hubiese puesto de acuerdo para repetir el fenómeno en todos lo edificios; el estruendo de los derrumbes; los gritos de desesperación  de los pobladores; el aíre enrarecido por el polvo de los edificios al derrumbarse y de la nube de polvo que desde el morro se desprendía al igual que en el sismo de 1868, configuraban una atmósfera apocalíptica.

La duración del evento telúrico se calcula en unos seis largos minutos, por las calles se sentía el correr de unos y otros llamando a sus seres queridos, se escuchaba los gritos de auxilio por doquier implorando misericordia. Cuando parecía que la calma volvía a la atribulada ciudad una nueva amenaza comenzó a mostrarse lentamente a los sobrevivientes, pequeñas lucecillas comenzaban  a destacar en medio de la oscuridad dando la impresión  de un malévolo desfile de duendes, poco a poco estas luces se fueron haciendo de mayor tamaño e intensidad, eran incendios que con furia comenzaban a desatarse, producto de las velas y lámpara a gas que estaban encendidas al momento de iniciarse el terremoto, pronto  los resplandores de las llamas iluminaban la destruida ciudad, mostrando el pavor en cientos de rostros de la muchedumbre estupefacta, sobrecogida y aterrorizada que hormigueaba buscando  auxilio, el grito desgarrador de los que habían quedado atrapados sobre los escombros hacia más inorgánico cualquier intento por organizar el socorro de las víctimas, de la Capitanía  de Puerto se logro instalar una bomba a vapor que impulsaba agua del mar hacia la ciudad por medio de mangueras de incendio de buques, esto mitigó en algo al amenazaste fuego que pretendía engullir  sin compasión los edificios de la ciudad, habían transcurridos algunos minutos desde que los habitantes lograban en algo organizar los auxilios cuando casi sin aviso un segundo sacudón de tierra se hizo sentir, seguido de un tercero igual o superior al anterior.

El mar comenzó a retirarse de la costa, abandonando su lecho normal, por instinto o por la experiencia del terremoto de 1868 la población empezó a refugiarse en las partes altas de al ciudad, pasado unos quince minutos del último temblor el mar vuelve con un rumor sordo y amenazante que sólo permitía presentir en medio de la oscuridad que volvería a arrasar la ciudad, la fuerza de las olas chocó con ímpetu en las  gradas de la recientemente inaugurada iglesia San Marcos,  para empujar con fuerzas en una mezcla de agua lodo arena y escombros hacia el norte, el mar inundo la ciudad hasta las cinco esquinas, cuando parecía retirarse  una segunda ola lo inunda todo con mayor fuerza al encontrar menos obstáculos que la primera.

La población permaneció en vigilia toda la noche sin abandonar las partes altas de la ciudad  por temor a una nueva arremetida del mar; cada cierto tiempo se hacían sentir nuevos temblores  de menor intensidad a medida que pasaban las horas. Al llegar las primeras luces del día se pudo apreciar la magnitud de la tragedia que nuevamente la ciudad había sufrido, esta había sido arrasada,  sin embargo los edificios públicos como la Aduana el Telégrafo, en parte la casa del Subprefecto soportaron los embates de la naturalezas el hospital resistió en muy buena forma, el cuartel de policía y la cárcel habían sufrido algún deterioro que fueron prontamente reparados, el terraplén  que  formaban  el patio de  maniobras del ferrocarril nuevamente fue  destruido por el mar, la estación del ferrocarril resistió perfectamente  el sismo como los embates de Tsunami destruyeron por  segunda vez el muelle de pasajeros y de carga,  con perplejidad los  atribulados habitantes de Arica vieron como  el viejo “Wateree”, veterano del Tsunami de 1868 nuevamente  había navegado sobre la correntada de un  maremoto para quedar varado a unos dos kilómetros, de su encayamiento anterior, lugar definitivo, donde a principios del siglo XXI sus calderas se niegan a desaparecer, demostrando la lucha de aquellos que nunca se vencen ante la  adversidad.

El Terremoto de 1877 afectó con mayor intensidad las costas de Tarapacá y Antofagasta, donde hizo desaparecer en forma definitiva el puerto de Cobija, dejando sólo las huellas de los cimientos donde antes existieron edificios, Iquique fue destruido por el Tsunami casi en  40 %, algo similar ocurrió en Tocopilla y Antofagasta, Pisagua fue otro de los puertos muy afectado por el fenómeno que desato las iras de la naturaleza, Arica quizás se vio favorecida por lo nuevo de la mayor parte de sus edificios más importantes, no se  han obtenido cifras  confiables del número de víctimas que dejó el terremoto, los ariqueños temían una nueva oleada de plagas, sin embargo la fatídica laguna formada en los bajos del Chinchorro en esta oportunidad fue bastante menor y tampoco hubo explosión de cólera, dando un poco de alivio a la castigada población ariqueña.

 

·         La crisis económica el inicio del conflicto internacional

 

La reconstrucción de la ciudad  se hace más lenta en este segundo  desastre,  el gobierno peruano en 1877  cruzaba por la peor crisis económica del siglo, los malos manejos de la Hacienda fiscal lo habían llevado al descalabro económico, el contrato Dreyfus ya no proporciona las divisas   que otrora  dio, por el contrario la casa comercial francesa ahora reclamaba  del Estado peruano  importantes sumas de dinero que le habían sido adelantadas en años fiscales anteriores,  el ilusionismo de la prosperidad lograda con el contrato Dreyfus se deshacía como pompa de jabón, el crédito peruano en Europa  y Estados Unidos estaba totalmente cerrado, el estanco del Salitre que implemento el gobierno peruano fue un fracaso, generando el resentimiento de la clase empresarial peruana vinculada al negocio salitrero y el de los inversionistas chilenos e ingleses que explotaban los Cantones salitreros de Tarapacá,  este cuadro económico llevó a la otrora prospera república prácticamente a la bancarrota.

La crisis económica en Arica se hizo sentir en variadas formas, uno de su efecto fue la tensión en las relaciones comerciales entre Bolivia y Perú por el no reembolso de los derechos aduaneros cobrados en la Aduana de Arica por el gobierno peruano, este, tenía el compromiso de  entregar un porcentaje de lo recaudado al gobierno de Bolivia conforme al tratado que existía entre ambas naciones después de la crisis  del “libre tránsito” causada por el contrabando. El déficit de las arcas fiscales del Perú se dejo notar también en la calidad de las otrora suntuosas construcciones fiscales, dejando sus huellas en la reconstrucción de los edificios públicos de Arica, un ejemplo claro de estas circunstancias fue la casa del Subprefectura de Arica que al reconstruirla después del terremoto de 1877 en sus muros se utilizó piedra de río y desecho de ladrillos, a diferencia de los otros edificios del complejo cívico que usaron ladrillos traídos desde Francia y que llevaban impreso el sello de “G. EIFFEL ET  CIE   /PARIS”, la visión que presentaba Arica  a los ojos del visitante en los años inmediatos a los terremotos esta claramente expresada en el relato del viajero Albert Davin, teniente de la marina francesa, que por esos años recorrió el océano Pacífico  entre Tierra del Fuego y las Islas de Hawai, pasando por las costas de Chile y Perú además de recorrer la Polinesia, en parte del relato Davin dice de Arica: “Es imposible imaginar un paraje más desolado, un paisaje triste, que el valle de Azapa, al borde del cual el pueblo de Arica congrega sus casas grisáceas. En el valle cabalgan fantásticos  promontorios, cabezas arenosas entre las cuales algunos toques verduscos simulan pequeños oasis. Sin embargo, aquí, como en el teatro,  hay que contentarse con el efecto lejano: olivos de follaje opaco y matas de boj dispersas forman bosquecillos de verdor al proyectarse unos contra otros.

Arica está edificada sobre un centro de actividad volcánica, y muchos desastres sucesivos han determinado el régimen de construcción de las casas. De muy poca altura, éstas parecen aun más empequeñecidas bajo un peñón de 400 pies de altura, el Morro,  que se alza al sur de la ciudad. Siete u ocho  calles  perpendiculares –mucha de las cuales no tienen nombre (¿quien tiene la certeza de que mañana no estarán en ruinas?)-  atraviesan Arica de parte a parte; orilladas por casas rojizas o azules, están empedradas con guijarros redondos, según la costumbre española. Las terribles lecciones  infligidas  a los habitantes por los terremotos  han dado sus frutos: de tarde en tarde, espacios vacíos permiten a la población acampar en caso de un nuevo cataclismo. Cuando la tierra comienza a estremecerse, todos se precipitan fuera de sus moradas y aguardan, golpeándose el pecho, esperando  lo que el destino les reserva.”

En otra de sus parte Davin agrega: “Antaño la ciudad era más importante, a juzgar por las ruinas dispersas por la planicie. El nuevo pueblo no proporcionará sino un alimento mediocre al próximo terremoto. Aún  no han osado los habitantes reconstruir la ciudad sobre sus antiguos cimientos; sin embargo, la audacia no tardará en reaparecer: la gente se acostumbra a todo, incluso a la amenaza perpetua de una destrucción total”. Hasta aquí  el relato del teniente Davin.

La llegada de 1878 no trajo respiro económico al Perú, con esto vino  la complicación de la situación de sus relaciones exteriores que cada vez se dificultaba más, haciendo aparecer en el horizonte los nubarrones de la guerra.

Para entender el inicio del conflicto internacional que derivaría en la guerra de 1879, nos remitiremos  a la Ley firmada por el presidente peruano Manuel Pardo  el 13 de enero de 1873, en que establecía el estanco del  nitrato tarapaqueño; esta medida casi desesperada de las autoridades peruanas pretendía volver a la antigua bonanza generada por las ventas  del guano, buscando en el salitre una nueva fuente de ingreso fiscal que le permitiera superar la crisis de la economía. Para establecer el estanco salitrero por medio de la Ley se dejó  la producción limitada a 4.500.000 qq. españoles  y se autorizaba al gobierno para comprar esa producción a un precio fijo de 2.45 soles el quintal. De esta forma, Pardo pretendía  eliminar el conflicto de interés que existía entre el guano peruano de propiedad fiscal, (comprometido  con el contrato Dreyfu) y el Salitre Tarapaqueño en manos de particulares que hacia competir en los mercados internacionales al Perú contra el Perú.  El proyecto del estanco salitrero consideraba  revenderlo  a aquellos que desearan exportarlo,  con un recargo de 2 chelines y 6 peniques por quintal. Para las oficinas de explotación salitrera situadas en las cercanías del litoral el costo de fletes resultaba soportable;  pero muchas de las ubicadas al interior del desierto no pudieron absorber dicho costo, causando esta dificultad el cierre de varias de ellas, como asimismo las oficinas que explotaban yacimientos de baja ley tuvieron que cerrar  al no poder absorber los costos que significó el establecimiento del Estanco; con el fin de aumentar las utilidades los salitreros decidieron  incrementar la producción, lo que prontamente excedió la demanda haciendo caer el precio en los mercados internacionales en un 25%. A causa  de la crisis del precio del salitre en 1875 el gobierno peruano es autorizado para establecer el monopolio  fiscal del nitrato.

De esta forma los esfuerzos del gobierno peruano por manejar el negocio del salitre se estrellaban duramente  con el negocio privado del fertilizante, que principalmente manejaban los capitales chilenos e ingleses tanto en Tarapacá como en Antofagasta,  y que tenía su  sede  en Valparaíso, la competencia  cada vez más fuerte de la “Compañía de Salitres de Antofagasta”, hacia más difícil al gobierno peruano pretender el control internacional del comercio salitrero. En la desesperación  financiera de la Hacienda fiscal peruana sus gobernantes veían  como una única posibilidad de éxitos en sus planes el aniquilamiento de la firma anglo-chilena, además del sometimiento de los inversionistas al diseño de control comercial que pretendían. Para ello comenzó a promover un entendimiento con el gobierno boliviano con el fin de que pusiese termino a los privilegios que poseían las empresas chilenas de la región de Antofagasta, que eran otorgados conforme a los tratados Chileno-Bolivianos de 1866 y 1874.

Los continuos roces entre la república de Chile y la república de Bolivia por la definición fronteriza del desierto de Atacama, sirvieron al presidente peruano Manuel Pardo de pretexto de primer orden para atraer a los gobernantes bolivianos a favor de una alianza entre ambos países,  así  se firma un tratado secreto de alianza entre Perú y Bolivia el 6 de febrero de 1873, en representación de Bolivia firmó el señor Juan de la Cruz  Benavente y por parte del Perú firmó el señor José de la Riva Agüero, las consecuencias directas de este tratado fue que Bolivia quedó  impedida en los hechos de  poder negociar directamente con Chile y de esta manera resolver las cuestiones pendientes entre ambos países, esta dificultad se generó especialmente por lo dispuesto en el articulo VIII del  tratado secreto en cuestión. El segundo paso del gobierno peruano en el plan para logra dominar el negocio internacional del guano y del salitre consistía en alcanzar prontamente una suerte de tutela sobre el salitre atacameño, para ello, los dirigentes peruano consideraban más débiles a las autoridades bolivianas y a sus empresarios, que al fuerte rival que representaban los empresarios chilenos y el Estado de este país mucho más organizado y evolucionado en su vida republicana que sus vecinos.  Para lograr el alejamiento chileno de la industria salitrera atacameña era necesario  genera un conflicto armado entre Bolivia y Chile, lo antes posible, con este objeto el gobierno boliviano debía  denunciar el tratado de 1866,  retrotrayendo todas sus demandas a las reivindicaciones anteriores a la fecha de la firma de ese tratado y de inmediato debería proceder a la ocupación de los territorios al sur del paralelo 24, con lo que necesariamente provocaría la reacción del gobierno chileno obligándolo a declarar la guerra y de esta forma se pretendía  hacer aparecer a Chile como país agresor, lo que provocaría el embargo de material de guerra su contra, al ser considerado como país agresor. Esta estrategia requería que se ejecutara con la mayor celeridad  posible para evitar que Chile pudiese retirar los dos blindados que había  encargado construir en los astilleros “Hall” en Inglaterra, dejando  al país del sur de este modo  en desventaja para realizar una operación militar con probabilidades éxito sobre el desierto de Atacama.

 Los gobernantes peruanos pensaban que de este modo podrían hacer efectivo lo establecido en el tratado secreto firmado con Bolivia,  intentando una mediación entre ambas naciones en conflicto, pero con la presión de los cañones de la Armada peruana, que por entonces  mantenía cierta  superioridad naval en esta zona del océano Pacífico, el plan era sin perjuicio de logra una alianza con Argentina que para la estrategia global era un “plus”.

Por otra parte a los gobernantes bolivianos les atraía la estrategia peruana, pues, estaban consientes de la extrema debilidad militar y económica en que se había sumido esa república altiplánica a causa de   la endémica anarquía que reinó en ese país después de los gloriosos días de los  gobiernos del Mariscal Santa Cruz y del general Ballivián. Al adscribir a los planes peruanos los gobernantes bolivianos pretendían frenar la expansión chilena en la zona del desierto de Atacama que cada día era más poderosa a través de sus empresas, mano de obra y capitales, transformado en un núcleo de riquezas minerales, como el  guano, el salitre, la plata, etc. un territorio desértico y casi abandonado  hasta antes de las explotaciones mineras hecha por los chilenos. Según el censo del 10 de noviembre de 1878, la circunscripción municipal de Antofagasta que comprendía: Antofagasta, Salar del Carmen, Mantos Blancos, Punta Negra,  Salinas y Carmen Alto; tenía una población de 8.507 habitantes, de los cuales  6.544 eran chilenos; 1.226 bolivianos, y el resto de otras nacionalidades.

Los planes de los aliados se vieron frustrados principalmente por la  lenta actitud política de los bolivianos, lo que permitió que el gobierno chileno ordenase acelerar la construcción de dos blindados en astilleros ingleses, el gobierno chileno da ordenes para que el blindado “Cochranne”  saliese de los astilleros W.G. Armstrong, tan pronto estuviese su artillería lista, sin aguardar  la colocación del forro de zinc y madera recomendado por el ingeniero y constructor naval George Rendel; dejando para posterior los detalles no esenciales para el combate. En octubre de 1875,  el canciller peruano José de la Riva Agüero, enrostraba en comunicación escrita al gobierno boliviano  entre otras consideraciones les decía lo siguiente: “...dos años perdidos en discusiones estériles...”, mas adelante: “...Reforzada como se halla la marina chilena por el blindado que acaba de sacar de los astilleros ingleses y que a la fecha camina hacia el Pacífico será más difícil  evitar el posicionamiento de esa república del litoral boliviano...”.

En 1878 gobernaba  el Perú el general Mariano Ignacio Prado quien había asumido el gobierno el 2 de agosto de 1876 y  el general  Hilarión Daza hacía lo propio en Bolivia, este último se había hecho del poder también en 1876 cuando derrocó al presidentes  Tomás Frías de quien había sido ministro de  Guerra. El general Daza en un error de apreciación e incentivado por políticos peruano de tendencia civilista liderados por el ex presidente de esa nación Manuel Pardo entre otros los señores, Canevaro, José Riva Agüero, José Antonio Lavalle, Manuel Irigoyen, estimó como un signo de debilidad la política evasiva mantenida por el presidente chileno don Aníbal Pinto Garmendia con relación a los temas del cumplimiento de los tratados entre ambas naciones y del hostigamiento que sufrían los chilenos en territorio de Bolivia, el presidente chileno hacia todo lo posible por evitar un conflicto armado, de esta manera creyó el gobernante boliviano que Chile temía una guerra con una triple alianza entre Perú, Bolivia y Argentina. Este error de apreciación lo llevó  a extremar las medidas destinadas al hostigamiento de los chilenos que habitaban Antofagasta y a sus  empresas con el fin de  desmotivar la presencia chilena en esa zona, bajo este prisma ordenó también tomar medidas para recuperar las salitreras para el fisco boliviano, el general Daza  en comunicación al prefecto de Antofagasta señor Severino Zapata le señalaba: “Tengo una buena noticia que decirle. He fregado a los gringos, decretando la reivindicación de las salitreras y no podrán quitárnosla por más que esfuerce el mundo entero. Espero que Chile no intervendrá en este asunto; pero sinos declaran la guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien exigiremos el cumplimiento del tratado secreto. Con este objeto voy a mandar a Lima a Serapio Reyes Ortiz”, nota enviada el 1º de febrero de 1879.

El presidente boliviano decidió romper el tratado de 1874 suscrito con Chile, y para ello  el 1º de febrero de 1879  dicta  un decreto firmado por él y todos sus ministros, declarando caducadas las concesiones de la “Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta”, el 6 de febrero se notificó a la Compañía y al representante de Chile en La Paz. En la notificación a la Compañía anglo-chilena  se hacia  cobranza de los supuestos derechos adeudados conforme a la ley del 14 de febrero de 1878 en que grababa el quintal  español de salitre en 10 centavos,  el día 11 de febrero se trabó embargo en los bienes de la Compañía por la suma de $ 20.848, 13 pesos bolivianos, además se ordenó conducir a la cárcel  pública al gerente de la empresa señor Jorge Hicks y se fijo  remate para el día  14 de febrero de 1879 de todo lo embargado es decir de las oficinas y todos sus bienes.

La reacción del gobierno chileno  fue la de ocupar militarmente el territorio comprendido entre el paralelo 23 y 24, reinvidicándolo a la soberanía chilena, por haber sido denunciado por parte del gobierno boliviano en los hechos el tratado de 1874 y en consecuencia el tratado de 1866 firmado entre los gobiernos de Chile y Bolivia. Chile reivindicaba los derechos anteriores a 1866, por lo que el gobierno ordenó la ocupación  de Antofagasta, la que se hizo efectiva el mismo día 14 de febrero de 1879,  cinco días después del desembarco el primer gobernador chileno de Antofagasta señor Nicanor Zenteno telegrafiaba al gobierno de Chile diciendo: “Todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, de mar a cordillera, ha sido ocupado en nombre de la República”; Bolivia declara la guerra a Chile el 1º de marzo de 1879.

Por su parte la reacción del presidente peruano Mariano Ignacio Prado fue  la de buscar la mediación, a pesar de las fuertes presiones de los civilistas (Partido político) que por esa fecha no contaban con el fuerte liderazgo de don Manuel Pardo quien había sido asesinado el 16 de noviembre de 1878 en las puertas del parlamento en Lima,  el presidente Prado cede a la presión de los belicistas y decide hacer efectiva las cláusulas del tratado secreto firmado entre Perú y Bolivia en 1873; lo que determinó que el gobierno chileno declarara la guerra a la República del Perú el día 5 de abril de 1879.




[1] Silvia Zolessi y Luis Salgado / Revista Norte Grande, Editorial U. Católica, 1978-79

[2] Luis Benjamín Cisneros “Memoria y guía de Instrucción Primaria para el año de 1875”/ Lima 1876.

[3] Silvia Zolessi y Luis Salgado/Idem.

[4]  Silvia Zolessi y Luis Salgado/Idem.