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Capitulo II

Visita de un Obispo y la  revolución en el  interior del Partido de Arica

 

 

·         Visita Pastoral

 

1814, será un año de grandes acontecimientos, San Marcos de Arica vivirá momentos de tensión revolucionaria como momentos de  grandes muestras de devoción religiosa, lentamente se sigue con la reconstrucción  de la ciudad, el convento de San Francisco,  el convento de la Merced, la basílica de San Marcos muestran un mejoramiento importante de sus vetustas estructuras de cal y canto, el esfuerzo de los fieles por la reconstrucción dan muestra que la vicaria de Arica tenía una grey  de mucha devoción religiosa, es así como la comunidad se apresta a recibir como un gran acontecimiento la visita del Obispo de la diócesis de Arequipa, Monseñor Luis Gonzaga De La Encina y Perla.

Por esos años Arica era provincia de la Diócesis de Arequipa, la provincia diocesana la componían la Vicaría de Arica y las doctrinas de Codpa y de Belén, la comunidad de toda la provincia diocesana organiza la recepción, los preparativos se efectúan con dedicación y meticulosidad para tan importante acontecimiento, muchos feligreses ven en la visita pastoral del Obispo una señal del Creador a sus atribulados hijos ariqueños en el sentido de poner  las cosas en orden después de las desgracias vividas a causa del terremoto de 1810, como también una señal para la vuelta a la tranquilidad que se ha ido perdiendo a causa de los conatos revolucionarios vividos en el último tiempo.

El cabildo determinó designar una delegación de notables para que recibiera  al Obispo De La Encina en el vado de Chacalluta en el estuario del río Lluta. El Obispo arequipeño venía de su visita pastoral a Tacna donde  fue recibido con grandes muestra de devoción cristiana, había participado en esa ciudad de la fiesta de La Virgen del Rosario patrona de esa ciudad que se celebra el primer domingo del mes de octubre, acompañaba al obispo una comitiva de unas doce personas en los que se distinguían tres curas, siendo uno de ellos el presbítero Antonio de Pereyra y Ruiz, oriundo de Tenerife, este había llegado a Arequipa desde Canarias junto al Obispo De La Encina el 10 de julio de 1810, el cura Pereyra tuvo gran actuación en Arequipa. Además lo acompañaban cuatro paisanos que al parecer eran comisionados por Arequipa para dar el debido resguardo a tan alta autoridad eclesial, el resto eran criados de los que destacaban dos negros que se encargaban de los arreos de la comitiva, se sumaba a la visita  numeroso fieles de Tacna que tenían familias y propiedades en el puerto por lo que no se querían perder la visita del prelado a Arica, daba la impresión de una singular peregrinación  de carretas y gente montada en mulas, burros y caballos. El señor Obispo montaba una vigorosa cabalgadura, mulo alto de color marrón con patas negras se notaba que la autoridad  clerical había sido buen jinete en su juventud, controlaba con mano firme las riendas como de seguro lo hacia en su diócesis en momentos de agitación, era ferviente partidario del absolutismo Borbón representado por el rey Fernando VII, exalta su posición conservadora el juramento que impuso en toda su diócesis a los religiosos y que decía así:

"Juro a Dios, nuestro Señor, por estos Santos Evangelios, ser fiel a nuestro Soberano, el señor Fernando VII y sus legales sucesores... defender sus derechos, procurar, en cuanto esté de mi parte, que todos los defendamos y les guarden aquella fidelidad, amor y respeto que le son debidos. Juro, asimismo, preguntar a los penitentes, en el Santo Tribunal de la Penitencia, el partido que siguen, y si es de los infieles a la Corona, insurgentes o revolucionarios, suspenderles la absolución hasta que detesten su sistema, error u opinión. Si así lo hiciera Dios me ayude y al contrario, me lo demande.", sólo el capelo obispal lo distinguía en su dignidad, la sotana negra lucia cargada de polvo dando una sensación de desgaste en la zona de los hombros, no muy alto, algo grueso de contextura, de tez más bien morena no solamente tostada por el  inclemente sol del desierto sino que delataba su origen canario, lucia algo cansado dando muestras  del pesado viaje a través del desierto, la comitiva hizo un alto para arreglar sus vestidura y sacarse algo el polvo del camino y de este modo dar buena impresión a la expectante muchedumbre, una vez concluido los acicalares y habiéndose integrado los rezagados  de la peregrinación, todos siguieron en caravana por el camino real que cruzaba entre el verdor de la gruesa y punzante grama costera de la parte más septentrional de la Chimba y los arenales de “Condori”, para luego atravesar la zona del Chinchorro, tal especial comitiva era refrescada por una fuerte brisa marina que barría el sector, la caravana sigue por el camino real que luego vadeaba el lecho seco del río “San José”, traspone las chacras de la Chimba donde algunos labriegos que por la naturaleza del trabajo agrícola sus amos no les habían permitido concurrir al lugar destinado para la recepción  de la eclesial comitiva, pero  estos al ver al Obispo y su séquito se descubrían de sus sombreros alones hechos de totora sobada, inclinaban su cerviz rodilla en suelo en respetuosas reverencias completadas con una ungida persignación la que era respondía por el Obispo con una cruz hecha al aire en señal de bendición, ingresa finalmente por los rancheríos de “La Lumbanga”[1] ,entrando para llegar a su destino por la calle del “Fuerte”, que daba directamente a la plaza. En  las afuera de la iglesia Basílica de “San Marcos” donde lo esperaba la gran muchedumbre del pueblo ariqueño integrado por hispanos, mulatos, negros e indígenas, en el atrio estaban ubicadas las damas más distinguidas de esta comarca, acompañadas de sus criadas como lo indicaba la costumbre, ahí estaban también “fabriqueros”, “mayordomos”, “alférez”, “rezadores”, y “cantores”, de los distintos templos de la vicaría que asistían a tan importante evento.

El 12 de octubre de ese año de 1814 fue de gran regocijó para los ariqueños y para los habitantes de los valles de alrededor, como de las nutridas delegaciones de las doctrinas de Codpa y Belén. Las damas del pueblo sacaron sus mejores pero sobrios vestidos, de color negro o de tonos grises como exigía la ocasión, se tocaron con finas mantillas tejidas con gran arte y delicadeza por sus propias manos o de alguna talentosa criada,  cubrían con elegancia sus cabelleras y parte del rostro dejando voluntariamente desnuda una parte de su tez morena que lucían con un dejo de coquetería, al mejor estilo de las “tapadas” de Lima, los varones exhibieron  sus mejores galas, los niños jugueteaban entre las rejas y muretes del atrio de la iglesia Mayor como solía llamársele a la Basílica, al presentarse la comitiva ya avanzada la tarde en el espacio baldío de la  plaza se echan las campanas al vuelo y en forma instintiva y con gran respeto se abre una avenida formada  espontáneamente entre la Muchedumbre, el Obispo De la Encina que había desmontado de su cabalgadura encabeza la comitiva impartiendo las respectivas bendiciones, algunos pasos más atrás el subdelegado  coronel Francisco Suero y demás autoridades civiles y eclesiásticas, los feligreses responden persignándose, los varones inclinan sus cabezas y ponen rodilla en el suelo, las damas cubren completamente sus rostros con sus mantillas, se produce un respetuoso silencio, ingresa al templo la comitiva seguida de toda la concurrencia en espontanea procesión, entre los que se contaban además de los feligreses de San Marcos de Arica, los de las capillas de Lluta, San Miguel de Azapa, de la Doctrina de Codpa y de Belén, todos los presentes con la mayor unción en su espíritus se aprestan para celebrar la Santa Misa consagrada por la más alta autoridad de la diócesis, las autoridades religiosas tomaron sus lugares en el presbiterio de la iglesia, las autoridades palatinas del Partido de Arica, el Subdelegado, los dos Jueces Ordinarios, el Alférez Real, el Alcalde primero y el Alcalde Segundo, los Regidores, ocuparon los lugares reservados con asiento con cojín según lo indicaban las ordenanzas, cerca del altar mayor se constituyo un verdadero cabildo eclesiástico, el resto del pueblo fue ocupando las bancas dispuestas a lo largo de las tres naves que componían la Basílica, las distintas cofradías se ubicaron frente a cada capilla de su devoción, como la de Nuestra Señora del Rosario[2] era una cofradía de muchas gracias, se veían también la cofradía  de San José que ocupaba lugar frente a la segunda capilla donde se veneraba la imagen de este santo traída de la ermita que había tenido junto al río del mismo nombre que cruza la  ciudad, esta imagen  había sido donada por don Manuel Rodríguez[3] el año 1663, a continuación se encontraba la capilla dedicada a la Agonías del Salvador, seguida por el Bautisterio, en la otra nave estaba la capilla de Animas, la capilla de nuestra  Señora de Copacabana de mucha devoción de los “Trajineros”, la capilla de Santa Rosa de Lima, y la capilla de la Concepción cuya cofradía por ser la más antigua y mejor dotada estaba a cargo del oficio, aportaba con el coro, las ocho capillas y siete sacristía que poseía la Basílica tenían sus alfajarías y tablazón hechos de ricas maderas traídas del norte muy bien barnizadas. Después de unos minutos en que se conservo respetuoso silencio, el que sólo era interrumpido por algún esporádico murmullo de alguna oración  de algún devoto feligrés o simplemente de un indeterminado comentario, apárese el señor Obispo De la Encina por una puerta lateral del corro de la iglesia, iba vestido con una elegante y suntuosa casulla bordada en hilos de oro y plata, casi cubriendo su sotana negra se veía la parte inferior de su alba con un hermoso tejido de encaje hecho por las monjas de Santa Catalina, iba calzado con zapatillas episcopales de seda, las que tenían una cruz bordada sobre el empeine, tocado con su mitra, completaba su vestimenta sacramental una estola bordada en hilos de oro y plata en las que se destacaban las insignias de su obispado, báculo pastoral en mano avanzaba a paso lento como midiendo las varas que le faltaban  para tomar ubicación en el altar mayor lo seguían  dos curas vestidos en forma más sencillas pero de excelente factura, vestimentas hechas por las monjas de Santa Catalina del convento de Arequipa, según sé decía, un metro delante del Obispo dos acólitos le abrían paso, uno iba batiendo el incensario al paso del Obispo y para purificación del altar y el  otro portaba dos ciriales de plata, la impresión que causaba entre los feligreses no se iba ha borrar por mucho tiempo de las mentes de los sencillos habitantes de estas tierras, que estaban acostumbrados a la majestuosidad de su templo pero no ha tan excelsa ceremonia, el obispo De la Encina sabía darle boato a las ceremonias, a él le había correspondido  la oración fúnebre del rey Carlos III en España antes de pasar a América. El coro de mulatos  y “morenos” de la cofradía de la Inmaculada Concepción al ingresar el Obispo al templo para celebrar la misa inició sus cantos sacros en latín con el “Espíritu Santo”, de seguro que no entendían lo que decían pero la interpretación era muy agradable al oído, en especial por las virtudes que tienen los de esa raza para el arte del canto, “el altar mayor lucia sus tres ternos de colgaduras de Damasco con cenefas de flecaduras de seda; los ornamentos ricos de tezú y brocado, la ropa blanca corresponde en sus encajes y trencillas a la magnificencia del culto”[4],  la calidad y mantención  de los ornamentos de la Basílica demostraban el trabajo y  dedicación de “fabriqueros” quienes testimoniaban así su preocupación por cumplir bien con su trabajo de administración del templo y los “Mayordomos” que no eran menos en su responsabilidad en el cuidado de los santos y sus ornamentos, ya que a pesar de la antigüedad de los atavíos  y de los eventos telúricos vividos, estos se encontraban en perfectas condiciones.

Más  concluido el acto litúrgico  los  feligreses partieron  a sus hogares en una actitud de recogimiento y de gran contrición cuando ya caían las primeras horas de la noche de ese memorable 12 de octubre día  muy especial  para los devotos ariqueños, de apoco se empiezan a ver las pequeñas luces de candelas, faroles o linternas de cebo de cabra que portaban los penitentes, dando la impresión de un desfile de luciérnagas. El Obispo se retiró al convento de San Francisco ubicado a una cuadra de la iglesia Mayor allí fue su hogar mientras duró su permanencia en la ciudad, el trabajo pastoral entre el 13 y 25 de ese mes fue muy arduo llegando a administrar la confirmación a 1.338 feligreses, el 26 una gran comitiva despide a su pastor que lo ven alejarse causándoles  tristeza pero queda en la comunidad una gran tranquilidad espiritual ya que todas las expectativas de la visita episcopal se habían cumplido, a lo menos por el momento, la grey había quedado con su espíritu quieto y la mayoría renovaba su fidelidad al Rey, y a la religión como señalaba la exigencia,  el pastor no volverá por estos pagos ya que fallecería dos años más tarde, en 1816.

El gran acontecimiento de la visita pastoral quedaría en la memoria de los habitantes de esta zona por largos años, siendo trasmitido en muchas familias de generación en generación.

 

·         La Rebelión de Pumacahua

 

Los meses finales de 1814 estarían marcados nuevamente por las inquietudes revolucionarias, en especial por un movimiento que tuvo un alto componente de sublevación de los pueblos originarios que se mezclaron con la revolución criolla de la emancipación americana y que tuvo repercusiones en la mayoría de las comunidades precordilleranas y cordilleranas de Arica esta efervescencia revolucionaria corrió desde Arequipa a Tarapacá.

Estalla la revolución en el Cuzco el 2 de agosto  de 1814, logrando los sublevados dominar a las autoridades realistas y a las tropas acantonadas en esa plaza, al día siguiente se instaura una Junta de Gobierno formada por Matheo García Pumacahua5, el teniente coronel Juan Moscoso y el coronel Domingo Astete, con la tradicional  declaración de fidelidad al Rey Fernando VII en el juramento se da por cumplidas las  formalidades, los revolucionarios concibieron un plan para sublevar los Andes Centrales con tres expediciones, una de las expediciones fue planificada para ocupar el Alto Perú  por lo que debían operacionar en Puno y La Paz cortando con esto las conexiones con el Bajo Perú y entrar en contacto con los revolucionarios  argentinos del general  Manuel Belgrano y  luego con José Ramón  Rondeau, esta expedición iba al mando del coronel  José Pinelo y del cura Ildefonso Muñecas; la segunda expedición debía operar sobre Huamanga con  el fin de dominar la sierra central y zonas próximas a Lima correspondiéndole el mando de esta al Brigadier  José Béjar y a Marino Angulo y la tercera expedición al mando de Matheo Pumacahua y de Vicente Angulo la que debería dominar Arequipa y la precordillera  desde esta ciudad hasta Tarapacá para cortar los suministros que pudiesen llegar  al Alto Perú desde los puertos de Quilca, Ilo y Arica.

Pumacahua ingresaba a Arequipa el 12 de Noviembre,  la victoria  llenó de jubilo a muchos patriotas pero causo pánico en innumerables pueblos de la Intendencia y personas aun fieles a la autoridad del Rey, la noticia corrió como reguero de pólvora. La caída de Arequipa en manos de Pumacahua encontró al obispo De la Encina en el pueblo de Moquegua de regreso de su visita pastoral  a Arica; "Lleno de fuego por amor a sus ovejas, escribió el Obispo desde Moquegua, a los caudillos (patriotas), intercediendo y pidiendo se templase su furor; y seguramente fue atendida  su súplica, en parte, pues no cayó mayor estrago en la ciudad".6

Los partidarios de la revolución enviaron emisarios a lo largo y ancho de los distintos partidos que formaban la Intendencia de Arequipa, es así como uno de los que recoge este llamado libertario es Mariano Melgar Valdivieso, poeta Arequipeño de trágico fin al ser derrotadas las huestes cuzqueñas en Huamachiri, Melgar parte de Chuquibamba con una columna para incorporase a las fuerzas que acaudilla Pumacahua asume la responsabilidad de Auditor de Guerra, el  llamado fue recibido en los diversos pueblos de la Intendencia con distintos grados de entusiasmo, en Locumba lo recogieron los hermanos Rospigliosi y Juan Castañon, en Tacna, Gómez y Vergara,  en las desérticas tierras del Tamarugal recogieron  este llamado los trapaqueños  José Choquehuanca y Antonio Peñaranda quienes ya tenían contacto con los revolucionarios argentinos que incursionaban en el Alto Perú, sostienen contacto con los jefes guerrilleros Warners, Camargo y Padilla quienes mantienen la llama revolucionaria después de la derrota de Belgrano, la misión encomendada fue la de provocar el levantamiento de los pueblos precordilleranos desde Moquegua a Tarapacá, poniéndose los conjurados en marcha a mediados de octubre de 1814 con los objetivos señalados.

 Peñaranda y Choquehuanca comienzan la labor de sublevar los pueblos precordilleranos del Partido de Tarapacá y del  Partido de Arica, además buscan el contacto con los conjurados de Locumba, Tacna y Putre. Parten a mediado del mes de octubre desde  Tarapacá, de donde eran originarios, esta  localidad tiene un gran atractivo está enclavada en un oasi de la quebrada del mismo nombre, es un lugar algo desolado  de la Pampa del Tamarugal que por su ubicación había servido de  lugar de descanso al conquistador Pedro de Valdivia siendo el lugar donde se le unieron tropas españolas venidas desde el Alto Perú en  su paso por la conquista de Chile, a demás fue lugar de detención obligado de los Correos Reales. El poblado  tiene un carácter muy español, organizado en torno a su plaza, ahí la construcción corrida de sus casas que en sus frentes tienen portales o corredores con pilares de madera que hacen de veredas, aun en el siglo XX se conserva restos de pisos empedrados que confluyen hacia el centro de  la plaza. A un costado de esta, se encuentra la iglesia donde es venerado como patrono San Lorenzo, este santo es de gran devoción de los mineros de la pampa, más atrás de esta edificación se encuentran las ruinas del convento que según lugareños data de antes de la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en  1767  por Carlos III.

Los primeros pasos de estos casi anónimos héroes de la emancipación americana fueron dirigidos al poblado de Pachica, siguiendo por Guaviña para alcanzar en una jornada hasta Chusmisa, este último lugar usado de antiguo como posta de refresco, se destaca por sus notables aguas termales y la existencia de animales que proveían carne y lana a los viajeros, esta primera jornada no fue tan difícil por el lógico conocimiento y vinculaciones familiares que tenían en esos parajes, sin embargo su actuación siempre fue de mucha cautela para no abortar anticipadamente la misión encomendada, después de algunos días comienzan la jornada para llegar a Camiña, su derrotero los lleva al poblado  de Jaina una hermosa localidad ubicado a unos 3.000 mts. sobre el nivel del mar, este poblado, como Tarapacá, también tiene una estructura básicamente hispana, sus casas confluyen a la plaza, su iglesia a un costado no muy grande pero de una hermosa hechura, su frontís esta compuesto por una entrada arqueada hecha de piedra sillar en la que ha ambos costado tiene talladas en piedra dos columnas adosadas al muro, estas en su parte media están divididas con un capitel que sostiene un dintel el que se unen con la arcada del umbral del portón, estas columnas terminan de la misma forma con un pequeño frontón  ubicado en la parte media del dintel superior, esta figura tallada  simula la entrada de una pequeña capilla con dos columnas adosada a sus costados, en el extremo del vértice que forma el ángulo de la techumbre sobre la figura descrita, una ventana tragaluz con su parte superior en  forma de arcada de medio punto, en las bases de ambas columnas del portón principal hay unas figuras humanas en actitud de danzarines, el conjunto ornamental de la fachada de la iglesia es una muestra interesante de la arquitectura religiosa colonial andina, el techo con envigados de madera de roble seguramente traídas desde el reino de Chile o de Guayaquil, cubiertas con un enquinchado de caña y paja brava, (afines del siglo XX esto no existe, fue reemplazado en la década del 60 por planchas de fierro galvanizado acanalado) al costado izquierdo del templo esta el campanario también  en una mezcla de cal y canto, coronado en su extremo con la misma clase de techo que el resto de la construcción, el portón es de madera de cactus trincada  con corriones de cuero sin curtir (fue reemplazado por un portón de madera de pino), en Jaina, Choquehuanca y Peñaranda se entrevistaron con el cura Bruno Balcarcer de quien recibe el apoyo a favor del partido de la emancipación, cabe señalar que en el bajo clero la causa americana tuvo gran adhesión  llegando muchas veces a sacrificios sublimen  de estos religiosos por ver liberada su tierra natal o  adoptiva en el caso de curas de origen español, esto a pesar de las fuertes presiones recibidas de la alta jerarquía eclesiástica y de muchos de sus pares, baste recordar el juramento que impuso al clero de la Diócesis de Arequipa el Obispo De la Encina.

 Continuando su camino cruzan la quebrada de Aroma siguiendo a Soga y de este poblado se  dirigen por el difícil camino a Camiña, llegando a estas tierras de cultivos de  ajos zanahorias y cebollas en los primeros días de noviembre, el recibimiento de los forasteros en un comienzo tuvo la calidez del mundo andino además de no ser estos ajenos de la comunidad. El recorrido por tierras tarapaqueñas no había revestido grandes dificultades para los conjurados, los visitantes comienzan con su labor sondeando a los que consideraron mas afines a sus ideales sin embargo al trascender los objetivos se produce una frialdad en especial de los principales del pueblo haciendo recomendable su partida en busca de la importante Codpa, su propósito fue llegar a esta localidad para las fiestas patronales de San Martín de Tour, la ruta a Codpa los llevo a Caritaya y de ahí a Esquiña, esta localidad que tiene como santo patrono a San Pedro se encuentra en lo profundo de una quebrada, la entrada al poblado esta en lo alto de un gran precipicio casi cortado a pique en la que se a formado un estrecho camino de herradura de tiempos inmemoriales, con largos  zigzagueantes trazos que provocan una lenta bajada y mas penosa subida, el pueblo se encuentra detrás de un cerro de baja altura en un llano, tiene la apariencia de un paraje de gran vegetación que por designios de una fuerza superior de la naturaleza se hubiese hundido en medio del desierto precordillerano,  el conjunto de la plaza, la iglesia y el cementerio con alguna arboleda y matorrales, están próximos a un riachuelo de aguas muy cristalinas, llama la atención el color azuloso de las piedras lisas y enormes que lavan estas aguas cordilleranas, a diferencia de las  piedras plomas y porosa de los valles cercanos, los esforzados patriotas se contactan con Elías Mamani y con Carlos Manzano hijos de este poblado, los que quedan encomendados de llevar comunicación al abogado arequipeño José Benito Laso quien se encontraba según parecía en las inmediaciones de La Paz, este patriota era antiguo conocido en estas tierras, ya se le conocía desde  la sublevación de Paillardelle y se le sabía comprometido también en la expedición de Belgrano, este abogado y jefe militar era el encargado de coordinar los enlaces e informaciones entre los patriotas del sur del Bajo Perú con los expedicionarios argentinos y las huestes cuzqueñas, constituyéndose en la rebelión de Pumacahua en jefe militar y político del Ejército de Pinelo y Muñecas que en ese momento operaban entre Puno y La Paz.

Choquehuanca  y Peñarandan  continúan su peregrinaje patriótico desde Esquiña a Sucuna el 7 de noviembre con el fin de llegar a Codpa el 10 de ese mes, todo seguía marchando como se había dispuesto, la misión de sublevación de Codpa y Belén resultaba  de gran importancia por ser las dos comarcas precordilleranas más densamente pobladas de este sector sur del partido de Arica. El éxito de involucrar en la revolución a la población de Codpa significaba  hacer mucho más fácil el contacto con los tacneños y moqueguanos y  así pronto estar en las condiciones de generar un levantamiento generalizado de la precordillera desde Arequipa  a Tarapacá.

El día 9 de noviembre de 1814 entran al valle de Codpa por Guañacagua, esta es una localidad que se ubica a unas tres leguas aguas arriba del poblado de Codpa, en la localidad de Guñacagua hay un templo de excelente factura construido en piedra sillar blanca con un hermoso campanario en un excelente estilo del barroco andino colonial, este templo esta consagrado a San Pedro, también en este templo hay una imagen venerada de santa Rosa de Lima, patrona de América, en este lugar los conjurados encontraron sólo a unos jóvenes pastores,  el restos de los habitantes del pueblo ya había bajado para participar de las fiestas de San Martín de Tours.

Llegan al poblado de Codpa al anochecer del 10 de noviembre, en la víspera de la fiesta patronal que es cuando se hacían las ceremonias de vigilia, la que consistía en la  preparación de las “estaciones”, lugar frente al hogar de las familias codpeñas donde sería detenida la procesión del día siguiente para pedir al santo con preces y cánticos prosperidad y buen año y  para agradecer los favores concedidos en años anteriores, las estaciones variaban de 12 a 14, una familia no podía postular a más de dos años consecutivos a este privilegio, en las “estaciones”  determinadas para la procesión del año cada familia a la que pertenecía  el solar donde se detendría el santo ofrecía en la vísperas a los romeros los mejores mostos de su producción de vino “Pintatani” y los productos de sus chacras con el objetivo que estos aprobaran la calidad de las ofrendas que le serían dadas  al santo patrono al día siguiente y  de esta forma asegurar que serían bien recibidas y con ello  asegurar los dones para las buenas cosechas del año siguiente. Siempre variaba el recorrido de la procesión la que se iniciaba en el templo, continuaba por la plaza, para seguir según la ruta trazada por el párroco previamente en acuerdo con el alférez y los mayordomos, concluía la procesión  con la ceremonia de la guarda  del santo en su altar, el que tenía un hermoso retablo de plata, este templo se enorgullecía por la importante cantidad de objetos de culto hechos en fina plata por los mejores orfebres de Postosís, los que eran expuestos a la grey cada año en las fiestas de San Martín.

En este ambiente Peñaranda y Choquehuanca se mezclan entre las gentes y comienzan su labor tomando contacto con sus conocidos, ahí están los Zavalas, Monzones, Perea, Carbajal, Básquez, etc. Entre fiesta y fiesta logran comunicarse con el cura Josseph Cayetano Texeda de quien esperaban tener la misma recepción que la obtenida del cura Balcarce de Jaina, sin embargo en esta oportunidad les fue totalmente adversa la recepción ya que Texeda mantenía su alta fidelidad al Obispo De la Encina y por consecuencia se mantenía fiel al juramento verificado hacía poco menos de un mes en Arica, además entre la gente de este  valle  aún estaba fresca en la memoria los horrores vividos con la sublevación de Tupac-Amaru, entre los que se contaban los descendiente del cacique Felipe Cañipa quien había sido desollado en la plaza pública por mantenerse fiel al Rey y a la fe cristiana, también familias originarias indígenas como Quispe, Caqueo, Huanca, etc. se oponían a cualquier  alteración del orden colonial establecido. Al siguiente día tienen la infausta noticia de la derrota de las fuerzas patriotas de Angulo y Muñecas en Chacaltaya ocurrida el 2 de noviembre a causa del Teniente General realista Juan Ramírez  de Orozco, quien con esta acción recupera La Paz y Puno nuevamente para el Rey, con todo estos sucesos los conjurados deciden emprender la marcha antes que se pusiese en peligro su misión y fuesen arrestados por agentes de las autoridades del Partido de Arica quienes estaban alertado de las actividades de los patriotas de todo el Partido, no alcanzando  a participar en la “Tinca”[7].

La salida de Codpa casi constituida en fuga no amilanó a los dos patriotas quienes siguieron rumbo a Belén, pasando por Timar,  Ticnamar, en Belén esperaban tomar contacto con el coronel José Benito Laso,  y además entrar en contacto con los conjurados de Tacna y Moquegua, al paso por Guañacagua se hacen de dos buenas cabalgaduras que les permiten efectuar en mejor forma el viaje por los difíciles caminos de herradura de este sector cordillerano.

Los rebeldes tarapaqueños  después de cruzar la quebrada de Ipilla enfrentan la pampa de Oxaya, una gran llanura que es la base del cerro “Del Marqués” para luego enfrentar la quebrada de Oxa por donde entran a Ticnamar, esta depresión geográfica con abundantes cultivos de alfalfa,  vertientes que generan  cúmulos de chilcas y otras malezas típicas de estos parajes, después de una larga y lenta jornada por el lecho guijarroso del río llegaron a Ticnamar, este pueblo era sólo de dos calles pero su gente de mucho espíritu acogedor con los forasteros, con su sentido de la hospitalidad los ticnameños reciben a los viajeros brindándoles las atenciones necesarios para que repongan  su humanidad ya algo desgastada por el largo viaje emprendido desde medidos del mes de octubre del histórico año de 1814 a través de los derroteros  de los contrafuertes y pampas cordilleranas para encender la llama de la libertad. Esta zona  fue muy preciada por los bandos en disputa por la riqueza en ganado vacuno  y ganado menor el que competía con los mejores de Putre.

Ya recuperadas su fuerza, Choquehuanca y Peñaranda se retiran en pos de Belén confiados del apoyo logístico que de seguro esperaban encontrar a futuro de toda el área ticnameña, el poblado de Belén es en el momento de los acontecimientos relatados asiento de la doctrina por lo que cuenta en esos años con tres templos el de la Matriz consagrado al apóstol Santiago, el de Santa Barbara ubicado en una colina cercana al pueblo y el consagrado a la virgen  de la Candelaria. Hay noticias que en este lugar ya a principio de diciembre los conjurados se enteran de la entrada de Pumacahua a la ciudad del “Misti” Arequipa, noticia que los hace recuperar el optimismo en el éxito del esfuerzo revolucionario por lo que deciden continuar hasta Putre con la esperanza de encontrar ahí referencia  de los tacneños, ya que en Belén sede de esta doctrina  del mismo nombre por esos años de unos 800 habitantes (la doctrina se le consideraban unos 1.800 habitantes) no había sido posible tener noticias de Laso o de otros revolucionarios que fueron dispersos en Chacaltaya.

 Se vuelve a tener noticias de los tarapaqueños en el poblado de Tarucachi, este es un lugar que daba muy buenas condiciones para el refugio de tropas informales, es un valle ubicado a unos 3.006 metros sobre el nivel del mar, ahí se cultivan frutales,  pero sus cultivos principales son, alfalfa, maíz y papas en este lugar  se produce un verdadero cónclave de los revolucionarios del sur del Bajo Perú, en los último días  de 1814, aquí toman noticias de la salida de las fuerzas comandadas por Pumacahua desde Arequipa el 30 de noviembre presionado por las cercanías de las tropas de Ramírez, la entrada del General realista en la ciudad capital de la Intendencia se produce el 9 de diciembre, además se enteran de las noticias que dan cuenta de las acciones tomada por las autoridades de Arica y Tacna para sofocar  la rebelión, con todo estos antecedentes  deciden dispersarse a lo largo del territorio precordillerano de los Partidos de Arica y Tarapacá manteniendo el esfuerzo de sublevar los poblados de este sector cuando la ocasión lo permitiera, actos que fueron perfectamente percibidos por los realista, así se anota en la parte pertinente en el Diario de la Expedición del General Juan Ramírez: “Aunque Arequipa se hallaba restituida a su antiguo orden, la mayor parte de su provincia, y casi todos sus Partidos estaban revueltos, y en manifiesta conmoción. No era posible subdividir nuestro pequeño ejército, y la índole de aquellos habitantes inspiraba por otra parte esperanzas de poder ser reducidos sin tocar los extremos de la severidad y de la fuerza; en su consecuencia se expidieron y circularon, por medio de comisionados sagaces y seguros, las ordenes y proclamas convenientes;  y  produjeron tan buen efecto, que no sólo volvieron sobre sus pasos los pueblos alucinados, sino que en general se  apoderaron de los caudillos, y con sus armas y principales secuaces los iban remitiendo a las ciudades”.

Ramírez permanece un tiempo en Arequipa donde refuerza sus huestes con algunos reclutas y con 50 dragones, sale el 12 de enero de 1815 en busca de las tropas cuzqueñas comandadas por el Brigadier Pumacahua, las condiciones climáticas de toda la zona de operaciones, el altiplano de los Andes Centrales, son muy malas ya que por esa época del año se producen lluvias estíbales y fuertes nevasones con el consiguiente crecimiento del caudal de los ríos y la formación de grandes lodazales, condiciones  que hicieron que se retardara   el encuentro entre ambos antagonistas, lo propio ocurrió con los agentes enviados a los distintos pueblos del interior de los partidos de Arica y Tarapacá para sofocar las aciones que venían realizando los agentes patriotas. El 15 de febrero Ramírez recibe de Pezuela orden de contramarchar sobre Potosí en su auxilio, sin embargo este en una decisión en conjunto con su Estado Mayor decide continuar con la persecución de los cuzqueños, y ya el 6 y 7 de marzo ambos ejércitos entran en contacto visual en el río Ayaviri, el día 11 de marzo Ramírez se encuentra en la rivera opuesta del río Llalli donde estaban las tropas patriotas, el general realista  en una audaz maniobra logra pasar sus tropas por el caudaloso río  presentando batalla, favorece la fortuna del triunfo a los realistas gracias a su mejor preparación militar, disciplina y pertrechos, las tropas del Rey dan una derrota definitiva  a las fuerzas emancipadoras de la revolución cuzqueña, ahí  en Humachiri caen prisioneros Pumacahua, Mariano Melgar y otros importantes jefes patriotas quienes son ajusticiados para ejemplo según el inflexible Ramírez, como menciona el diario de expedición de los realistas la persecución a los cabecillas y sus agentes es implacable, estos van cayendo uno a uno y van siendo enviado a las ciudades más importantes para cumplir prisión o ser fusilados, así  fueron enviados al Cuzco Arequipa, Tacna y Arica.

El General José Rondeau, que había sucedido a San Martín en el mando del ejército de Tucumán, organiza una expedición  al Alto Perú con una fuerza de tres mil quinientos hombres; pero fue batido por las fuerzas realistas comandadas por el general De la Pezuela futuro Virrey del Perú, la derrota de Rondeau se verifico en  Sipe Sipe  y Viluma lugar ubicado entre Oruro y Potosí el  28 de noviembre de 1815, los agentes del Rey se aplican con mayor ahínco en la pacificación de los pueblos interiores. Por información de los lugareños toman noticia que insurgentes merodean en las localidades entre Palca y Putre por lo que disponen una operación  con el fin de lograr su captura, con la colaboración de un tal Florencio Quispe  oriundo del poblado de Epispacha y de Luciano Guebara oriundo de Putre tienden una emboscada a los patriotas, Quispe simula colaborar con los revolucionarios acogiéndolos en sus casa ubicada en este vallecito de “andenes”, Guebara con otros vecino de Putre dan aviso a las autoridades realistas señalándoles exactamente el lugar de refugio de los fugitivos, son capturados  tres de ellos logrando escapar solamente dos entre los que se cuenta Peñaranda, los capturados son enviados a prisión  a Tacna donde se le sigue un juicio sumario, siendo fusilado Choquehuanca en la plaza pública de Tacna en febrero de 1816, Peñaranda intenta una fuga hacia el sur con el fin de llegar a su natal Tarapacá y de ahí lograr alcanzar Tucumán pero es interceptado en Codpa en los primeros días de marzo siendo enviado a Arica donde es pasado por las armas ese mismo mes de 1816,  Peñaranda es  uno de los últimos patriotas ajusticiados por la sublevación encabezada por el Brigadier de origen incásico Matheo Pumacahua.

Desde estas actividades revolucionarias de 1814 a 1816, los poblados cordilleranos y precordilleranos  de Arica ya no gozaran de tranquilidad de los tiempos de la colonia, ya que permanentemente serán requeridos por las fuerzas beligerantes en la gesta independentistas por sus recursos humano, por la producción de alimentos y por el ganado, en este periodo  pueblos como Humagata, Belén, Codpa y la propia Tacna, se vieron incrementados en sus poblaciones con familias inmigrantes del puerto de Arica, los que huían tras el contante ir y venir al puerto de las tropas realista o de las tropas patriotas.

Los pueblos de este sector de Arica se vieron empobrecido con esta larga guerra que no cesará hasta 1824 y ya no volverán a recuperar su antiguo estatus, su juventud fue reclutada para los ejércitos del Rey o para los ejércitos de la causa  americana, dependiendo de la dominación temporal que se producía en la zona, sus riquezas fueron cupos de guerra, siendo sustraídos hasta los tesoros de cultos de sus iglesias, reliquias que tenían gran valor espiritual y cultural para los pobladores de estos rincones andinos, los que sin lugar a duda era mucho más significativo que el valor material intrínseco que tenían como obras de orfebrería, tesoros que se habían incrementado de generación en generación como ofrendas al altísimo y a la virgen quien para el pueblo andino seguía representando el culto a la Pachamama.



[1] “La Lumbanga”, fue un barrio  de negros que existió hasta ya bien entrado el siglo XX, estaba ubicado en un espacio entre La Chimba y el varadero norte del puerto donde actualmente está  la estación de ferrocarril de Arica a La Paz, aproximadamente en  el sector de las actuales calles Pedro Montt, Maipú, Manuel Rodríguez.

[2] ¿Sería la antecesora del Alferazgo del Santuario de la Virgen del Rosario de las Peñas? En 1819 hay referencias sobre el Santuario de la Virgen de las Peñas y practicas idolátricas en el sector. (Hasche Renato “La Iglesia en la Historia de Arica”)

[3] El capitán  Manuel Rodríguez, (Cúneo lo  supone nieto o hijo del primer corregidor de Arica Francisco Rodríguez de Almeida) fue un lusitano que desde la década del treinta del siglo XVII mantenía su propia flota de barcos mercantes, que hacían el cabotaje entre Arica y el Callao, fue nombrado Alcalde Ordinario, al parecer el sobrenombre de este Rodríguez  que le daban  los pobladores era el de “Farfallares” que significaría fanfarrón o charlatán, es así que el padre Juan Gualberto Valdivia le da el nombre de “Farfallares” al  filántropo que mando a construir la Basílica de San Marcos de Arica empresa a cargo del maestre alarife Juan Jaramillo.

[4] Informe del Intendente don Antonio Álvarez y Jiménez de su visita al  Partido de Arica en 1793.

[5]Matheo García  Pumacahua,  había nacido según su partida de bautizo  el 21 de septiembre de 1748, y aparece simplemente como Pumacahua Chihuantito. Era un indio puro, que heredo el cacicazgo de Chincheros y poseía apreciable fortuna. Incorporado al ejército del Rey, hizo exitosa carrera llegando a ser Brigadier, grado que le fue conferido por su destacada participación en la lucha contra Túpac Amaru, fue ahorcado en Ayaviri después de su derrota antes el general Juan Ramírez, su cabeza exhibida en Cuzco y un brazo en Arequipa. (Guillermo Zegarra Meneses)

[6] Anotación de Juan Domingo Zamácola.

[7] Tinca es un baile campesino que se efectúa después de las procesiones.