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Capitulo V

Derrotas del Ejército “Libertador”

·         Expedición a Puertos Intermedios

 

El Virreinato del Perú  comienza su ocaso definitivo en 1821, este fue un año que marcó el desconcierto en el mando realista, el pronunciamiento de Guayaquil, la perdida de la fragata “Esmeralda”, la posesión de Huaura por parte del ejército Libertador, el levantamiento de Trujillo, la defección del campo realista del Batallón "Numancia" que se incorpora de lleno al bando patriota, fueron alguno de los hechos quizás más relevantes que hicieron que los altos mandos del partido del Rey responsabilizaran del fracaso al Virrey de la Pezuela, culpándolo de timidez e ineptitud para dirigir las difíciles horas que pasaba esta principal posesión española en América. Todos estos acontecimientos impulsaron el cambio de Virrey, el relevo de la autoridad colonial se hizo el 29 de enero de 1821 con la mayor discreción, el pueblo de Lima sólo sé entero cuando fue publicado el bando que mandaba reconocer al nuevo Virrey habiendo sido nombrado el general José De la Serna, la corte aprobó lo obrado con fecha 29 de junio de ese año; de esta manera este alto oficial español se transforma en el 40° Virrey del Perú desde  Blasco  Núñez Vela[1], y además en el último en ocupar esa responsabilidad. El reemplazo en el gobierno del Virreinato significó para el curso de la guerra la modificación de la estrategia utilizada hasta ese momento; dominando ahora el criterio estratégico sustentado por La  Serna, José Canterac,  Juan Ramírez y  Jerónimo Valdés, entre otros, que consistía principalmente en hacerse fuerte  en el interior del Virreinato aprovechando los recursos que brindaban la Sierra Central y todo el Alto Perú, para desde ahí expulsar al ejército de San Martín que estaba inmovilizado en la costa.

Por otro lado en el bando patriota las cosas no andaban mucho mejor,  a pesar  de la entrada de San Martín el 10 de julio de ese año a Lima y la posterior proclamación de la Independencia el 28 del mismo  mes, el bando patriota mostraba evidencias de agotamiento y mostraba una falta creatividad en el mando, se debatía en la más absoluta vacilación, había discrepancias entre sus altos jefes; la más perjudicial quizás era la fuerte desavenencia que había entre el jefe de la Escuadra, el inglés  Cochrane, con  el general San Martín; las intrigas del almirante Guise en contra de lord Cochrane,  la actitud siempre siniestra e intrigadora de Monteagudo, fueron complejidades que significó alargar la guerra por 3 años más, provocando al final la caída de José de San Martín en septiembre de 1822, terminando la obra de liberación del Perú del dominio español el Libertador Simón Bolívar.

El 26 de abril de 1822 el ministro del "Protector"  general José de San Martín; don José Bernardo De Tagle, marqués de Torre-Tagle, decreta la creación de 11 Departamentos como división administrativa de la nueva república del Perú, esta división respetaba las antiguas Intendencias del Virreinato y tenían por finalidad la elección de representantes para la asamblea constituyente, la Intendencia de Arequipa pasa a denominarse Departamento de Arequipa, así el Partido de Arica formó parte de su jurisdicción, esta designación fue meramente nominal ya que todo el Departamento aún obedecía a la autoridad del Virrey.

Siguiendo el plan estratégico dejado por José de San Martín para las fuerzas patriotas, la Junta de Gobierno decide iniciar la campaña que fue  denominada “Expedición a puertos intermedios”. La Junta Gubernativa era presidida por el Mariscal José de la Mar quien había reemplazado al “Protector” en el mando del Perú.

La Junta de Gobierno de Lima encomienda a un ejército con 4.000 plazas aproximadas iniciar una nueva intentona por dominar Arica, en octubre de 1822 sale del Callao el pomposamente llamado Ejército “Libertador” que ha esas alturas no era más que un espectro del ejército que había salido de Valparaíso con San Martín en agosto de 1819. El comando en jefe de las fuerzas terrestres es asignado al general salteño (argentino) Rudencindo Alvarado, el 60 % de este ejército ya eran reclutas peruanos el resto argentinos y un menor porcentaje chilenos, esta expedición desde sus inicios tuvo que enfrentar un sin número de dificultades las que no cesaron hasta llegar a destino, la principal de estas de estas dificultades fue sin duda alguna la inexperiencia de la mayor parte de sus jefes y oficiales, tanto los de tierra como los de mar.

Después de grandes esfuerzos los expedicionarios logran embarcarse en el Callao rumbo a los puertos intermedios, la escuadra estaba bajo el comando del almirante Martín Gregorio Guisé, esta escuadra   estaba a tan mal traer que a 48 horas de su partida la fragata  “Independencia” tenían sus bodegas inundadas con casi siete pies de agua obligando a  salvar en botes a los 400 soldados que llevaba a bordo, la incompetencia de los oficiales de marina provocan una serie de incidentes en la navegación, lo que no hacia más que confirmar la impericia en el arte de navegar a vela en esta agua del Pacífico, uno de los incidentes que podrían ilustrar la ineptitud de los mandos navales fue  la colisión del “Mackenna”  con la “O’Higgins”, también se podría mencionar como ejemplo de la ineptitud de los mandos de la expedición patriota, la  escasa dotación de agua dulce en los barcos, lo que mostraba el tremendo descuido en que se había caído en el aprovisionamiento de la expedición;  la distancia entre Callao y Arica la hicieron en el extremo de tiempo que representan 57 días de penosa navegación, arribando recién  el 3 de diciembre a la bahía de Arica, los barcos fueron recalando uno a uno en total desorden ya que durante todo el trayecto fue imposible mantener el convoy, los sorprendidos ariqueños miraban con intranquilidad  y estupor estos barcos que se iban posesionando frente a sus costas, presentían que las naos de guerra y transporte que fondeaban frente a su litoral traerían nuevas penurias a los habitantes de la ciudad del Morro pues aún mantenía en la memoria colectiva el día del desembarco del coronel Miller a poco más de un año atrás, cuando se produjo el saqueo de la ciudad, la diferencia del desembarco del inglés,  con la invasión de Alvarado radicó en que este último no se hizo por sorpresa, para fortuna de los ariqueños. Las fuerzas del ejército “Libertador” se vieron favorecidas para sus operaciones militares por que las autoridades  realistas no podían oponer una fuerza importante en el puerto de Arica ya que los esfuerzos de guerra estaban  concentrado en el interior del Virreinato y no en la costa, por lo que cuando fondearon las naves de la escuadra del almirante Guisé en la bahía no hubo ninguna resistencia, la única  dificultad que tuvieron fue su propia ineptitud para realizar un desembarco ordenado y rápido, con esto los habitantes del atribulado puerto tuvieron tiempo suficiente para sacar todos los enceres y especies de valor de sus casas llevándolas al interior de los valles de Azapa y Lluta en un desesperado intento por huir del saqueo y del pillaje que temían que se produjese tal como había ocurrido en el desembarco de Miller, esta maniobra  fue observada desde los buques surtos en la bahía  como si se tratase de algo normal de tiempos de paz, el desembarco sé hizo con tal lentitud que cuando pusieron pie las tropas invasoras en la ciudad, esta se encontraba totalmente despoblada solamente habían quedado  los frailes de San Francisco, los de la Merced y dos curas de San Juan de Dios que cuidaban a cuatro enfermos en el vetusto hospital, la única autoridad civil que quedo fue el Alférez Real don Cayetano  Ramírez de Oviedo  quien rindió la plaza sin resistencia, de esta forma las tropas de Alvarado comenzaron a pisar tierra ariqueña y a ocupar las instalaciones de aduana e instalaciones militares que existían cerca del desembarcadero, también ocuparon  unas rancherías que pomposamente denominaron “instalaciones militares” que existían en la “Pampa del Astillero" y parte de los conventos de San Francisco y de la Merced, haciendo una pequeña guarnición en la isla del Alacrán, el mando del ejército se ubicó en el  todavía inconcluso edificio del Ayuntamiento ubicado al costado norte de la plaza es decir al nordeste de la basílica de San Marcos. Si bien es cierto que en esta oportunidad no hubo pillaje por parte de las tropas patriotas, fue un problema para los residentes de Arica la presencia de 3000 almas, en esos momentos para la ciudad de Arica se estima una población de unos 2500 habitantes, la manutención  de este ejército  por casi un mes de inactividad significo que se le fijasen cupos en víveres a  lo que se estimo vecinos más acaudalados del valle de Azapa y de Lluta y de la Chimba, se enviaron comisiones para cobrar estos cupos a Codpa, Putre y Belén, se les impuso empréstitos forzosos a las familias de los “Trajineros” más afamados del puerto.

El general Alvarado estando ubicado ya en su cuartel general del ayuntamiento de Arica convocó a un Consejo de Guerra a los oficiales de mayor graduación y considerados de mayor experiencia, entre los que se encontraba el coronel William Miller, después de un largo debate y ante la clara pesadumbre del jefe argentino por las responsabilidades de comando que le recaía sobre sus hombros pide el consejo del coronel  inglés, sugiriendo este un plan táctico que contemplaba tomar en el acto la iniciativa ofensiva sobre Arequipa, y de inmediato sobre La Paz o Potosí, destacando la urgencia de no perder más tiempo en la inmovilidad y señalando que una vez tomada la decisión sobre el plan nada lo modificase, es bueno señalar una vez más que este jefe militar a poco más de un año atrás había hecho una acción portentosa en el mismo escenario con una pequeña fuerza de sólo 400 hombres integrada en un 90% por el batallón Nº 4 de Chile que ya orgullosos podían lucir en su bocamanga la leyenda  "A los bravos de Mirave".

El comandante en Jefe Alvarado muy lento en sus decisiones mantuvo sus tropas por 20 días en la costa  para pesadumbre de la población de Arica, durante ese tiempo los patriotas de Tacna mantuvieron relaciones y contactos permanentes con el ejército "Libertador" permitiendo de esta forma que la población de dicha localidad no sufriera lo de la población ariqueña lo que originó a su vez  que las tropas de la Junta de Gobierno fuesen  esperadas como una verdadera fuerza de liberación en la ciudad del "Caplina", sin embargo el tiempo perdido sirvió para que el bando realista  pudiese enviar información a  al General  Jerónimo Valdés que operaba en la zona con unos 2500 hombres y permitió que el general José Canterac se trasladase desde Huancayo a la zona de operaciones con otros 2400 hombres.

La salida de Arica  hacia Tacna del ejército de Alvarado el día 23 de diciembre fue como si partiese a un ejercicio de campaña, daba la impresión que volverían al atardecer a sus cuarteles ariqueños y no mostraban  ni la fuerza ni el espíritu aguerrido del inicio de una acción bélica verdadera, las tropas patriotas toman  el camino real que pasaba por las "Chimbas", "Chinchorro",  para perderse en las arenas de Chacalluta, llamando la atención de los partidarios del bando del Rey que las fuerzas expedicionarias dejaran gran parte del parque y vituallas en Arica, estuvieron en permanente estado de observación por si se producía algún movimiento en este aspecto logístico tan vital para cualquier ejército, pero nuca se produjo el traslado; las fuerzas patriotas solamente recogieron los víveres que en Tacna habían acopiado los partidarios de la Independencia ayudando con esto a la  manutención del la tropa y los caballares. Alvarado solo el 12 de enero de 1823 dispone el avance de sus fuerzas para ir  en pos de la aniquilación del ejército del general español Jerónimo Valdés, la incapacidad militar de los destacamentos patriotas era tan grande que el día 15 de enero la vanguardia  de  Alvarado comandada por el general argentino  Enrique Martínez  tuvo la oportunidad de capturar a Valdés quien se había aventurado con una pequeña  avanzada hacia la costa moqueguana, la falta de capacidad  militar del argentino permitió que el español y su pequeña falange pudiese refugiarse en las inexpugnables posiciones de Torata, el comando patriota erró al refugiarse en Moquegua, quedando en la incomoda posición de tener inevitablemente que ejecutar un asalto sobre Torata para evitar la conjunción de las fuerzas de los generales españoles  Canterac y Valdés, así se dispone el plan de batalla para el día 19 de enero, las tropas del ejército "Libertador" fueron estrepitosamente derrotadas quedando de manifiesto las precarias condiciones de mando y organización que tenían, lo demuestra el hecho  que recién en ese momento se percataron  de la importancia del traslado del parque junto con las tropas, lo único rescatable de la infausta jornada para los patriotas fue el valor demostrado por un  cuerpo peruano de reciente formación, las tropas patriotas se repliegan en completa derrota hasta Moquegua en las penumbras de la noche, se estima que las bajas de las fuerzas emancipadoras ascendieron a unas 600.

El 21 de enero las fuerzas de Canterac y Valdés ya reunidas se despliegan a las afueras de Moquegua, presentan batalla en forma muy ventajosa facilitado el triunfo realista además por los errores tácticos cometidos por el general argentino Alvarado, concluyendo con una desbandada generalizada de las fuerzas  de liberación y con esto fenece definitivamente el ejército "Libertador", no retornaron a Lima más de 800 soldados de los 3500 que habían desembarcado en el puerto de Arica el 3 de diciembre de 1822.

 

 

 

 


La Junta Suprema Gubernativa del Perú, comisionada por el Soberano Congreso Constituyente

 

Por cuanto: él mismo ha decretado lo siguiente:

 

 

El Congreso Constituyente del Perú:

 

Atendiendo el acrisolado patriotismo que han manifestado las heroicas tropas del Ejército del Sur a favor de la Independencia, el arrojo y  valentía demostrado por la defensa del estandarte de la libertad, la necesidad de perpetuar para gozo de las futuras generaciones el arrojo y triunfos de tan dilectos hijos de la Patria en la  "Expedición a Puertos Intermedios"; Ha venido en decretar y decreta:

 

            Art. 1º Erigir un monumento conmemorativo a los triunfos y a los servicios cumplidos con la Patria por el "Ejército Libertador del Sur"

 

            Art.   2º Ubíquese el monumento frentes a las costas del Puerto de Arica, lugar de inicio de sus glorias.

 

            Art. 3º Queda autorizada la Suprema Junta Gubernativa para expedirle el despacho correspondiente.

 

Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento mandándolo a imprimir, publicar y circular.

Dado en la sala del Congreso, en Lima, a 19 de enero de 1823. - 4º de la Independencia.- 2º de la República.

 

 

Hipólito Unanue, Presidente.-  Gregorio Luna, Diputado Secretario.-  José Sánchez Carrión, Diputado Secretario.

 

Por tanto:

Ejecútese, guárdese, cúmplase en todas sus partes por quienes convenga. Dará cuenta de su cumplimiento el Ministro de Estado en el Departamento de Gobierno.

 

Dado en el Palacio de la Junta Gubernativa, en Lima, a 20 de enero de 1823. - 4º de la Independencia.- 2º de la República.

 

JOSÉ DE LA MAR.-  Felipe  Antonio Alvarado.- Manuel Salazar y Baquijano.-

Por orden de S.E.     Francisco Valdivieso.

 

 


Así la Junta Gubernativa del Perú quiso perpetuar triunfos que aun no ocurrían, olvidándose ante tanta exaltación patriótica  que las acciones heroicas son conmemoradas  y  juzgadas con posterioridad a su ocurrencia es decir sólo sancionadas por la historia. Como ironía histórica el despacho de esta ley  ocurrió el mismo día que eran estrepitosamente derrotadas las tropas guiadas por el argentino  Alvarado al que se le presumían en triunfos, el otro hecho anecdótico es que el día anterior es decir el 18 de enero de 1823 se había despachado otra ley en la que se le otorgaba el titulo de Villa a la ciudad de Tacna como premio a su ímpetu patriótico de 1811.

·         Desembarco del Mariscal Santa Cruz  en Arica

 

Arica vuelve nuevamente a la administración virreinal, y sus habitantes más empobrecidos inician la reconstrucción de sus habituales actividades económicas relacionadas con la agricultura, puerto y traslado de mercancías y  de minerales hacia y desde el Alto Perú. Esta tranquilidad duraría solo algunos meses porque nuevamente una incursión de las fuerzas patriotas se haría presente en las costas ariqueñas, en esta oportunidad la invasión de las fuerzas  patriotas se produce en junio de 1823, cuando el nuevo gobierno del Perú encabezado en esta oportunidad por el coronel de milicias  José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete dispone la "Segunda Expedición a Puertos Intermedios", en esta oportunidad con la jefatura en jefe del General Andrés de Santa Cruz y  como jefe de estado mayor al Coronel Agustín  Gamarra.

Mariscal, don Andrés de Santa Cruz

 

Esta expedición se embarcó desde el Callao a mediados del mes de mayo, siendo este esfuerzo bélico  financiado por un empréstito obtenido en Inglaterra y dineros facilitados por el gobierno de Chile, el plan de guerra de los patriotas se basaba  en el aprovechamiento  de la división que tenían los realistas desde el punto de vista geográfico, a pesar de que en conjunto eran fuerzas muy superiores las distancias que los separaba daba la oportunidad  de batirlos uno a uno; La Serna estaba en Sicuani; Carratalá, en Arequipa; Olañeta, en Alto Perú; Valdés, en Huamanga y Canterac, en Jauja.

 Para lograr el objetivo de batirlos separadamente era necesario cumplir con cuatro premisas básicas y estas eran: a) contar a la brevedad con una División  Chilena, la que  se encontraba acantonada en esos momentos en Coquimbo, más la división de Sucre que se encontraba lista ha partir en el Callao, b) el otro elemento del plan consistía en el apoyo de un ejército argentino y de los guerrilleros altoperuanos del comandante "Lanza" con el objeto de inmovilizar a Olañeta, c) el tercer elemento de este plan  era la presencia del general colombiano Valdés en la sierra central para inmovilizar a Canterac; y d) tal vez el más importante era la movilidad del ejército  de Andrés de Santa Cruz para operar desde Arica sobre Arequipa y La Paz.

Nuevamente la ineficiencia de los altos mandos patriotas vio frustrarse el inmenso esfuerzo bélico del pueblo patriota incluidos en esta oportunidad los colombianos,  los argentinos, los chilenos como también  los nativos de las tierras en conflicto.

El almirante Guisé, toma por segunda vez  la plaza de Arica, en esta ocasión lo hace el 13 de junio 1823, la toma de la ciudad  se efectúa en plena tranquilidad por las casi inexistentes fuerzas realista en el puerto, las que se dieron a la fuga al ver el inicio de la operación de desembarco, sin embargo al día siguiente se informa sobre la existencia de un destacamento de caballería realista que se estaba concentrando en el valle de Azapa, esta era una montonera organizada por los habitantes de los pueblos del interior de la Provincia de Arica que encabezaban Julio Butrón y Antonio Pérez, el primero oriundo de Chaca y el segundo de Belén o Putre, ambos veteranos de Moquegua y Mirave, el brigadier Santa Cruz desde el buque almirante comisionó un escuadrón de caballería para hacer frente a esta contingencia, recayendo el mando en el coronel de milicia Carlos Sabálburu, patriota moqueguano de nacimiento y muy conocedor de estas tierras, este distinguido patriota había participado desde los inicios de la revolución junto a su primo el coronel tacneño José Gómez estando presentes en las rebeliones de Zela y en la de Pallardeles, el escuadrón de caballería patriota  compuesto de 260 jinetes emprende su marcha como a las 2 de la tarde por el camino que llevaba a Azapa por el tambo de Saucache, llegando a la hacienda "Buena Vista" giran al Noreste trasponiendo el cerro "Iskka Collo" para enfilar por las pampas de "Pago de Gómez" con el fin de hacer un pequeño descanso en las aguadas  de la hacienda "el Algodonal". Entre olivares, cañas de azúcar,  chañares, chingoyos y chilcas el piquete de caballería patriota descansa con las bridas en manos.  Cuando se aprestaban a continuar  su avance al interior del valle llegan de retorno parte de una avanzada que se había enviado en exploración, la que  informa que había gran número de caballares en el caserío de San Miguel y que en ese punto se estaría formando una concentración realista, las acciones comenzaron como a las cuatro de la tarde cuando a la cuadra del Pago de Gómez las fuerzas patriotas divisó una avanzada de la montonera la que había capturado a parte de los patriotas que habían sido comisionados  en el reconocimiento; la caballería del coronel Carlos Sabálburu forma para iniciar la persecución a los realistas,  a la altura del Alto Ramírez en las pampas de los Albarracines, Butrón y Pérez esperan a los insurgentes con su montonera en disposición de combate, en un cruce al galope tendido rechinan sables y lanzas demostrando gran valor ambos bandos en el combate sin embargo por el mayor número y mejor disciplina termina imponiéndose las fuerzas  patriotas. Las acciones ordenadas por parte de Sabálburu se hicieron  con gran prontitud lo que permitió la rápida captura a los montoneros logrando además la capturar 139 caballares y 203 mulas;  de esta forma concluyeron las incipientes actividades montoneras realistas en las pampas del cercano poblado de las Maitas.

 

 Una vez despejado lo que se supuso eminente peligro para el comandante en jefe de la expedición, el 17 de junio de 1823 desembarca el General Andrés de Santa Cruz con el grueso de su ejército el que ascendía a 4.500 efectivos,  La llegada del general de origen Alto Peruano estuvo llena de pompa, desde el recibimiento del obispo De La Encina que los habitantes de Arica no veían una ceremonia con tanta fastuosidad, a las 11 de la mañana de ese día las tropas forman una guardia de honor frente a la basílica de San Marcos, se cuidaron todo los detalles para recibir al General con una reunión en el cabildo y un Te Deum posterior, Andrés de Santa Cruz llega al embarcadero encabezando de pie uno de los botes de desembarco en actitud de conquistador, es seguido por un contingente de unos 120 hombres vestidos a  la usanza de la Gran Guardia napoleónica, toca tierra firme el general en jefe y después de recuperar su compostura casi para el bronce y terminadas las maniobras de varadero; la banda de músicos irrumpe con sones  marciales al parecer de corte francés, el alto jefe militar hace el recorrido a pie entre el varadero y el atrio de la iglesia, acompañado de su estado mayor el que es encabezado por el general Agustín Gamarra, la presencia del futuro Mariscal  de Zepita, concitaba la admiración y curiosidad de los ariqueños que se apilaban para ver tan pomposa ceremonia, llevaba el general un vistoso uniforme de gala de corte y estampa napoleónico; botas altas granaderas; casaca de fino paño negro bordada con hilo de oro; pantalones blancos; cinturón con borlas doradas;  espada con empuñadura de oro y charreteras altas. Andrés de Santa Cruz  era de mediana estatura, sus rasgos de mestizo eran notorios, era descendiente de la casica Calahumana y de emigrante español,  su tez morena pálida, ojos almendrados  de mirada brillante e inquisitiva, de faz lampiña, era de gesto adusto y rara vez reía, de inteligencia rápida, pragmático y organizado, según descripción de sus contemporáneos.

De las cuatro premisas básicas que debían cumplirse para el éxito de la expedición, solo la cooperación de Lanza y sus guerrilleros en el alto Perú y  el desembarco de la División Sucre en Chala y Quilca para apoderarse de Arequipa se cumplió, el General Santa Cruz en vez de atacar prontamente a Carralatá o al Virrey como lo indicaban las circunstancias, se inmovilizó en las costas ariqueñas, que al parecer les daban más seguridad y comodidad a los jefes patriotas, además, en vez de conservar sus fuerzas reunidas como se le había instruido las dividió entre él y Agustín Gamarra. Otro suceso que tuvo trascendencia en el fracaso de la expedición fue el nombramiento  de Antonio José de Sucre por parte el Congreso Peruano como Jefe del Poder Militar, con amplias facultades y con prescindencia del presidente Rivas Agüero, nombramiento ocurrido el 19 de junio, este hecho motivo la natural desconfianza del general Santa Cruz, sentimiento que jugaron un papel  fundamental en la acción emprendida  contra Olañeta.

Sólo a mediados de agosto el general Santa Cruz comienza a movilizarse para ir al encuentro de Olañeta, el 25 de ese mes de 1823 se produce la batalla de “Zepita”, más propiamente esta tuvo lugar en las pampas de “Chua-Chua”. El general de origen Alto Peruano obtiene un efímero triunfo sobre las tropas realistas en esa localidad la que esta ubicada en lugares de  los antiguos dominios del “Wiracocha”, deidad de los “Collas”, a 140 Km. de la ciudad de Puno, en medio de una pampa con un paisaje agresivo y desolador, frente al dilatado panorama del lago Titicaca; espacio rodeado de cerros que tienen por característica una especial tonalidad rojiza por la presencia de rocas arenisca, aquí se encuentra a orillas del lago el templo colonial de san Pedro de Zepita[2].

Antonio José de Sucre estando en Arequipa toma conocimiento de la victoria de las fuerzas patriotas, viendo con la claridad de su indiscutible capacidad militar con ponderación y mesura este efímero triunfo  de Santa Cruz, percibe nítidamente que  el enemigo mantenía aun su poder y además ve que si se lograban conjuncionar los ejércitos españoles  de Olañeta con los de Valdés  o Carratalá, el general Santa Cruz y sus hombres estarían perdidos; además el Mariscal de Zepita había cometido el error  táctico de separar sus fuerzas a pesar de las advertencias en contrario que se le habían dado. Sucre reiteró su intención de unírsele, pero el orgullo y la vanidad le fueron malos consejeros a Santa Cruz  por un motivo u otro le rehuyó al colombiano, al parecer Santa Cruz pretendió  coronarse él  solo con los laureles del triunfo que creyó seguro. Sucre viendo inminente la conjunción de las fuerzas realistas y que estas caerían sobre Santa Cruz salió hacia Puno dejando sólo una pequeña fuerza de defensa en Arequipa, la "Ciudad Blanca". En Apo antes de llegar a Puno, Sucre se entera de la derrota de las fuerzas de Santa Cruz en las cercanías del río Desaguadero, el general venezolano contramarcha a Cangallo para facilitar  la unión con los disperso y de ahí bajar a Arequipa,  consiguió su objetivo, aunque sin mucho valor táctico ya  que sólo consiguió reunir a un mínimo de las tropas fugitivas que días antes triunfaran en Zepita, la mayoría de los dispersos se desplazó a Moquegua. Desde Arequipa Sucre toma la decisión de partir a Moquegua para conferenciar con Santa Cruz, el futuro Mariscal de Ayacucho se hace acompañar sólo con un destacamento, su objetivo era el de ver la posibilidad de combatir aun, pero el desastre era tan grande que del gran ejército que partiera con tantas esperanzas desde Lima solamente había quedado reducido a no más de 1.200 hombre la mayoría desarmados y desmoralizados, por lo que era evidente que ya no constituían una fuerza militar, en consecuencia no que vio otra alternativa que  estimular el embarco, el que se verifico casi como una verdadera escapada, una pequeña parte de las mesnadas patriotas lo hizo por Ilo y el grueso de los sobrevivientes del pomposo ejército de Andrés de Santa Cruz y de su jefe de Estado Mayor Agustín Gamarra  reembarcaron por Arica, los soldados que llegaron al puerto de la ciudad del Morro eran verdaderos espectros diezmados por la sed y por la larga marcha a través del desierto, además habían sufrido del hostigamiento casi permanente de las avanzadas de la caballería realista la que sé aventuraba en persecución de sus adversarios empujándolos hacia la costa.

Desde Moquegua Santa Cruz con su Guardia y algo más de caballería se dirige a Oruro con el fin de lograr alguna ventaja táctica sobre los realistas, aprovechando las disputas que habían surgido entre los jefes del partido del Rey.

El 8 de septiembre Simón Bolívar, que recién había  llegado al Perú  el 1º de ese mes de 1823, envía una carta al general Santa Cruz en su calidad de suprema autoridad militar, conforme a la embestidura que le había otorgado el Congreso encabezado por Torre Tagle, en la misiva el General venezolano le participa la intención que tenía  de ocupar la Sierra; posesionándose con la mayor brevedad del territorio que abarca desde Pasco hasta el Apurímac señalándole que pensaba estar en el mes siguiente en Jauja o en Huamanga, en parte de lo escrito a Santa Cruz por el Libertador le decía: "...porque estoy impaciente por posesionarme de la Sierra. Como con la diaria salida del sol, cuente usted con esto...", pero el general Santa Cruz no  fue capaz de mantenerse en la zona, teniendo que retirarse  con celeridad antes de ver comprometida su propia humanidad por la potente oposición presentada por las fuerzas de Olañeta. Sin embargo a pesar de la derrota que había sufrido el "Mariscal de Zepita" los ariqueños vieron pasar aun general Santa Cruz lleno de orgullo acompañado de su "Gran Guardia", se calcula que no fueron más de 800 hombres los que embarcaron el 4 de octubre de 1823 en el "Montesuma", el "Protector" y el bergantín "Alejandro" rumbo al Callao,  habían quedado por los derroteros de la expedición que había surcado los caminos desde Arica a Moquegua, desde el Titicaca a Oruro muertos, extraviados o prisioneros 3.700 hombres de los 4.500 que habían salido de Lima.



[1] El primer Virrey del Perú  es nombrado por Cédula Real del 1º  de marzo de 1543, haciendo su ingreso en “La Ciudad de los Reyes”, Lima en mayo de 1544.

[2] TEMPLO DE SAN PEDRO DE ZEPITA, Consagrado a San Pedro y considerado como la obra maestra de la arquitectura colonial en el Departamento de Puno. Fue edificada por los Dominicos, cuyos orígenes se remontan a comienzos del siglo XVIII, es una construcción hecha de piedra, con escalinatas labradas y pórticos tallados.

Se nota un claro predominio del estilo barroco; un arco ciego limita la portada lateral que es la principal y que da a la plaza.

Las columnas decoradas tienen formas de eslabones de cadena entre las que se aprecian máscaras. Parte de la columna que media entre el capitel y la base, es de forma cónica y están situadas una afuera y otras mas adentro, dándole un aspecto más estético y ágil que otras similares.