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Capitulo IV

Lord Cochrane y William Miller en Arica

 

·         Desembarco patriota en Arica

 

Al momento de partir desde Valparaíso la expedición Libertadora del Perú en Agosto de 1819, no estuvo en los planes del general José de San Martín el sur del Bajo Perú, la expedición se dirigió a operar  desde Paracas  al norte, según los planes  militares diseñado por el general argentino; por lo que Arica no se vio afectada en esta primera etapa de la incursión emancipadora, solamente al momento de la intervención de Lord Thomas Cochrane conde de Dundonald a los puertos de la costa sur del Virreinato a partir de marzo de 1821 San Marcos de Arica vuelve a ser escenario en la gesta por la independencia de América.

El peso de la revolución en el Partido de Arica desde 1810 a 1820 ya había dejado sus profundas huellas en el corazón de la sociedad ariqueña, las que dejarían cicatrices  en la vida social y en el desarrollo económico de sus pobladores prácticamente durante todo el siglo XIX, cambiando nuevamente en forma dramática y radical con los acontecimientos de 1880.

Las ciudades, pueblos y localidades del interior cordillerano del Partido, ya en 1820 habían pagado un alto costo por la lucha por salir del vasallaje impuesto por España, este costo se había sufragado con la vida  y el desarraigo de muchos de sus hijos, los que fueron reclutados para los ejércitos de las intentonas revolucionarias de los patriotas  como también  en las mesnadas  del partido del Rey; las posiciones que fueron tomando  los habitantes de la zona ante los bandos en pugna provocaron fuertes divisiones en el seno de las familias, fenómeno que especialmente afectó a las de mayor cultura y de mejor condición  económica, suceso social que sin duda fue parte del costo asumido por la comunidad ariqueña, considerando como tales a todo los habitantes del Partido; las rivalidades generadas entre los pueblos, villorrio y pagos, que iban tomando distintas posiciones por uno u otro bando, produjo un distanciamiento social entre sus comunidades, sin olvidar que en muchos casos existían numerosos lazos familiares, esta fragmentación provocó dificultades en las comunicaciones y genero innumerables inconveniente  al intercambio de productos, los cupos de guerra impuestos por ambos bandos  a estas comunidades ante la necesidad de aprovisionar a los siempre carentes ejércitos, mas la perdida del control del Pacífico por parte de la escuadra española eran elementos que afectaba seriamente  la economía del puerto de Arica y de los pueblos del interior eminentemente de vocación portuaria y “trajinera”, el perjuicio que representaban los diez largos años de inestabilidad transcurridos desde las primeras actividades insurreccionales fueron contingencias que generaron un cuadro de desmoralización en la población ariqueña, la que aún tendría que soportar 5 años más  de actividades guerreras posponiendo su recuperación ya tan sólo con el advenimiento de la República.

Mientras fracasaban las tentativas de San Martín para adueñarse del Callao, sale una segunda expedición  a la sierra al mando del general argentino Juan Antonio Alvarez de Arenales, paralelamente Cochrane inicia una correría por la costa sur del Virreinato, el 13 de marzo de 1821 se dio a la vela en  Huacho, esta expedición llevaba como tropa de desembarco al Batallón Nº 4 de Chile, antecesor del regimiento 4º de Línea, el jefe  de esta unidad por ese entonces era el teniente coronel José Santiago Sánchez Alfaro,  este batallón estaba compuesto por 28 jefes y oficiales y 651 clases y soldados, a cargo de las tropas de desembarque iba el coronel inglés al servicio de la causa libertadora Willam Miller[1]  siendo su jefe de estado mayor  el teniente coronel de nacionalidad argentina, Miguel Estanislao Soler.

El 21 de marzo de 1821, la expedición del Almirante Chocharen se apodera de Pisco, el objetivo de esta maniobra era interrumpir las comunicaciones de Lima  con las provincias del sur, el general José De la Serna que en enero de ese año se había hecho cargo del gobierno del Virreinato, envía al coronel García Camba con el fin de hostilizar a los patriotas y arrojarlos al mar nuevamente, los realistas  establecen su cuartel general en  el pueblito de Chincha Alto, las tropas beligerantes quedan separadas por los ríos Chincha y Pisco y las pampas desérticas existentes entre ellos, estos accidentes geográficos sitúan a las tropas beligerantes a unas ocho leguas de distancia entre sí. La salud de las tropas patriotas como la de los realistas se ve afectada por las tercianas,  principalmente este mal afecto a los insurgentes, contingencia que a menos de un mes ponen rápido termino a la empresa invasora, el contingente reclutado en el valle central de Chile y el de origen argentino resultaron muy vulnerables a ese tipo de enfermedades tropicales como es el paludismo,  de  seiscientos hombres que  habían desembarcado en Pisco, murieron 28 en un solo mes, 180 enfermaron de gravedad y de no efectuarse oportunamente el reembarco y su traslado a Huacho habría fallecido la mayoría.

Fragata "Esmeralda" capturada a los españoles en el Callao, navea almirante de Cochrane.

El coronel Miller infectado con el mal y ante la ausencia de médicos en la expedición,  tuvo como  únicos cuidados los proporcionados por su fiel criado Ortega y un tal Ildefonso, este último fiel  sirviente de raza negra que había sido liberado del yugo de la esclavitud desde uno de los ingenios azucareros de los valles cercanos a Pisco, el día 18 de abril  el coronel Miller casi moribundo es conducido en una litera al navío del Almirante Cochrane, el jefe de la escuadra había estado ausente en los días anteriores por haberse visto forzado  a acudir por razones tácticas al Callao, los buques habían retornado a la bahía de Paracas el día 17 de abril, en la nave insignia se le prodigan al jefe de desembarco inglés  las atenciones necesarias para su restablecimiento, esto, por especial instrucción del lord inglés quien siempre mostró gran preocupación por los hombres que se encontraban bajo su mando sin importar su nacionalidad raza o rango, el coronel Miller se encontraba en tan precarias condiciones que se temía seriamente por su vida; como dice en sus memorias “Con efecto, se hallaba tal que no tenía más  que la piel y los huesos; delirante con una calentura maligna que le tenían postrado en cama hacia mas de tres semanas, y casi sin esperanza de vida”.  

Plaza de Armas de Pisco

Ante la amenaza cierta de seguir desmejorando la salud de la tropa los jefes de la expedición deciden  abandonar el malsano puerto de Pisco, las tropas en condiciones de combatir se embarcan en el navío “San Martín” de 60 cañones, el 22 de abril, el resto  de los buques de la escuadra volvieron al Callao,  Miller sigue en el navío Almirante con la confianza que el viaje por mar lo recuperaría, Cochrane incorpora como soldados a cien  esclavos arrebatados a los hacendados realista  de Pisco y Chincha, requisan para la expedición seis mil duros, quinientas botijas de aguardiente (licor de Pisco), mil cargas de azúcar, gran cantidad de tabaco y  varias otras mercancías sacadas de las haciendas pertenecientes á los españoles o a sus partidarios; sin más demora la expedición pone proa al sur.

El 6 de mayo se encuentra los expedicionarios  a unas 32 millas náuticas del puerto de San Marcos de Arica, a esta altura sobrevino una calma que paralizó la nave, el almirante dispone que parte de la tropa se embarque  en botes  con el fin de buscar un lugar idóneo para  poner pie en tierra, estos bogaron por cuatro largas horas sin encontrar el más mínimo rincón adecuado para la aproximación y desembarco consiguiente, los arrecifes y roquerios no brindaban ni el más mínimo grado de seguridad para soldados y embarcaciones en su objetivo de aproximación, una  brisa comenzó a levantar  después del medio día  lo que permitió que el navío pudiese moverse y fuera en pos de alcanzar los dispersos botes que asemejaban cuentas de rosario repartidos en paralelo a la costa, las tripulaciones de los esquifes a esas horas ya se encontraban  casi en el extremo del agotamiento, la extenuación de la tripulación se debió al excesivo calor generado por del abrazador sol que a esas horas del día caía con sus rayos sobre las testas y espinazos de los marinos como verdaderas saetas de fuego, la falta de aire fresco ocasionada por la calma impedía que fuese más aliviada la respiración, estas condiciones climáticas hacia más penosa la misión encomendada, además en las horas que habían tenido que bogar no  dispusieron siquiera de una gota de agua dulce para beber, en esta forma  el San Martín fue  reembarcando  uno a uno los botes encomendados para  la exploración.

El buque insignia de la expedición con su revolucionaria tripulación, comienza a moverse del lugar sólo el día 7 de mayo, día en que apresan una nave, la que resulta ser neutral, antecedentes entregados por el capitán del buque permite que los jefes patriotas se enteren  que la guarnición de Arica estaba  protegida por 400 infantes y 162 dragones, 24 cañones apostados en los fuertes del varadero y de la Chimba, además existiría una batería de 4 cañones en la isla de Guano o del Alacrán, también  Cochrane requiere información de los mejores lugares para el desembarco de las tropas a su cargo, habiéndosele indicado la existencia de pequeñas caletas entre  la Lisera y punta Paloma, así mismo se le informa de la existencia en este último sector de un pequeño fortín llamado “La Capilla” el que se presumía abandonado, con la información obtenida continúan rumbo al sur con su objetivo de conquista, el 8 de mayo se encuentra la expedición a la altura del Morro  de Sama, en este lugar en un consejo de guerra en el que participa a demás del Almirante, el coronel Miller, el teniente coronel Soler y otros oficiales, se acuerda ubicar la nave lejos de tiro de cañón del fuerte y enviar un emisario conminando la rendición de la plaza al gobernador militar de Arica coronel Francisco Antonio  Gago, de no ser aceptada le intimidación se procedería al desembarco en la noche siguiente por la costa al sur del Morro de Arica.

El día 9 de mayo amanece la nave insignia de la flotilla comandada por Cochrane ubicada frente a la costa ariqueña fuera de tiro de cañón del fuerte, pero desafiante con la banderola almirante al tope del palo mayor,   Cochrane procede a enviar como emisario al comandante Soler,  el esquife que lo transportaba tuvo algunas dificultades para acercarse a la costa debido a la marejadilla con que se encontraba el litoral ariqueño esa mañana presagiando una mar más gruesa para las próximas horas; advertida la guardia costera por los neutrales que se encontraban surtos en la bahía  se permite a la pequeña embarcación realizar las maniobras  de atraque sin ser hostilizada. Soler  es recibido respetando su condición de parlamentario y es tratado con frialdad casi rayana en el desprecio, se le permite permanecer  solamente en el área  del varadero donde espera por espacio de casi dos horas bajo la mirada atenta de los centinelas, el emisario era acompañado  por un ayudante, el comandante patriota y su edecán con ojo militar trataban de recopilar en sus mentes la mayor cantidad de antecedentes que les fuesen útiles a la expedición patriota ante un eventual desembarco por la fuerza en ese punto de la bahía, esta condición daba un entorno especial a la larga espera, como telón de fondo  el comandante Soler tenía el vuelo rasante de los  guacaches, las picadas de guanayes, el arremolinar constante de gaviotas y otras aves que buscaban satisfacer  en una danza constante su inagotable apetito ante la abundante presencia de Pejerreyes, anchovetas, cabinzas, etc. peces que poblaban con  profusión las aguas costeras de la bahía ariqueña, el olor  expelido por túmulos de huiros que eran  arrancados por las corrientes marinas, y que yacían en la playa resecándose al sol de media mañana mezclado con el olor penetrante traído por la brisa sur que comenzaba a levantar desde la isla del Alacrán, olor característico del guano de las aves marinas, marcaban  una estampa característica del puerto de San Marcos de Arica, la que no era olvidada por ningún viajero que pisaba tierra ariqueña en ese sector a los pies del Morro, la respuesta del gobernador fue de tajante rechazo a la rendición: “Para inteligencia y buen mando de V.E. lo anoticio que las irresistibles armas bajo mi mando, por medio de este ejército de lealtad y fidelidad al Rey triunfará sobre las fuerzas de la infidelidad y de la usurpación, a pesar  de la más empeñada pericia militar de los mejores generales que V.E. envíe a esta plaza, con esta noticia para que disponga el ánimo de V.E. á otra mejor causa,  debiendo V.E. proscribir todo procedimiento sanguinario economizando la sangre de nuestros semejantes que quieren vivir en paz y fidelidad  a su Rey y a la Santa Iglesia, volviéndoles la tranquilidad a las América respetando el derecho de gentes...”

Retorna el comandante Soler a la nave del Almirante  con un cierto grado de satisfacción por la misión cumplida, se presumía de antemano que no sería fácil la rendición de los ariqueños, era ya de fama su posición a favor de la causa del Rey, mostraban gran decisión de evitar una invasión a pesar de que las tropas realistas de Arica eran en su mayoría bisoñas  y reclutadas  casi forzosamente en los distintos pueblos del Partido, estas tropas habían sido instruidas por soldados veteranos pero de bajo rango, por lo que su valer militar era muy relativo, una vez abordada la nave por los emisarios se da la orden de  echar vela al norte tomándose así la decisión de continuar con la segunda parte del plan, con los antecedentes aportado por Soler y algunos neutrales se hacia impensable un desembarco frontal al puerto debido a la decisión de defensa mostradas por el gobernador Gago y sus aliadas fortuitas, las agitadas aguas del mar que ya mostraban una decidida marejada.

La nave almirante desaparece en el horizonte dando la impresión a los vigías que ya se había desvanecido el peligro y que en definitiva no se llevaría a cabo la intentona de invasión por parte de la flotilla Libertadora. Sin embargo la realidad era otra, al atardecer del día 10 de mayo, cuando se vio oportuno,  el buque patriota giro en 180º rumbo al sur nuevamente, el objetivo de los jefes militares a cargo de la expedición era realizar el desembarco por una de las playas del sector sur del litoral ariqueño, para esta acción empeñaban toda experiencia en las guerras europeas que poseían, el desembarco lo planeaban en una de las playas de caleta "Quiani", esta es una ensenada algo abierta perfilada en su orilla con abundantes arrecifes los que están interrumpidos  por 3 pequeñas playas arenosas[2], siendo la mayor de ellas de unas 120 brazas de longitud, el acantilado de ese sector costero se suaviza y permite un fácil ascenso al cerro, esta pequeña y suave depresión geográfica en el acantilado de la costa sur ariqueña pretendían utilizar los jefes patriotas con el fin que  las tropas invasoras cayesen por atrás de la ciudad, lugar donde no existía ningún tipo de defensa.

El plan de desembarco contemplaba acercarse  a la costa sur de Arica al amparo de la noche, así con la protección de las penumbras intentar el desembarco de las huestes patriotas asegurando el éxito de la operación militar de conquista poniendo a su favor el factor sorpresa; un elemento táctico fundamental en las aciones era encontrar  con cierta certeza el lugar escogido para ello se solicitó el concurso de voluntarios entre la tripulación del San Martín,  se encontraron a dos guías, los seleccionados fueron marinos de origen chileno que años anteriores habían estado en más de una oportunidad  en esa zona como tripulantes de buques mercantes, la estrategia que se pretendía usar no era nueva ya había sido utilizada por el pirata Jhon Watling el 9 de febrero de 1621 aun que sin éxito para ese filibustero inglés, ante la decidida defensa de los ariqueños de ese entonces.

El San Martín comienza lentamente en la noche del 10 de  mayo y madrugada del 11 a buscar su destino fijado en el plan de invasión, sin embargo erró el sitio escogido, se excedieron algunas millas al sur del lugar buscado, llegando sin saberlo  a un punto ubicado  entre caleta Quiani y La  Capilla en un sector del acantilado muy pronunciado y de grandes rocas, dejaremos el relato que hace en sus memorias el propio general Miller sobre este episodio: "...hicieron una tentativa un poco más al sur, donde el capitán del navío, en su ansiedad por ver en tierra a los soldados patriotas antes que las riquezas de Arica pudieran escapar, se le figuro haber descubierto un paraje favorable para desembarcar. Doscientos y cincuenta hombres se trasladaron a los botes, y a media noche bogaron para tierra. La mar en su superficie parecía tranquila, pero una sorda marejada, con tardas y grandes oleadas, hacia difícil y trabajosa la travesía. Las estrellas brillaban de tal manera, que dejaban percibir una mancha blanca en tierra, la cual servia de baliza. El capitán Wilkinson y el teniente coronel Miller con treinta hombres marcaban la dirección en la primera lancha; al llegar cerca de la costa aseguraron a popa, pero ya a pocas brazas de ella los arrebató una inmensa  oleada que elevándolos hasta el cielo, los llevo para arrojarlos con furia a un abismo donde se encontraron entre grandes rocas, antiguos desprendimientos de montaña. Afortunadamente estas mismas rocas impidieron que la ola se llevara en la resaca a la lancha, la cual quedó en seco  y suspendida entre ellas. Escasamente tuvo tiempo la gente para saltar y salir de aquel lugar espantoso, cuando otra ola hizo la lancha mil pedazos. La espuma que producía el choque violento de las olas, el ruido con que reventaban contra la costa, la oscuridad de la noche, y el negro aspecto de la costa daba a todo un aire horrendo, y hacia una contraposición verdaderamente espantosa. 

El Agua que antes parecía calma, principio con ruido a romper contra las rocas que hasta entonces no habían percibido. Las Lanchas que seguían a popa advertidas del peligro se mantuvieron a distancia; pero la más inmediata soltó un amarro  pues se hallaba rodeada de escollos cuyas olas la batían con no escasa fuerza. La situación de la partida que Miller mandaba era sumamente critica; la tropa había salvado sus armas, pero las municiones estaban inservibles; su reembarque parecía imposible, y su número demasiado reducido para  esperar obtener ventaja alguna por medio de un ataque atrevido para sorprender la guarnición; sin embargo consultadas las circunstancias pareció  ser este el único partido que podía tomarse, y decidieron que la partida marchase sigilosamente a la ciudad, sorprendiera la guardia, se apoderarse del fuerte, y lo conservara hasta la llegada de algún refuerzo. En  su consecuencia la tropa formó e hicieron mil esfuerzos para encontrar algún camino o senda por donde pasar, pero hallaron que la playa que solo tenía unas cuantas varas de ancho, seguía únicamente hasta una corta distancia por todos lados, y estaba cortada por la parte de tierra por un peñasco casi perpendicular. Después de rodar de una parte a otra por espacio de dos horas, trepando y cayendo no pudieron descubrir ningún paraje, y la tropa volvió al punto de donde había salido, y se sentó para descansar de sus fatigas de un estado de casi desesperación. Era  muy probable que los realistas hubiesen oído las voces repetidas de los que hablaban a los de tierra desde las lanchas que aun estaban en su antigua posición, y temían  que al amanecer se aumentaría lo critico de su situación, hallándose a la vista del enemigo, al pie de una roca inaccesible, y en disposición que pudiesen acabarlos con unas cuantas descargas, o rodando sobre ellos algunos peñascos. En este intervalo de desconsuelo,  descubrió el capitán Wilkinson una roca que se prolongaba hacia el mar y penetraba bien dentro de él, e inmediatamente puso en juego los recursos de su profesión y experiencia, adoptando un plan que en tiempos ordinarios se habría considerado como un acto de locura. Mando a una de las lanchas bogar para avante y anclar tan inmediato a la costa como fuera posible, lo cual ejecutaron aun que con gran peligro de los que estaban a bordo de ella.  Desde la lancha enviaron un bote ballenero con una pequeña guindaleza, un extremo de la cual tiraron sobre la roca y aseguraron inmediatamente. Por este medio el bote ballenero se llevaba y traía de la lancha a la roca. Solo dos hombres podían a la vez estar en la punta de la roca a la cual tenían que estar colgados pendientes de la cuerda, hasta que una calma, que generalmente ocurría cada siete o nueve oleadas, permitía al bote ballenero atracar a sotavento de la roca y permanecer el tiempo únicamente preciso para que los dos hombres que estaban colgados de la cuerda bajasen  por ella precipitadamente dentro de él. De este modo trabajoso, largo y tan peligroso, se reembarcó toda la gente con sólo la perdida de un hombre. Al salir el sol vieron en lo alto del peñasco una partida de realistas, la cual justificó los temores que en la noche habían concebido".[3]

Los frustrados invasores se retiran al norte con el sentimiento de no darse por vencidos ante la difícil empresa,  el almirante Cochrane insiste en buscar un sitio de desembarco lo antes posible por considerar de gran valor táctico   apoderarse militarmente con rapidez del puerto de Arica y de paso no dejar escapar sus riquezas, para ello se hace una segunda intentona al norte de la amplia bahía  donde existe una extencísima playa arenosa (playa Las Machas) bordeada de  vegetación baja compuesta principalmente por grama salada (distichlis spicata), la que se hace más abundante y alta en el sector del estuario del río Lluta, esta masa vegetal esta compuesta entre otras especies por: totora, grama salada, cola de zorro, cola de caballo, juncos,  Chilcas, Chingoyo, etc., este río era llamado también Salado o Azufre, como se le señalaba en la  época de la gesta emancipadora en algunas cartografías, esta franja vegetal de un ancho de un kilometro, limita con los arenales del los cerros Chuños y Punta Condori, para continuar a partir de la quebrada del río hacia el norte con un pequeño acantilado de unos 20 metros de alto donde da comienzo a la pampa de Chacalluta.

En esta parte del litoral ariqueño las condiciones de las mareas y corrientes hacían impracticable un desembarco con los recursos que disponía la expedición, las fuertes corrientes del sector se hacen más peligrosas en especial en horas de la tarde o de la noche, en que la rompiente llega en algunos momentos a una altura de 5 metros, con series de seis a ocho olas, en época de invierno la mar se hace aun  más brava.

Cochrane al ver la imposibilidad de practicar el desembarco en un punto cercano al puerto decide enviar una partida de soldados al mando de Miller con el objeto de desembarcar en el sector del Morro de Sama, para este cometido se dispone de una pequeña goleta que contaba con un timón sobre puesto, la embarcación tenía tan pocas aptitudes marinas que hacia difícil gobernar la nave incluso con vientos favorable. El 12 de mayo, Miller logra su objetivo y emprende una dura marcha hacia la ciudad de Tacna, cruza los arenales que separan la caleta del poblado de Sama, casi en la extenuación total de los hombres, no contaban con alimentos ni agua dulce, la marcha duró unas 16 horas;  Sama aparece como un oasis salvador al castigo de la sed y del calor que sufría la falange patriota, en este valle ubicado a  unas catorce leguas de Tacna, el coronel Miller recupera las energías perdidas en la penosa jornada y se hacen de cabalgaduras para la mayoría de los miembros de las huestes insurgentes, que en número no llegaban a cuarenta, el recibimiento de los patriotas en Tacna fue de mucha cordialidad, fue recibido  con muestra de aprecio por el ayuntamiento, el clero y los habitantes de los cuales, muchos al enterarse de su proximidad se dirigieron a las afueras de la villa para mostrarles sus simpatía.

En tanto el almirante insiste en desembarcar el grueso de las tropas patriotas en un punto cercano a la ciudad de Arica, ya con más conocimientos de los emplazamientos posibles para realizar las maniobras se acercan a las pequeñas playas de caleta Quiani (playa Los Gringos y playa Miller); en la madrugada del 13 de mayo el  objetivo es cumplido al amparo de la oscuridad de la noche, quedando las acciones militares a cargo del  comandante Miguel Estanislao Soler, facilitó las maniobras de desembarco el mar calmo que en forma natural se produce después de días de marejadas, además se aprovecho  la pleamar de esas horas con el fin de evitar las numerosa puntas rocosas del fondo marino de la playa, que cual cuchillas pueden provocar el rompimiento de las quillas o de los cascos de los esquifes de desembarco, así,  una vez en tierra los soldados patriotas comienzan a subir el acantilado, que en esa zona se suaviza no oponiendo gran resistencia a los invasores, como espectros y en absoluto silencio avanzan hasta alcanzar la cumbre, las primeras luces del alba sorprenden a las tropas de Soler en los encerraderos de las faldas del cerro "De la Cruz"[4], los hombres del 4º Batallón de Chile habían cruzado la pampa salitrosa que da comienzo por el lado sur del Morro de Arica, surcando con sus calamorros  huellas heroicas en las mismas arenas que 59 años más tarde harían inmortales en 55 minutos a sus legítimos descendientes del 4º de Línea.

Coronel Miguel Estanislo Soler

En los corrales que habían en la base del cerro se apoderan de caballares y mulas, se hacen de dos pozos de agua dulce ubicados en el sector,  dejándolos con una guardia inmediatamente, no encuentran ninguna resistencia  sólo avistan a cuatro "cholos" que cuidaban las tropillas, los que al ver  a los soldados invasores escapan como si hubiesen visto al diablo en pena, dirigiéndose hacia el hospital "San Juan de Dios" tomando al camino que conduce al valle de Azapa;  al llegar a las primeras casa la columna invasora se divide en dos, una de ellas baja por la calle de "San Marcos" y la otra por "San Francisco", convergiendo ambas  en el sector de la marina, donde se encontraban las defensas, la sorpresa que represento la aparición de los atacantes por la ciudad misma, provocó el desconcierto y el pánico total de los defensores que a esas horas de la madrugada recién comenzaban a salir de los brazos de Morfeo, habiéndose anulado rápidamente a los centinelas que con mucho descuido no prestaban gran atención a su labor de vigías,  presumiendo seguramente que los patriotas se habían retirado definitivamente del litoral cansados de tantos intentos infructuosos por desembarcar en las costas  ariqueñas. Las milicias realistas de Arica al sentir los primeros disparos de fusil y el chivateo (grito de combate típico mapuche) de los atacantes optaron por escapar, a esas horas de la mañana cuando ya prácticamente la ciudad estaba rendida hace su aparición en la bahía el San Martín, que efectúa unos disparos de cañón para provocar mayor pánico a los defensores del puerto, con esto la desbandada fue incontrolable, a pesar que algunos jefes realistas trataron de organizar una resistencia, pero les fue imposible.

Las tropas comandadas por Soler al verse sin adversarios al frente que se les opusiesen, comienzan a saquear las pulperías y almacenes, encuentran en las bodegas de aduana licor y muchos alimentos, los instintos superan a la disciplina en combatientes que habían soportado por tantos días múltiples privaciones a bordo, con lo que el pillaje y saqueo se generaliza a toda la ciudad sin control alguno. Soler y sus oficiales hacen grandes esfuerzos por contener las descontroladas soldadesca, hasta que a media mañana desembarca el propio Almirante Cochrane con un grupo de 50 marinos armados logrando restablecer el orden y la disciplina en la tropa ya entrada la tarde, el gran ascendiente del Almirante en los hombres  fue factor preponderante en el control del saqueo, a esas horas llegan noticias que se estaría produciendo una concentración de tropas realistas en la hacienda "Bella Vista" por las cercanías de Saucahe, por lo que Soler dispuso  un piquete de 30 soldados de caballería para su persecución, este piquete fue montado gracias a la requisición de buenos caballares que se logran en la ciudad, a cargo del piquete de caballería iba el capitán Eléspuru, los patriota alcanzan a los realista en el Pago de Gómez y logran hacer unos cien prisioneros, estos  estaban muy fatigados debido a la larga jornada que habían realizado a pie, prácticamente todos estaban desarmados, fueron conducidos prisioneros a la ciudad.

El trágico saqueo de Arica significo que el grueso de su población se trasladara a lugares más seguros como Azapa Grande, Humagata, Belén, Socoroma, los ariqueños seguían  con mayores razones abrasando la causa del Rey. Un ejemplo del aborrecimiento para con los patriotas es el de la hermosa y joven esposa del gobernador de Arica coronel Francisco Antonio Gago, su casa había sido saqueada, hasta su piano fue llevado a bordo, el saqueo fue tan extremo hasta dejarla a ella misma reducida a no tener que mudarse, esta generosa, valiente y hermosa dama trabajó con gran esfuerzo  y sacrificio  ayudando a los más débiles a huir, lucho junto a otras mujeres con decisión frenando los intentos de violación de las más jóvenes por parte de la soldadesca desenfrenada, ella misma tuvo que ser protegida por oficiales patriotas para evitar que un soldado en estado de ebriedad lograra tan horrendo crimen, ya en la seguridad de Humagata en más de una oportunidad se le oyó decir: "después de aquella tragedia no moriría feliz si antes no empapaba su pañuelo en la sangre de algún insurgente", no se sabe si logro su propósito; el repoblamiento de Arica ya no se produciría  hasta años entrada la república, un viajero de la época que estuvo en la ciudad  el 7 de junio de 1821 señala:

 "Esta ciudad  estaba desierta, y se advertía a cada paso los vestigios de las recientes operaciones militares. Las casa estaban destrozadas, las puertas yacían aquí y allá, en el suelo, los muebles hechos pedazos, los almacenes y despachos divisamos vacíos, desiertos.

Cuando los patriotas atacaron la ciudad, la mayor parte de la población se retiro al interior del país..."[5].

La  requisiciones en la Aduana de Arica reportaron  $78.000 que fueron encontrados en las cajas de esta institución, más trescientos mil duros en mercadería de propiedad española, Oficiales Reales que huían  a Tacna con los archivos de la Aduana  fueron interceptados por un destacamento enviados por Soler a la altura del vado de Chacalluta, llevaban cuatro mil duros lo que fueron quitados. Todo esto fue inmediatamente enviados a bordo debidamente inventariado y emitidos los respectivos recibos;  en el archivo se encontraron documentos originales que comprometían  en contrabando a los buques "Lord Cathcart", "Colombia" y "José", estas naves traían mercaderías de propiedad española remitida  a Arica por comerciantes ingleses desde Río de Janeiro ocultando de esta forma la verdadera propiedad de estos bienes, vulnerando con este ingenio el bloqueo comercial impuesto por los patriotas a los puertos del Pacífico que aun permanecían bajo el dominio de España.

 Días más tarde en Tacna cuando se reúnen todas las fuerzas patriotas la mayor parte de los prisioneros hechos en Arica  incluido  cuatro oficiales realistas son admitido  al servicio de los patriotas en las  fuerzas comandadas por el coronel Miller, aquí se incorpora también el coronel realista  Nicolás Landa, era peruano de nacimiento, había sido gobernador del Partido, fue de gran ayuda al mando patriota, en la capital del Partido  también se sumó a la causa patriota el capitán Abal y su hijo  quien murió un año más tarde en una acción de guerra.

Poco tiempo tuvieron los soldados para reponer sus energías, el mando patriota dispone que el 16 de mayo se inicie la marcha  al interior del Partido con el fin de evitar la conjunción de fuerzas que enviaba el general Juan Ramírez, el vencedor del brigadier Pumacahua, con el fin de "echar al mar a los insurgentes". Ramírez al enterarse de las acciones de los rebeldes en la costa decide enviar  tres destacamentos; uno  de 380 hombres se dirigió desde Arequipa por el camino de Moquegua, donde la columna se aumento en doscientos hombres más, otro destacamento de 320 milicianos salió de Puno  y por último envío un destacamento de 300 soldados desde La Paz,  estas dos columnas venían por el camino de Tarata, el plan era  juntarse en Tacna y de ahí forzar a las fuerzas patriotas a reembarcar por el puerto de Arica.

 

·         "A los bravos de Mirave".

 

El coronel Miller apenas enterado de los movimientos realista, determino atacarlos por separado evitando el encuentro de las fuerzas realistas, con este objeto avanzó  desde Tacna el 17 de mayo para enfrentar las tropas del coronel La Hera que venía desde Arequipa, las fuerzas que acompañaban a Miller ascendían a 420 hombres de infantería, 70 de caballería y una compañía  de 120 voluntarios reclutados en Tacna que pomposamente llevaron el titulo de "Batallón de Independientes de Tacna", la salida desde esta lugar tuvo ribetes del más excelso  patriotismo que demostraban la profunda convicción independentista de los pobladores del valle del "Caplina", confirmando el porque de las rebeliones de Zela y  Calderón de la Barca en los comienzos de la revolución, a diferencias de las sentimientos realistas de San Marcos de Arica, ciudad que se había visto perjudicada por las actividades revolucionarias. Las tropas insurgentes emprenden el camino precordillerano por Sama Grande,  las tropas patriotas acamparon en el lugar llamado "Bella Vista", recuperadas las fuerzas siguieron internándose por el valle del río Sama hasta Sama Grande, localidad de mucha hermosura  con una vista impresionante de los nevados cordillerano y de muy buen clima[6],  en este punto el coronel Miller toma noticias que el coronel realista La Hera cambia de dirección, en vez de dirigirse a Tomasíri desde Locumba y de ahí a Tacna, se desvía a Ticapampa con el fin de sumar rápidamente las fuerzas que bajaban por Tarata, con esta información los patriotas deciden dirigirse directamente a Mirave para cortar la conjunción de las fuerzas Arequipeñas con las de la Presidencia de Charcas. La distancia desde  Buena Vista a Mirave es de unas 18 leguas aproximadas, esta distancia está cruzada por un desierto  pedregoso y en parte por suelos muy arenosos que hacen excesivamente penosa la marcha de los infantes, en el trayecto no existe ninguna aguada que permita al viajero tener el más mínimo solaz, no existen vestigios de vegetación por consiguiente cualquier sombra es algo quimérico, en esta marcha los infantes del 4º Batallón de Chile prueban su valer militar, aquí demuestran que no los amilanan ni la sed, ni el calor abrazador  del día, ni los fríos descomunales de las noches tan habituales en estas pampas; al parecer con este sacrificio querían reivindicares de las atrocidades del saqueo de Arica que les avergonzaba como una mancha, estos  hombres arrancados del fértil valle central de Chile, de las minas de Coquimbo o del valle de Copiapo, demostraran que con un buen comando y disciplina pueden ser los mejores infantes, iguales o superiores a sus pares de las mayores potencias militares de la época.

La mística de las tropas patriotas, incluida las novatas de los Independientes de Tacna, era muy alta, con esta moral caminaban  seguros de su capacidad de triunfo sobre las fuerzas del Rey, aunque las suponían más numerosas, para los protagonistas de esta marcha la experiencia  tuvo un profundo y romántico interés. Miller informado por el coronel Landa de las condiciones  de la marcha había incorporado diez mulas cargadas con ochenta cajones que contenían  botellas con  "aguardiente de Holanda" el que había sido requisado desde las bodegas de la Aduana de Arica, cuando ya se hacia evidente el cansancio extremo de la tropa se decidió hacer un alto donde se repartió el licor con la prudencia del caso, pero en cantidad suficientes para que sirviera de vivificante refrigerio a los agotados infantes, así se continuo la marcha con paso firme y resuelto, Miller solo había manifestado al comandante Landa sus planes, ha modo de evitar cualquier noticia a los realista que perjudicaran los objetivos de la expedición, sólo a dos leguas del lugar de destino los oficiales se enteraron de sus posición, viendo estos que no tenían retirada posible, ninguno dudo de su noble resolución de luchar por la libertad hasta la muerte si fuese necesario infundiendo el mismo espíritu a los hombres bajo sus mandos. La  última parte  de la marcha se efectúo por un paraje de permanente bajada llamado Mal Paso, era un camino de herradura en que sólo cabía uno a la vez inclusive en momentos hasta eso era dificultoso, con mucho silencio y calma los patriotas descendieron hasta  llegar a las orillas del río que cruza el valle de Mirave, este era de poca anchura pero torrentoso y algo profundo,  las tropas de Miller se concentran en un pequeño paraje a la orilla del río con orden de mantener el más absoluto silencio para no alertar a los realista que se les sabía muy cercanos.

 Mirave,[7] era un villorrio,  alegre y pintoresco, estaba situado en una hondonada sobre una pequeña planicie en la unión de la quebrada o valle de Ilabaya con la "Quebrada Seca" que nace de las alturas de Sausane. Con un clima suave tenía una pequeña iglesia donde se veneraba las imágenes de la Virgen del Rosario y a San Juan de Dios, el humilde poblado tenía una cincuentena de viviendas de adobe con techos de paja brava o con totora, también había algunas chozas de carrizo, Mirave albergaba unos quinientos habitantes, su producción eran viñedos, huertas frutales, hortalizas alfalfa y maíz, las plantaciones circundaban el poblado, el camino seguía aguas abajo.

Los realistas confiados de la lejanía de las tropas insurgente habían organizado su vivac con toda holgura, disponiendo las guardias mínimas, sin embargo por la imprudencia de un oficial patriota, que había sido comisionado con cinco soldados y cinco cívicos para reconocer el terreno y fijar las posiciones que se encontraban los realistas, anunció inesperadamente en la madrugada  del 22 de mayo de 1821 la presencia revolucionaria en el valle. Esta avanzada por su excesiva audacia  al introducirse al valle que aun estaba a oscuras, topó con un piquete realista encargado de custodiar unos cuatrocientos animales entre caballos  y mulas que pastaban en una acemilería.

En la escaramuza un oficial  español de apellido Collao y dos soldados fueron hechos prisioneros pero hubo algunos que lograron escapar y dieron la alerta, producto de la sorpresa, de la oscuridad, las fuerzas de La Hera  rompieron un fuego vivísimo pero de muy poca precisión para fortuna del piquete de exploración, uno de los cívicos que andaba muy cerca del enemigo fue hecho prisionero el resto después de responder el fuego de fucilería unas tres veces se retira por la misma senda que habían recorrido, más con espanto que con audacia, lo que provoco cierta hilaridad en el campamento patriota.

Al advertir Miller los fogonazos y  las detonaciones  de la fucilería, los que eran amplificados por la caja de resonancia que  formaba los cerros y la quebrada; imparte ordenes para evitar que cundiese el pánico entre sus huestes, la que gracias a la capacidad de los oficiales se comportan como la circunstancia lo requerían. Son llevados ante el jefe patriota los prisioneros españoles de quienes saca la información precisa para organizar un ataque rápido sin dar tiempo a reflexionar  y organizar nada a los jefes realistas. Los tambores comienzan batir a calacuerda, las cornetas tocaban sin cesar su electrizante llamado al combate, los primeros en estar listo al ataque fue la caballería dirigida por el comandante Soler, seguida inmediatamente por la infantería  que avanza a paso redoblado en columna,  se intenta una carga de la caballería aun en las penumbras antes de la amanecida, esta carga se vio parada por el río, el capitán  Hill  con diez audaces marinos, que se habían sumado a las fuerzas expedicionarias con la autorización del Almirante Cochrane,  fueron los primeros en cruzar el río, la caballería logra salvar el torrente y carga con toda fuerza  sobre el punto que provenían los disparos realistas, pero es rechazada, teniendo que reorganizarse en el vado, una partida de coheteros a cargo del capitán Hind fue destacada en un pequeño lomaje a la izquierda de las fuerzas realistas con la misión de llamar la atención de los soldados del Rey, con el mismo objeto se mando una partida de infantes al ala derecha, los objetivos tácticos  se cumplieron plenamente ya que los realistas mantuvieron un fuego cerrado sobre estos dos puntos  sin provocar mucho perjuicio  a los estoicos destacamentos patriotas que respondían  con vivacidad el fuego enemigo; Miller con el grueso de la tropa permaneció en el bajo del valle sin  ser visto por el enemigo a pesar de estar a tiro de fusil, gracias a la existencia de unos matorrales y a la oscuridad reinante; en este lance  los infantes patriotas cruzan el río en la grupa de los caballos, al capitán Hill se le destina a ocupar un pequeño bosquesillo muy cerca de los parapetos improvisado de los realistas que no atinaban a moverse de sus posiciones, las ordenes para el valiente marino  y sus hombres era que se mantuviese en esa posición a como diera lugar sin disparar un tiro pero sin dejar pasar  a ningún enemigo, mientras Miller organizaba su infantería, el capitán Plazas con su destacamento fue el primero encargado de romper los fuegos contra el enemigo que se encontraba parapetado en las innumerable pircas de piedras  que servía de cercos a las sementeras. El valiente capitán Plaza, que poseía un especial buen humor, avanza con sus hombres sobre los españoles, estos no sabían  que sus enemigos ya habían cruzado el río, la sorpresa permitió desalojar a estas fuerzas  de las primeras posiciones  obligándolos a refugiarse en una segunda línea donde responden al fuego patriota, la escaramuza de este sector se mantuvo por el resto de la noche, en la maniobra perdieron la vida un oficial y diecisiete soldados  defensores de la Independencia.

Mientras ocurrían estos hechos Miller se desplaza con el grueso de la  infantería a una meseta para preparar el ataque principal a las primeras horas del día, mientras se mantenían el intercambio de disparos los insurgentes tuvieron tiempo de permitir al ganado pacer a sus anchas en este paraje, los soldados con sus fusiles a entrepierna y bayoneta calada descansan en permanente alerta, cuando los crepúsculos del amanecer comenzaron a clarear a la vistas de las primeras filas patriotas se veían  claramente los  morriones de los soldados realistas, con esto el comandante patriota ordenó tomar una nueva posición a su infantería que fuese mas favorable al ataque, esta maniobra se realizo en perfecto orden y silencio no siendo percibida por los españoles, la caballería hizo lo propio, descansada  y alimentada formó junto a la infantería una  línea paralela a las fuerzas  del Rey, los contrincantes estaban al iniciarse la batalla a dos tiros de fusil esa madrugada del 22 de mayo, el campo de la lid era de unos 800 metros de ancho por unos 1500 de largo, el comandante  Miller dispone rápidamente el ataque no dando tiempo de reacción a las fuerzas de La Hera; el ataque fue tan brioso, disciplinado y corajudo, seguido siempre por el chivateo de guerra típico de la guerra de Arauco, que hizo retroceder a los infantes realistas a sus posiciones iniciales donde había acampado durante la noche; la infantería patriota y la caballería comandada por Soler empujan a sus adversarios hasta la extremidad de una meseta que se encontraba cortada por un barrancón que daba al río, aquí la resistencia de los realista se prolongo por espacio de una hora pero fue inútil. Las fuerzas del coronel La Hera fueron diezmadas aquella mañana 90 muertos 180 prisioneros en su mayoría heridos fueron las bajas anotadas, alcanzaron a escapar unos 160 soldados con unos 120 caballos, en poder de los patriotas quedaban unas 300 bestias entre caballos y mulas.

Cuando recién terminaba la refriega se presento en el campo de honor las tan anheladas fuerzas de La Paz y de Puno, las que pretendía cruzar el río por el mismo vado que lo habían hecho los patriotas, con la diferencia que lo hacían  a la luz del día y con un ejército al frente en armas. El coronel Miller manda dispararles unos cohetes y hace una amago de ataque, acciones que obligan a contra marchar a las fuerzas de refrescos de los realistas,  con cierto desorden se efectúa la retirada de los recién llegados combatientes, lo que aprovecha Miller para enviar la caballería en su persecución provocando la desbandada generalizada de los enemigos de la causa patriota.

En esta acción de Mirave los soldados del 4ª Batallón de Chile demostraron  ser excelentes infante orgullosos herederos de sus antepasados españoles y mapuches que ya se enfrentaban por tres siglos en las guerras de Arauco, se destacaron por su valor celo y amor a la patria en esta acción los capitanes  Maruri, Aramburú y Azarga, también se destacaron por su valor y celo en el cumplimiento del deber los tenientes Domínguez, La Tapia, Vallejos, Suares y Correa, también tuvieron  una actuación destacada y heroica el capitán de marina Hill y capitán Hind estos dos últimos ingleses al servicio de la causa americana,  en  Mirave muere  el cirujano particular de lord Cochrane, Mr. Welsh quien voluntariamente había ofrecido sus servicios para acompañar al coronel Miller y sus hombres; el fallecimiento de este medico provoco gran consternación entre los rudos soldados que reconocían en el cirujano sus dotes de abnegación y humanidad.

Las fuerzas patriotas siguieron en la tarde del 22 de mayo  la persecución de los pocos soldados realista que habían logrado escapar  hacia Moquegua, cuando ya caía el crepúsculo llegan las avanzadas patriotas  a Locumba donde hacen un alto para reagrupar las tropas triunfadoras de Mirave y dar un merecido descanso a los hombres que ya a esas horas estaban extenuados por la batalla y la larga persecución a las vencidas tropas realistas, en esta localidad las fuerzas expedicionarias fueron recibidas con gran alborozo por  los habitantes de Locumba, estos había adscrito a la causa patriota desde las primeras manifestaciones de  1810, por lo que concurrían ante los agotados soldados con víveres  y distintas raciones de alimentos, satisfechos  los esforzados soldados en su  carpanta  se les otorgo tres horas para dormir en tan acogedor lugar.

El  día 24 de mayo en la mañana, después de una penosa marcha, llegan las fuerzas patriotas a Moquegua[8] que por esa época contaba con unas tres mil almas, su  arquitectura urbana de características muy hispana, la mayoría de sus casas tenían el típico techo de "mojinete", en el conjunto urbano destacaba la iglesia de Santo Domingo, lugar santo donde descansan desde  el 8 de octubre de 1793 los restos de santa Fortunata. Las fugitivas fuerzas realistas sólo habían llegado unas tres horas antes de la entrada de los patriotas al pueblo de Moquegua, el coronel La Hera ignorante de la proximidad de sus adversarios continuó hacia Puno dejando una pequeña fuerza a retaguardia. El primer patriota en entrar a Moquegua fue el teniente  Vicente Suares con unos 20 Dragones, los que al momento empiezan a escaramucear con los españoles, estos, se retiraban en orden, el enfrentamiento entre las avanzadas patriotas y la retaguardia realista dio tiempo para que llegase el comandante Soler con el resto de la caballería, el jefe patriota organiza una carga a una media milla de distancia a las afuera del pueblo, provocando la derrota absoluta de la retaguardia de La Hera, en la refriega murió un oficial español y 13 soldados realistas el resto fue hecho prisionero, el gobernador de Moquegua en esa época era el coronel Portocarrero quien  se pasó a las fuerzas patriotas.

Moquegua recibió  en forma afable a las tropas patriotas comandadas por el coronel Miller, estos pobladores facilitaron los medios en forma voluntaria para que los soldados se recuperaran de las duras jornadas vividas desde la salida de Tacna el recién pasado día 16 de mayo, la permanencia de Miller y su ejército en Moquegua les permitió recuperarse física y moralmente, las optimas condiciones  del ejército patriota no podían ser mejores para continuar combatiendo a sus adversarios realistas. El 25 de mayo los jefes patriotas se enteran que unos trescientos realistas comenzaban a concentrarse  en las alturas de Torata a unas cinco leguas al interior de  Moquegua, estas fuerzas partidarias del Rey eran los remanentes sueltos que habían quedado después de la batalla de Mirave, en su mayoría perteneciente a los contingentes enviados por el general Ramírez que provenían de Puno y La Paz.  Miller dispuso la salida de unos 140 infantes montados en mulas y de una partida de caballería para dar batalla a la concentración realista de Torata, las tropas enviadas por Miller llegan a su objetivo después de 12 horas de marcha, el  día 26 de mayo. Sin que  los realistas presumieran la cercanía de sus adversarios reposaban y daban de pastar al ganado, el coronel La Hera desaprovecha de este modo las ventajas tácticas que hubiese  obtenido  usando la cuesta de las Angeles como atalaya, la que virtualmente es considerada una fortaleza inexpugnable para un general con un poco de conocimientos del arte de la guerra. Al presentarse las tropas patriotas por sorpresa en el llano de Torata, los hombres de La Hera apenas alcanzan a ensillar y ponerse en retirada pero a dos leguas  de distancia  del primer lugar de contacto, los patriotas les dan alcance, haciendo prisioneros a la mayoría y dispersando al resto, quedando en plena derrota  una vez más las tropas defensoras de la dominación hispana.

El 29 de mayo  los triunfadores de Torata están de regresos en Moquegua, son recibidos con gran algarabía por la población y por sus compañeros que había quedado de guarnición en la ciudad, la posición militar de los expedicionarios no era  de lo mejor y se exponían a un ataque realista más numeroso que no podrían resistir, además las tercianas nuevamente comenzaban a perseguir a los contingentes patriotas por lo que el coronel Miller después de un consejo de guerra  decide iniciar la retirada hacia Arica, el 4 de junio dispone el desplazamiento de sus fuerzas hasta La Rinconada a unas 5 leguas aguas abajo de Moquegua, el mismo día se entera que  el coronel La Hera rearmado y con refuerzos enviado por Ramírez desde el altiplano baja de Candarave por Tarata  a Tacna con el fin de cortar la retirada de la expedición, asimismo El general Ramírez se acantona en Arequipa con unos 900 hombres con el fin de caer sobre Miller aprisionándolo entre él y las fuerzas de La Hera que bajaba a Tacna.

El 7 de junio  el mando patriota  dispuso la marcha de la infantería hasta el valle de Locumba,  el 8 de ese mes se concentraba  la totalidad de las fuerzas patriotas en Sitana, pequeño poblado del valle a dos leguas de las pampas de Camiara, lugar que años antes se habían batido las fuerzas patriotas de Enrique Paillardelle con los realistas enviados desde Arequipa por el Intendente José Gabriel Moscoso, sólo quedaba a retaguardia patriota una partida encabezada por el teniente La Tapia que tenía ordenes de acercarse lo que creyese prudentes hasta lo más próximo a Arequipa[9], desde Sitana  el 10 de junio el grueso de las fuerzas expedicionarias patriotas  continuaron su retirada desplazándose con destino al valle de Sama, mientras que Miller con una partida de caballería se dirige transportando a una treintena de enfermos para ser embarcados  en tres pequeñas naves enviadas desde Arica  a Ilo por Lord Cochrane con el propósito de auxilio en caso de ser necesario,  después de cruzar un sinuoso desierto el puerto de Ilo les pareció  una gran ciudad, a pesar de que por esos años sólo era un lugar de pescadores con unas cuantas casa de adobe principalmente y algunas chozas pero que brindaban buen refugio a los sedientos y cansados viajeros toda vez que la caravana era integrada por un número importantes de enfermos, una vez verificado el  embarque de los indispuestos soldados y recibidas la correspondencia enviada por el  Almirante, el jefe patriota da algunas recomendaciones al alcalde del puerto y se retira con su partida de caballería al encuentro de la división  que le espera en el valle de Sama.

Las fuerzas patriotas entran en gloría el 14 de junio a Tacna siendo recibidas con gran afecto por sus habitantes dando muestras de orgullo por el comportamiento de sus hijos en la incursión a tierras Moqueguanas, los que habían integrado el "Batallón de independientes de Tacna", el coronel Miller  hace cuartel en  Tacna desde donde envía  una partida de guerrilla para intimar la rendición al gobernador de Tarapacá, mantiene una avanzada en Moquegua y otra en Ilo manda una avanzada a doce leguas de Santiago de Machaca en el Altiplano manteniendo un control de 100 millas de largo de sur a norte por treinta de este a oeste, en estas posiciones encuentra el armisticio de Punchauca a las tropas expedicionarias de la incursión de Almirante Cochrane a  los puertos intermedios; recibida la noticia  del armisticio por el Lord,  este se  da vela al norte el 2 de julio para entrevistarse con San Martín.

Las fuerzas patriotas fueron aumentadas en el transcurso de las operaciones producto de la deserción realista como del sentimiento patriota  que crecía día a día en la juventud de los poblados que  entraban en contacto con los revolucionarios, como también el parque se aumento considerablemente con las armas que habían sido posibles capturar a los realistas; sin llegar ha ser suficientes para mantener las posiciones logradas por mas tiempo. Los objetivos de lord Cochrane cuando se aproximo a las costas de Arica en mayo era mucho mayor que el de hacer una mera incursión con algunas escaramuzas contra de las fuerzas leales al Rey, el comandante en jefe de la Escuadra chilena en reiteradas oportunidades  solicito al gobierno chileno los recursos necesarios para proseguir con toda la operación realizada entre Arica y Moquegua llegando a afianzar la conquista estos territorios con la captura de Arequipa, sin embargo su peticiones no fueron atendida perdiéndose la inmejorable posición de las fuerzas comandadas por el coronel Miller al iniciarse el armisticio.

Antes del fin del armisticio el coronel La Hera  avanzó con mil hombres desde Santiago de Machaca localidad ubicada en el Altiplano cercano al lago Titicaca, por Candarave, Ilabaya, tomando posesión de Moquegua, la justificación dada por los realistas a esta maniobra fue la requisición de trigo de propiedad española, efectuada por lord Cochrane en el puerto de Mollendo durante la suspención de armas.

El jefe Español anuncia el 15 de julio la reanudación de las hostilidades, ante este nuevo escenario el coronel Miller  llama a todo los destacamentos  dispersos a lo largo  y ancho del Partido de Arica, concentrando sus tropas en Tacna, una de las primeras medidas que toma es el traslado de los enfermos a la ciudad de Arica, además son enviado la mayor cantidad de pertrechos precaviendo una larga resistencia antes de reembarcar en el puerto, se mando llamar a los transporte que se encontraban en Ilo, pero estos no pudieron llegar a destino  por que sus capitanes no pudieron ganar el barlovento, dejándose llevar a sotavento regresaron al norte.

Ante el inminente abandono por parte de las fuerzas  patriotas de la zona, muchas familias que habían abrazado la causa de la independencia, negándose a someterse al yugo español y temerosos de las represalias por parte de los del partido del Rey,  emigraron para el norte  a ponerse al amparo del general San Martín, entre los emigrantes se contaron la familia moqueguana de don Agustín Zapata, las tacneñas Landa,  Lazos y De Potrillo y muchas otras que embarcaron por el puerto de Arica; muchos se resignaron a quedarse por falta de medios o simplemente por el sentimiento de defender sus heredades como don Enrique Solar, don Nolberto Boteler ambos habían  dado con esmero  servicios y destinos a las fuerzas expedicionarias. El 19 de julio la infantería patriota marcha desde Tacna  a Arica, dejando en el hospital de la ciudad a diez soldados que por su condición de salud era imposible el traslado, mostrando estos un gran estoicismo al saber lo que tendrían que enfrentar a la entrada de los realistas, el 20 de julio parte de Tacna la caballería y los últimos soldados patriotas encabezados por el coronel Miller, la despedida del pueblo de Tacna fue de gran emoción y sentimientos patrióticos, el pueblo tacneño se volcó al paso de las tropas acompañándolos hasta las afueras de la ciudad camino a Arica, desapareciendo las huestes revolucionarias en el horizonte sólo acompañados por los ecos de los últimos vivas a la patria, unas cuatro horas después de estos acontecimiento ingresó el coronel La Hera con las falanges realistas tomando posesión de la ciudad.

Las tropas del coronel Miller  demoraron trece horas en cubrir la distancia desértica de once leguas que separa Tacna del vado de Chacalluta, lugar donde se armó el vivac para dar descanso a los extenuados soldados después de la dura caminata por las salitrosas pampas de "Los Palos", "Escritos" y "Chacalluta". El vado esta ubicado al inicio del estuario del río Lluta; río Salado o río Azufre como era mencionado por los años de la revolución en algunas cartas confeccionadas principalmente por geógrafos ingleses o franceses. En la época del año en que ocurren los acontecimientos narrados, el flujo de agua, considerando torrentes en zonas desérticas, es de regular intensidad, normalmente el Lluta  tiene en su cause entre los meses de abril a junio  un promedio de 906 Ltrs./seg. ; este río es uno de los pocos que lleva el vital  líquido  durante todo el año hasta el mar, pues, la mayoría  de los ríos de esta parte de Sudamérica terminan consumiéndose en las arenosas cuencas sin  lograr llegar al océano, con excepción del periodo de las lluvias estivales de la alta cordillera.

El vado de Chacalluta era un lugar donde confluían las caravanas que bajaban del altiplano por el valle de Lluta y las que usaban la ruta de Tacna. Este paraje era un remanso en el desierto donde crecían Chilcas, Chingoyo, Colas de Zorro, Junquillos, Totoras y otras especies vegetales, había algunas extensiones cultivadas con alfalfa que proporcionaban forraje a los animales, se cultivaba maíz el que era parte importante de la dieta humana  de la comarca;  las aguas del Lluta son algo salobres pero que permiten  saciar la sed de los animales, para el consumo humano se utilizaban filtros confeccionados en piedras volcánicas o en tinajas de greda cosida, en este lugar que parecía idílico en medio del desierto los patriotas recuperaban fuerzas incluso algunos  soldados con las enseñanzas  de los lugareños concurrieron a la playa cercana para extraer "machas" (molusco bivalvo comestible) otros extrajeron el apetecible camarón, abundante  en este río.

 El coronel Miller y parte de su Estado Mayor continúan viaje a Arica distante a dos leguas de Chacalluta para  preparar el reembarco de los expedicionarios. Mientras tanto el coronel La Hera con sus oficiales convencidos por los vecinos de Tacna que el jefe patriota  estaba decidido a ofrecer una seria resistencia batiéndose en el campo de honor, tomo la decisión de hacer descansar su mesnada por  unas 24 horas, ya que venían extenuados luego de la larga jornada de travesía por los desiertos que separan  Moquegua de Tacna, este tiempo  fue fundamental para que los patriotas lograran su objetivo de reembarcar para el norte.

Miller contaba con tres pequeños barcos para embarcar su tropa los que eran escasos, pues, como  se ha dicho las fuerzas expedicionarias habían aumentado considerablemente con los voluntarios y algunos prisioneros patriotas de campañas anteriores que habían sido rescatados  de los realistas en el transcurso de la incursión; como era de esperarse el gobernador de Arica coronel Gago hacia todo los esfuerzos para dificultar la retirada de las fuerzas patriotas, para ello había enviado a dos emisarios a bordo de una  goleta estadounidense de trescientas toneladas que se encontraba surta en la bahía[10], la misión encomendada por el gobernador Gago a los emisarios  fue confirmar la neutralidad del capitán, ya que Estados Unidos no era país beligerante en el conflicto de las colonias hispanoamericanas. El capitán recibió de buen agrado lo propuesto por Gago ya que se encontraba muy disgustado por el embargo que había sufrido por parte de la flotilla del Almirante Cochrane   en su permanecía  en el puerto de Arica.

Al aproximarse Miller y su Estado Mayor con una pequeña partida de caballería las autoridades realista de Arica abandonaron la ciudad dejando el campo libre a los patriotas. Miller informado del acontecimiento aborda sin más retraso y sin escolta la nave estadounidense que se encontraba a punto de zarpar, el jefe patriota ofrece las más ventajosas condiciones para que la nave sirviese de transporte  a su gente en momentos de tanta aflicción, sin embargo estas proposiciones no fueron acogidas en forma obstinada por el capitán de la nave, al pasar el coronel Miller por el alcázar de la nave en animada conversación de convencimiento  reconoce a algunos marineros que habían servido con él en la escuadra chilena, gente que guardaba gran respeto y gratitud por el jefe de la expedición, esta tripulación había seguido con gran interés lo que se resolviera, el coronel inglés al servicio de la causa  de la emancipación les dirige unas pocas palabras a la gente de mar con emoción y respeto por lo  que sensibilizó a su favor a la tripulación, logrando con esto romper el escollo de resistencia que había encontrado en el capitán de la nave, el oficial herido en su orgullo abandono la nave, haciéndose cargo de ella el piloto, este acontecimiento permitió que de inmediato se iniciaran las actividades para el embarque de toda la tropa, el trabajo fue continuo, la escasa población de Arica que quedaba en la ciudad en su mayoría  negros de la "Lumbanga" cooperaban con entusiasmos con los patriotas ofreciendo bebidas calientes y aguardiente para soportar mejor las frías aguas del mar en especial en la noche cuando oficiales y tropas de igual a igual trabajan en el embarque, era necesario enviar a bordo leña, agua dulce,  provisiones de todo tipo, incluido  cincuenta novillos que se despostaron y salaron en tierra para repartirlo  el los buques de transporte, la última lancha salió pocos minutos antes de la entrada el coronel La Hera con su gente al puerto, el embarque se había hecho aun más  dificultoso ante la presencia de unos cien emigrantes que no pudieron dejarse abandonados a merced de los realista, las tropas leales al Rey como a las cinco de la tarde del día 21 llegaban a la ciudad viéndose a esa hora  las primeras avanzadas a unas cinco leguas de Arica.

Antes de zarpar las naves el jefe patriota mando un bote con un parlamentario para solicitar a los jefes realistas humanidad en el trato a los soldados enfermos que habían quedado en Tacna y reclamar humanidad para aquellos que habían  cooperado con las fuerzas invasoras, así a las 2 de la tarde del día 22 de julio de 1821 levan anclas los buques  de la escuadra patriota haciendo velas al norte cargados de orgullo por las heroicas jornadas cumplida a favor de la libertad americana, al revisar los partes de guerra no se puede dejar de destacar el valor y el celo con que se comportaron  cada uno de los miembros de la expedición sin importa la nacionalidad que tenían fuesen ingleses, estadounidenses, europeos argentinos, chilenos e inclusos algunos españoles, lo común era su amor a la libertad de esta América morena, destacan nombres como el coronel Landa, el Capitán Aramburu, el  capitán Carreño, el Teniente Suares, y el auditor de guerra el Dr. José Lazo.

Los miembros de la expedición fueron premiados con el título de "A los Bravos de Mirave" leyenda que por decreto se les autorizo llevar en la bocamanga izquierda de sus uniformes, estos soldados chilenos del “4º Batallón de Chile” que dieron gloria a su naciente patria recorriendo en victoria las arenas salitrosas entre Moquegua, Tacna y Arica, tuvieron por legítimos  herederos a los bravos soldados que vestirían de gala  el altar de la patria con laureles de heroísmo, de honor y de gloria, 59 años más tarde en el glorioso Morro de Arica.




[1] William Miller, soldado inglés que sirvió a la causa patriota, había nacido en Wingham, condado de Kent, Inglaterra en 1795, Ingresó en el ejército británico  combatiendo en la campaña de Wellesley, futuro duque de Wellington, contra las fuerzas napoleónicas, fue el único oficial que estuvo desde la salida de la escuadra Libertadora del Perú desde Valparaíso hasta Ayacucho, sirviendo en consecuencia  bajo las ordenes de San Martín y Bolívar. Murió en 1861 a bordo de un buque en el Callao, cuando regresaba al Perú.

[2] La costa sur de Arica considerada desde el Morro hasta las cuevas de "Anzota" esta formada por las siguientes playas o caletas de norte a sur: "El Infiernillo", "El Laucho" , "La Lisera", "Playa Brava", "Arenillas Negras",  "Playa Miller", "Playa de los Gringos", "Caleta Quiani", "La Capilla" esta para los naturales era la "Chacacota", "Playa Corazones" y finalmente "Punta Paloma" o "Anzota", la playa "Los Gringos" la bautizo el decir popular ariqueño como recuerdo del desembarco efectuado ahí por Cochrane y Miller (los dos de nacionalidad Inglesa "los gringos") hoy desaparecida por la instalación de industrias pesqueras sólo se conserva la playa "Miller" al lado norte de la pesquera "Coloso".

[3] Traducción del general español  José María Torrijos.

[4] Este promontorio que es parte de la cadena de cerros que conforman el Morro de Arica, tiene una Cruz y de ahí su nombre, las cruces en los faldeos de los cerros en la región obedece a una costumbre ancestral de ritos a la "Pachamama" de las culturas precolombinas, que los misioneros españoles reemplazaron con la festividad de la Cruz de Mayo.

[5] Basil Hall

 

[6] Sama  significa "lugar de descaso"

 

[7] Mirave, fue sepultado por la avalancha que se produjo el 27 de febrero de 1927, del pueblo sólo quedo un gran "pacae" (árbol típico de esta zona precordilleranas)  donde varios habitantes del poblado cordillerano lograron salvarse, ese año hubo grandes inundaciones en todo el sector centro andino con motivo  de las lluvias estivales.

[8] Moquegua fue fundada el 25 de noviembre de 1541 como Santa Catalina de Moquegua, siete meses después de la fundación de San Marcos de Arica, en el siglo  XVII recibe el nombre de "Villa de Santa Catalina de Guadalcázar" como honor al Virrey Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, el 19 de enero de 1923 se le da el rango de "Ciudad de Moquegua", "Muki Wa" la denominaron de remotos tiempos  la población de origen pukina  anterior a la dominación inca.

[9] El teniente La Tapia protagonizo una audaz aventura  en esta misión, llegando hasta la propia capital de la Intendencia, logrando entrevistarse con el propio general Ramírez quien le atendió con deferencia respetando una supuesta misión de parlamento encomendada por Miller  a propósito de la tregua pactada  por San Martín y el Virrey La Serna en  Punchauca el 23 de mayo de 1821, saliendo airoso este valiente oficial de la intrépida incursión que hiciera al corazón mismo de las fuerzas realista del sur del Bajo Perú.      

[10] El Gobierno de los Estados Unidos observó con mucho interés los eventos políticos y diplomáticos que se sucedían en las colonias hispanoamericanas que buscaban la independencia de España, nombró desde muy temprano agentes diplomáticos para la región (Mr. Joel Roberto Poinsett, cónsul en Chile en 1812 y vice cónsul fue Mr. Matheo Arnoldo Hoevel) y encomendó a su Armada estudiar e informar periódicamente sobre la situación, asimismo proteger los intereses de sus conciudadanos y garantizar el libre comercio en la región. Para cumplir este mandato la Marina dispuso la organización del "Escuadrón del Pacífico" que se hizo cargo de navegar y vigilar las costas desde Guayaquil hasta Valparaíso entre 1817 y 1825.