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Capitulo VII

La economía y tierra de terremotos

·         El comercio “Trajinero” en Arica al inicio de la República

 

 

La actividad comercial y portuaria de Arica en los primeros años de independencia  se incrementan fuertemente debido principalmente a dos factores que coyunturalmente generaron una prosperidad económica que de algún modo pesó sobre el ánimo de sus habitantes, impulsándolos ha  solicitar del Libertador Simón Bolívar la anexión de la provincia a la república de Bolivia,  uno de estos factores importantes de esta coyuntura económica fue la extrema necesidad de exportar productos de las provincias del Alto Perú con el fin de superar la aguda crisis económica que enfrentaban en los comienzos de su vida independiente, esta crisis la había generado la prolongada guerra con España, agravada por la débil estructura productiva creada durante la dominación española en sus colonias de América; un segundo factor de esta mayor actividad económica fue la creciente demanda de artículos suntuarios por parte de las clases más pudientes de la naciente república altiplánica, esta demanda era aumentada por la mayor oferta de suntuarios debido a la apertura comercial hacia otras potencias europeas, originada como consecuencia de la independencia, produciéndose una gran confluencia de las casas comerciales extranjeras por instalarse en la zona, especialmente las inglesas, cabe mencionar que ya en 1817 aparece registrada en Arica la agencia inglesa “Pacific Steam Navegation Company” siendo su primer  gerente Mr. Esteban  P. Nugent, desencadenando un aumento importante en la oferta de estos tipos de manufacturas. Si bien es cierto que el puerto de Arica había sido declarado puerto libre en el último periodo colonial eso no tuvo una gran incidencia en el comercio de la época debido a la siempre rígida y  limitada legislación española.

Tomando en cuenta las inmensas dificultades del trayecto entre los centros de consumo y los centros de producción, el comercio de la zona tenía características muy especiales, el puerto de Arica representaba la mejor alternativa portuaria para salvar  las dificultadas de los derroteros de este comercio que se efectuaba a través del desierto, montañas y por profundas quebradas  superadas sólo por empinadas cuestas. Bajo estas condiciones geográficas el tráfico sólo podía  operarse por pequeñas cargas, transportadas a lomo  de asnos, de mulas, o llamas.  Las llamas son unos animales altamente adaptados a las condiciones  cordilleranas de la zona, eran con mucha frecuencia preferida con relación a asnos y mulas. Las llamas son más lentas,  el precio cobrado por los trajineros  por el transporte de carga en estos animales era más barato, este animal originario de la zona es más dúctil  a alimentarse de los pastos disponibles en la zona, a diferencia de los mulares y asnos que son más selectivos en su alimentación, la desventaja de la llama es que no podían soportar más de un viaje al año; el peso a cargar no podía superar un quintal español (46 kilos), y  la velocidad no sobrepasaba las 6 leguas diarias. Las mulas por el contrario, transportaban 138 kilos con una velocidad de 12 a 15 leguas diarias. Por lo general la mercadería que llegaba de Europa estaba completamente aparejada para el largo viaje a lomo de mula, se embalaban en cajas que pesaban 69 kilos por lo que cada animal era cargado con dos de ellas.

Excepcionalmente se transportaban  objetos más pesados; como pianos,  o piezas de maquinarias (inicio de la industrialización) para la minería, para estos fines eran utilizados animales más vigorosos denominadas “mulas pianeras”  en ese caso el flete ascendía a 300 pesos bolivianos de la época, En circunstancia normales  el flete aumentaba según la distancia en forma proporcional a la distancia a recorrer, para la ciudad de La Paz oscilaba entre  20 pesos a 45 pesos, a Cochabamba oscilaba  entre  50 y 90 pesos.

Los porteadores (conductor de  caravana) eran indígenas en su mayoría de etnia Colla, muy afable  y de una paciencia ancestral, conducían las llamas y acémilas, con gran esmero en su cuidado y no desdeñaban  en caso de necesidad para asistirlas como auxiliares, mozos de mula como también eran llamados los asistentes de los porteadores, el porteador en muchas ocasiones era el mismo  trajinero (dueño del ganado y quien hacia el contrato de transporte), La moralidad  de los indígenas dedicados a estos trabajos, les granjeaba de  una reputación de ser respetuosos de los bienes ajenos que transportaban.  Por larga tradición familiar eran conocidos en Bolivia y Perú, los trajineros propietarios de gran número de bestias de carga transportaban de muy antiguo barras de plata y el éxito de su negocio era la tradición que nunca se perdía nada.

Al partir, se proveía al trajinero de los recibos de las mercaderías despachadas, tal como se efectuaba con los capitanes de barcos mercantes. Sin embargo, en esos documentos no figuraba en absoluto la frase “dueño y señor, después de Dios”, ya que el trajinero jamás infligía castigo a quienes  él empleaba y le servían, las caravanas más bien semejaban una gran familia, las catervas atravesaban los abismos cordilleranos, pasando de un calor sofocante, cuando marchaban bajo el sol,  a un frío glacial, cuando caía la noche. Estas caravanas cruzaban pasos cordilleranos y llanuras a 4000 mts. de altura sobre el nivel del mar, arrostrando el frío, el calor, el hambre, la sed, y el mal de altura llamado Soroche.

Los porteadores y su gente cada tarde, armaban campamento, descargaban sus animales cerca de un río o de un poblado o de un tambo, estos últimos establecidos desde épocas anteriores a la conquista española, la caravana se rearmaba muy temprano para continuar la jornada del día, estas travesía desde el puerto hasta destino podían durar un mes o más.

Era llamativo ver a trajineros y su gente en la zona de la marina de  Arica, aledaña al varadero,  era un lugar que semejaba un gran mercado donde eran cargados los animales, se compraban víveres para la travesía, y en general se transaban artículos de uso común como  ropas, aparejos de arreo, herramientas, etc., en este lugar se escuchaba más la lengua Aymará que el Español, era un espectáculo  muy atrayente para el extranjero, esta escena se repetía con igual singularidad o en mayor número en la vecina ciudad de Tacna, se observaba un hormiguero de hombres y de animales, un abigarramiento de colores y formas, en estos mercados  hacían su presencia curanderos que oficiaban de médicos de esta sociedad humana, ofrecían sus servicios a viva voz generándose grupo de observadores  y pacientes que hacían uso de sus artes, sus vestimentas eran de múltiples colores llevaban  a la espalda un saco lleno de hiervas y de raíces. Suministrando con ellas medicamentos simples, administrados en pociones e incluso practicaban pequeñas intervenciones quirúrgicas. Por último  echaban buenaventura (no con el gusto del señor cura) dando una verdadera panacea universal, que según creían los naturales  que producían efectos maravillosos. Todas estas practicas son ancestrales, quizás por eso los médicos de San Juan de Dios no tenían mucho trabajo por esa época.

 El incremento comercial y portuario de San Marcos de Arica en los primeros años republicanos de Perú y Bolivia quedó nítidamente registrado por el cónsul británico Jhon B. Pentland, quien informaba a su gobierno sobre las actividades consulares del bienio de 1825 a 1826, el diplomático inglés, en su exposición indicaba que el puerto de Arica era el dinamo comercial del Alto Perú, en este puerto radicaban los importadores extranjeros y agentes mercantiles de las casas comerciarles que surtían los mercados interiores. El cónsul británico registra en su exposición que a lo menos en esos años ya había  nueve agencias en Arica de las casas británicas establecidas en Valparaíso y Lima,  una alemana, dos estadounidenses, una francesa y dos argentinas, las que efectuaban sus transacciones comerciales con los mercaderes  bolivianos, este comercio se efectuaba en parte al contado y en parte a crédito, el que variaba en seis,  nueve y hasta 12 meses de plazos, según los montos involucrados y las garantías presentadas. El transporte de los artículos se hacia mediante recuas de mulas y de carneros de la tierra (llamas), de propiedad de familias que por generaciones ejercían el oficio de “Trajineros” que radicaban  en Arica o en Tacna principalmente, estas mulas eran capaces de trasladar un promedio de 250 libras[1], recorriendo al rededor de 20 millas diarias. Los costos de traslado desde luego eran onerosos.

En el ejercicio del período 1825 -  1826 los estados de cuenta anotados en los archivos de la aduana de Arica y coincidentes en cierta forma con el informe del cónsul Pentland indican que las importaciones por Arica alcanzaron  a £ 516.630. - ( U.S.$2.583.149. -) moneda de la época; además se deduce y así lo señala el informe británico que existía un intenso contrabando de bienes suntuarios y de pequeño volumen, el que escapaba al control aduanero, este contrabando puede estimarse  por lo menos en más de la mitad  de la cantidad de importaciones ariqueñas con destino a Bolivia en el periodo; en estas estimaciones no están consideradas las cifras de la aduana de Buenos Aires que también registraba comercio hacia Bolivia, la estimación de la evasión es deducible de los impuestos consignados en los registros oficiales;  en esta apreciación   no están considerado los libros, el hierro, el acero, el azogue y las maquinarias, por estar libres de gravámenes este tipo de mercancías. En un calculo global que efectúan los agentes británicos el que incluyó las importaciones sujetas a impuestos, los montos del trafico clandestino y los correspondientes a los artículos libres de gravámenes, concluyen los británicos destacados en Arica que las importaciones extranjeras[2] canalizadas por el puerto de Arica, para consumo boliviano, alcanzaron un valor de £840.905. - (U.S. $4.204.515. -) en el periodo 1825 – 1826.

En dos años de vida independiente Bolivia había importado vía Arica  productos por un valor aproximado de £780.581. - (U.S.$3.902.828. -), según el informe de los agentes británicos destacados en el puerto, dos tercios de las importaciones extranjeras eran de orígenes  británicos,  el tercio restante se distribuía en productos manufacturados de procedencia francesa,  alemana,  holandesa y  estadounidenses. El promedio de importaciones de manufacturas inglesas para el periodo comprendido en el informe alcanzaba  las £ 433.648.- (U.S.$2.116.238.-);  ante la creciente inundación de importaciones extranjeras;  Bolivia exportaba por el puerto de Arica productos como  plata, vainilla, corteza de quina, lana de vicuña y de alpaca, estaño, oro, cuero de mono, panteras y chinchillas. La plata  registra un monto de £ 523.985.- (U.S.$2.619.918.-) para el año de 1826, en esa época no se acuñaban monedas de oro en Bolivia los mercaderes paceños  compraban el metal y lo remitían en barras a las agencias británicas de Arica. Los mineros del alto Perú tenían que soportar no solo los altos costo de aranceles sino que la especulación  con los insumos básicos para su actividad un ejemplo de esta dificultad lo demuestra  el precio del  quintal de azogue en Europa del primer tercio del siglo XIX costaba £ 8,00,- las agencias de Arica lo transaban en £19,00.-

Otra agencia consular muy activa en Arica fue la de representación  de Estados Unidos de América, el Cónsul de ese país en Lima, William Tudor, en nota del 23 de febrero de 1826, informadas oportunamente al Departamento de Estado de las tratativas de lograr la incorporación de Arica a la República de Bolivia por parte del gobierno de esta y de los propios habitantes del puerto su nota en parte decía así:

"...Como generalmente se cree que se ha celebrado un acuerdo entre el Perú y Bolivia para cederle a la última el puerto de Arica, por lo que dejará de ser parte del Consulado peruano, me tomo la libertad, en el caso de que eso se realice de recomendar que mi Vicecónsul, Mr. Alfred Cobb, reciba nombramiento de Cónsul en ese puerto (Arica). Mr. Cobb está establecido en los negocios de ese lugar y habiendo residido algunos años en este país, habla bien su lengua, siendo un joven de firmeza y de prudencia y ha conservado los hábitos y los principios morales en los cuales se crió, cumpliendo sus deberes a satisfacción de usted. No tengo otro motivo para hacer esta insinuación, que la estimación que siento por el carácter de Mr. Cobb".

La intensa actividad política que se desarrolla en Lima y Sucre (Chuquisaca) por esos años incorpora como uno de sus elementos los intereses económicos, marítimos y territoriales de ambas repúblicas; Bolívar consiguió del Congreso peruano el 18 de mayo de 1826 la resolución por la que se reconocía la independencia de las provincias Alto peruanas  como República de Bolívar, pero no pudo a no quiso incluir la anexión de las provincias sur peruanas de Arica y Tarapacá a la república altiplánica. Perú decididamente afianza su soberanía sobre la provincia de Arica, un ejemplo de ello fue que con ocasión  de  las elecciones de 1826 convocadas para la conformación del Congreso Nacional peruano, la provincia de  Arica eligió a dos  representantes, recayendo la elección en dos insignes hombres públicos como fueron el médico, científico, político y gran patriota de la causa americana Hipólito Unanue Pavón[3] ariqueño de nacimiento y en Francisco de Paula González Vigil nacido en Tacna.

Como consecuencia del resultado del reconocimiento de la independencia de Bolivia por parte del  Perú sin que se considerara la cesión de las provincias litoral de Arica y Tarapacá, el gobierno de Sucre varió  su estrategia proponiendo una política conducente a la federación de los dos Estados incluyendo en esto una innovación limítrofe entre ambas republicas, esta nueva formula cayo en terreno fértil en Lima ya que el partido de Bolívar tenía como una de sus aspiraciones la de confederar a las repúblicas andinas. Tal unidad política exigía  la eliminación de  las contradicciones que existían entre ambas republicas y una de esta era el problema portuario en las provincias sureñas, al lograr la confederación se tornaba inútil la incorporación de Arica a Bolivia y su ulterior transformación en puerto nacional altoperuano; además esto importaba revisar la habilitación del puerto de La Mar (Cobija) del que había conciencia  de lo oneroso que resultaba como además de las difíciles condiciones del transporte de carga y personas por el desierto de Atacama, así mismo los liberales peruanos contrarios al presidente vitalicio (Bolívar), más nacionalistas, vieron en ese momento la posibilidad de adquirir definitivamente para Perú la península de Copacabana en el lago Titicaca y la región de Apolobamba situada al norte de dicha cuenca lacustre, posibilidad cierta que los bolivianos dejaban abierta. Por noticia de un contemporáneo podemos ver la intensidad que tenia la concreción de los acuerdos "Arica significaba para Bolivia una nueva fuente de riqueza. El Perú ignoraba el ideal boliviano y ante el beneficio inmenso que significaba la unión de ambas Repúblicas, el gobierno no debería repara en autorizar a Ortíz de Zevallos la cesión de Arica a Bolivia comprendiendo que, si por este puerto Bolivia se enriquecía, ello contribuiría al engrandecimiento de ambos países, aún más si tenemos en cuenta que parte de la población ariqueña solicita su incorporación a Bolivia."

 

Como  se sabe  Simón Bolívar abandona el Perú en Septiembre de 1826 con el fin de hacerse cargo de los conflictos ocurridos en la Gran Colombia, dejando como presidente del Perú al Mariscal don Andrés de Santa Cruz en su condición de presidente del Consejo de Gobierno. En los primeros días de octubre de 1826 llega a Sucre (Chuquisaca) el comisionado peruano don Ignacio Ortiz de Zeballos, quien era Fiscal de la Corte Suprema de Justicia del Perú con el fin de discutir los arreglos con los comisionados boliviano encabezados por don Manuel María Urculló,  presidente de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia; después de un mes de deliberaciones sobre los términos de la propuesta, ambos delegados firmaron los tratados previos,  los que eran atingentes a la federación política y límites  a partir de canjes territoriales.

Como resultado de las conversaciones efectuadas en Lima y en Chuquisaca, se firmó en la capital boliviana en Tratado de Límites entre Perú y Bolivia el 15 de noviembre de 1826, bajo la firma del plenipotenciario  peruano don Ignacio Ortíz de Zeballos en  representación del Perú y bajo la firma de los plenipotenciarios bolivianos don Manuel María Urculló y Facundo Infante por Bolivia, este tratado disponía en su Artículo primero que:

"La línea divisoria de las dos Repúblicas Peruana y Boliviana, tomándola desde la costa del mar Pacífico, será el morro de los Diablos, o cabo de Sama o La Quiaca situado a los diez y ocho grados de latitud, entre los puertos de Ilo y Arica hasta el pueblo de Sama, hasta la cordillera de Tacora: quedando a Bolivia el puerto de Arica, y los demás comprendidos desde el grado diez y ocho hasta el veintiuno y todo el territorio perteneciente a la provincia de Tacna y demás pueblos situados al sur de esta línea".

Por su parte el Perú obtenía, tal como espera la clase dirigente de Lima, Copacabana y Apolobamba, y cinco millones de pesos, destinados por el Estado  boliviano a pagar a los acreedores externos del Fisco peruano. El tratado también disponía el establecimiento de una Federación entre las dos Repúblicas.

El Congreso boliviano aprobó rápidamente el tratado con una pequeñísima oposición interna; sin embargo las cosas en Perú habían variado, la oligarquía del Rimac se mostró reacia a la entrega de las provincias sureñas, surgía en los pasillos palaciegos y en los salones de la capital de ex Virreinato el temor  por arrestos independentista que estarían surgiendo  en el Sur del Bajo Perú en los que creían divisar un movimiento destinado a fundar un estado independiente que aglutinaría los departamentos del Cusco, Puno y Arequipa liderado por esta última ciudad, por otro lado el Mariscal Andrés de Santa Cruz, quien a pesar de ser boliviano no  se mostró partidario de la ratificación del tratado, se opuso al mismo. Santa Cruz justificó su oposición en carta de 18 de diciembre de 1826 dirigida al General La Fuente, Prefecto de Arequipa, de la siguiente manera: "Los bolivianos quieren Arica y yo no quiero ratificar los Tratados por no faltar al juramento que he hecho de sostener a todo trance la integridad de la República."; más adelante Santa Cruz agrega: “... Lo que digo a Ud. sobre los tratados es reservado. No quiero que el pobre Zeballos que ha obrado con celo y buena fe sienta en público la tacha de sus inadvertencias, los chuquisaqueños lo han engañado...”

Días más tarde el Mariscal Santa Cruz ratificaba y explicaba su oposición a los Tratados en otra carta, del 22 de diciembre de 1826, dirigida al mismo general La Fuente, a quien le decía:

"La contestación a los tratados celebrados entre el señor Zeballos y los Ministros de Bolivia... Se ha hecho bastante vaga porque la tal federación a venido a resultar en simple liga... éste es un defecto común, pero hay tres artículos muy ofensivos al Perú.

1: Que ratificado que sea el Tratado por nosotros no se ponga en ejercicio sino en la parte de límites...

2: Que el Perú ceda Arica y Tacna por la provincia de Apolobamba y el pueblo de Copacabana, debiendo reconocer Bolivia en compensativo cinco millones por la deuda del Perú. Arica vale mucho más si se la quiere tasar...";  el Mariscal Santa Cruz,  explica líneas mas adelante: "Yo no quiero persuadirme que ningún poder ejecutivo puede desmembrar el territorio cuya integridad ha jurado sostener, y esto para mí sería mucho más comprometido que para otro alguno: no lo haré pues porque no debo, porque no puedo y porque no quiero abusar de la confianza que el Perú ha depositado en mi buena fe."

El Mariscal Santa Cruz, instruye al Prefecto La Fuente: "El caso de Arica, diré a U. que sé que un Basadre, D. Lorenzo Infantes y un Cónsul americano son los Jefes que sostienen la separación del Perú e incorporación de aquellos pueblos a Bolivia. Trate U. de sacarlos de allí porque si no nos van a dar un disgusto".

Antonio José de Sucre a la sazón presidente de Bolivia reprocha a Santa Cruz el que no mirase por la tierra de su nacimiento. En carta fechada el 27 de marzo de 1827, enviada con el fin que examinase su posición y señalándole que en ningún caso olvidase que había nacido en Bolivia le decía; “... Jamás un hombre que no prefirió a su patria, y la sirvió fielmente, pasa a la historia sino como un nombre obscurecido...”

Por esos años las preocupaciones de Estados Unidos por las ex colonias españolas de Sur América se mantienen con fuerza, las informaciones de los agentes diplomáticos del país del norte son nutridas con el Departamento de Estado, así,  el cónsul estadounidense en Lima, señor Samuel Larned, informó al Departamento de Estado en nota del 23 de marzo de 1827, sobre la situación en el "Alto Perú". En su reporte el americano hacía una evaluación del Mariscal Sucre como Presidente de Bolivia y con referencia al tema portuario dice:

"Sucre es sumamente popular... siendo la persona más capaz para ajustar un tratado ventajoso con el Perú sobre dos puntos muy importantes para el pueblo que gobierna: el primero es la adquisición del puerto de Arica, y el otro la cuestión de las riveras del Lago Titicaca..."

 Con la resistencia por parte del Perú a ratificar los tratados Zeballos -  Urculló, más la propia dificultad financiera de Bolivia que le significaba el pago de los compromisos financieros internacionales que implicaba el tratado, resultó que ya en abril de 1827 se daban por descartada la federación y los canjes territoriales.


 

·         Arica vuelve a ser tierra de terremotos

 

Arica a partir de 1828  se ve enfrentada a las contingencias de la política peruana que se caracterizo por la anarquía casi permanente, los cuartelazos de los caudillos militares y los golpes de Estado, fueron actividades habituales del que hacer político en el ex Virreinato, los bandos en pugna usaron muchas veces la cuestión “Bolivia” como “leit   motiv” de sus querellas por hacerse del poder, entrometiéndose en la política boliviana y poniendo sobre la mesa de discusión la cuestión portuaria con esa república, como una llave poderosa para controlar los destinos y la economía de la república altiplánica, ganándose de este modo la adhesión de los caudillos locales, bajo estas condiciones Arica sufre los altibajos de su posición geopolítica.

La prosperidad que se creía que por fin llegaba en los primeros años de la vida republicana se va frustrando ante la presión que ejerce tempranamente sobre el comercio boliviano por Arica el gobierno presidido por  el Mariscal de Ayacucho  Antonio José de Sucre, esta actitud la toma al ver frustrada la aspiración de hacer de Arica un puerto boliviano, en consecuencia decreta una serie de beneficios tributarios y de otro orden en especial para las familias que se asienten en el puerto atacameño de Cobija como así mismo a las familias que establezcan postas o posadas en el largo trayecto de las caravanas que cruzan el desierto, la política de aranceles aduaneros es tan bajo que el puerto La Mar (Cobija) casi se podía considerar puerto franco, todo esto con el fin de potenciar el trafico de mercancías por ese naciente puerto, estas medidas generaron una verdadera guerra de aranceles y trabas aduaneras entre Perú y Bolivia.

El general La Mar a la sazón presidente del Perú se encontraba amenazado por el norte con motivo  de reclamaciones territoriales demandadas por la Gran Colombia la  que en ese momento gobernaba el Libertador Simón Bolívar, ambas repúblicas estaban a punto de iniciar una conflagración armada. El presidente peruano veía  con preocupación la presencia en el poder de la república de Bolivia al general Sucre; el general La Mar sabía que la lealtad del jefe de gobierno boliviano estaría sin lugar a duda de parte de la Gran Colombia, por su nacionalidad de origen y la reconocida afinidad de este con el Libertador, además los caudillos peruanos no simpatizaban con Sucre pues en él veían al gran arquitecto de la separación del Alto Perú con el Bajo Perú, estos caudillos no habían mostrado grandes simpatías por la nación boliviana, y muchos de ellos guardaban la esperanza que esas provincias se unieran al Bajo Perú quedando esas provincias  bajo la tutela de Lima, en consecuencia el general La Mar viendo el peligro de la  permanencia en el poder de Bolivia del Mariscal de Ayacucho, envía al general Agustín Gamarra con 5.000 hombres a estacionarse entre Arica y Puno y con planes para que de ahí organizara y fomentara la conspiración contra el general Sucre, Gamarra logra su objetivo consiguiendo involucrar a los principales caudillos bolivianos, generando inclusive la inexplicable deslealtad de las propias tropas colombianas estacionadas en la ex presidencia de Charcas, las tropas peruanas invaden territorio boliviano obligando por el acuerdo de Piquiza a Bolivia al cambio de autoridades, además  obligan a la naciente república a seguir la política internacional fijada por los peruanos y a someterse en general a la vigilancia del Perú, Gamarra en abril toma La Paz, continua con Potosí y Cochabamba; llega en agosto de ese año a Chuquisaca imponiendo como  ministro del interior a Casimiro Olañeta y jefe del Ejército al general Pedro Blanco, ambos bolivianos.

El vencedor de Ayacucho, José Antonio de Sucre, renunció a la Presidencia de Bolivia,  El 2 de agosto de 1828, tanto para evitar un enfrentamiento bélico con Perú como para eliminar las distancias políticas entre bolivianos.  Sucre salió de Chuquisaca  hacia Calama y luego siguió a Cobija, donde se embarcó rumbo al norte. Al partir de este puerto Sucre dirigió un testamento político a la nación boliviana, en una de cuyas partes pedía a los bolivianos el conservar ante todos la independencia, la que se encontraba en peligro y mantener y luchar por la integridad territorial de la República.

El general Sucre se embarcó en Cobija hacia el norte, hizo un intento de desembarco en Arica para curar sus heridas, pero las autoridades ariqueñas no se lo permitieron, cirujanos de un buque inglés surto en la bahía atendieron sus quebrantos, la herida de su brazo había sido hecha por una bala en la sublevación de Chuquisaca cuando entraba al cuartel de los sublevados con el fin de sofocar la rebelión, no hay antecedentes que el Mariscal Sucre haya pisado tierra ariqueña pues los ingresos a la zona durante la guerra de la independencia los hizo por el litoral arequipeño por la bahía de Quilca,  el malogrado vencedor de Ayacucho  continua rumbo al Callao, donde arribó el 13 de diciembre de ese año, pero tampoco se le permitió en este puerto desembarcar, las heridas recibidas en Chuquisaca fueron atendidas por los médicos navales a bordo de la fragata americana “Brandwine”.

 En un acto de soberanía por parte del gobierno peruano con el fin de no dejar dudas sobre las intenciones del Perú de no ceder a Bolivia la provincia de Arica, el Congreso del Perú dicta la Ley del 6 de junio de 1828 que designaba a la ciudad de Tacna capital de la provincia de Arica, desventaja política administrativa que enfrentan los ariqueños una vez más en desmedro de las posibilidades de progreso de la ciudad.

El puerto de Arica a pesar de los  altibajos que le causaban las decisiones de la clase política de las repúblicas de Perú y Bolivia, progresa urbanísticamente, comienzan a verse  en su radio urbano una  mejor  distribución de calles y manzanas, la calidad en las construcciones mejora,  empieza a incorporase en  forma masiva el techo en forma de “mojinete” dando un mayor movimiento y características típicas a las líneas arquitectónicas, las fachadas las empiezan a enlucir y se incorporan en   algunas fachadas molduras de adornos en cornisas y dinteles, mejorando de este modo el paisaje urbano, sin embargo por otro lado y gracias a noticias que da el deán  arequipeño Juan Gualberto Valdivia, hoy, sabemos que los conventos ariqueños en 1828 se encontraban en lamentable condición, inhabitables y sin interés por mejorar tal condición, no hay que olvidar que estos recinto durante la guerra de la independencia con frecuencia fueron utilizados como cuarteles militares que seguramente ayudaron a generar su decadencia. Por 1830 la población estimada para Arica según Alcides D’Orbigny  era de unos tres mil habitantes en palabras de él “la mayoría de razas mezcladas”, según algunos especialistas existiría una exageración en la estimación del viajero, autor de la  crónica “Viaje a la América Meridional”.

El entorno político que le toca vivir a Arica en el devenir de la vida republicana de Bolivia y Perú seguirá incidiendo fuertemente en el carácter de la zona. A la caída de Antonio José de Sucre de la presidencia de Bolivia; el 24 de mayo de 1829  asume el poder el caudillo Andrés de Santa Cruz quien comienza a ejercer un gobierno autoritario, fuerte,  con el que logra estabilizar la política de ese país, ordena la economía y da una nueva Constitución(1831), fortalece el Ejército. El 15, 16 y 17 de diciembre de 1830 se lleva a efecto una importante reunión entre los caudillos que gobernaban en ese momento las repúblicas andinas, este encuentro se lleva a cabo en las márgenes del Desaguadero, participa en la conferencia por Perú, Agustín Gamarra con su ministro de relaciones exteriores  Ferreiro; por Bolivia Andrés de Santa Cruz con su ministro Olañeta, ambos gobernantes propiciaban en sus proyectos una política confederal pero ninguno de los dos por la propia naturaleza  de su ser, quería ser un segundón en el proyecto, en las conversaciones se hablo de paz y amistad entre ambos pueblos, también de alguna rectificación de fronteras, en ese contexto Gamarra pidió la península de Copacabana ofreciendo a cambio Tarapacá, los bolivianos  insistieron en la necesidad de que el canje territorial fuese  la provincia de Arica,  lo que el gobernante  peruano rechazó tajantemente, la conferencia  fracasó.

El fracaso derivó en  que el Mariscal Santa Cruz  decidiera intensificar los beneficios aduaneros y tributarios para Cobija, siempre con el objeto de ejercer  presión sobre el comercio efectuado a través del puerto de Arica y así disminuir su importancia estratégica y económica en la zona, aminorando al máximo posible su incidencia  en la relación entre ambas repúblicas, estos acontecimientos  provocaron la reacción airada por parte del gobernante peruano, en carta dirigida al Almirante García del Postigo, Gamarra le decía al referirse a la conferencia de Desaguadero “La cosa se concluyo poco menos que a palos, por la petición de Santa Cruz de que ceda Arica, si se abren hostilidades, Cobija debe desaparecer para siempre porque sus habitantes deben largarse y hasta sus habitaciones deben quedar completamente arrasadas”. El caudillo peruano ordena una destemplada acción  en contra del puerto atacameño  de los bolivianos, en vista del perjuicio que ocasionaba la medida boliviana sobre el puerto de Arica,  Gamarra decide la destrucción del puerto de Cobija. Para ello envía primero a la corbeta “Libertad” y  luego al bergantín “Congreso” a cargo de esta escuadra iba el almirante Carlos García del Postigo, las instrucciones dada por Gamarra a su almirante fueron: “ese buque esta destinado a arrasar Cobija y retacar hasta sus aguadas” estas instrucciones fueron dadas en una carta que fue  encontrada abordo de la corbeta “Libertad”; la orden no se llevo acabo, las tripulaciones de ambos barcos desertaron, retornaron al Perú sólo tres tripulantes de la corbeta “Libertad”, del bergantín “Congreso” nadie quiso retornar, ambos buques fueron devueltos por Bolivia después de los acuerdo de paz de Tiquina el 25 de agosto de 1831.

Después de la paz de Tiquina los ariqueños esperaban con optimismo la recuperación del comercio con Bolivia sin embargo la naturaleza traería una nueva y terrible sorpresa, el 8 de septiembre de 1831 ocurre un fuerte sismo con característica terremoto en la zona de Arica, este provoca el natural pánico de la población que trae recuerdos de la narraciones que los mayores con frecuencia contaban de la experiencia que habían vivido en el terremoto de noviembre de1810, 21 años atrás,  crónicas de la época mencionan la opinión de algunos vecinos ariqueños “muchos creen que  junto a la profundas fosas (mar), existe un volcán submarino, cual erupciona de vez en cuando, ósea cada cierto tiempo, produciendo los grandes cataclismos ocurridos en Arica desde los tiempos primitivos, como lo menciona un cronista, <<Que echaba humo de zinc, como si fuera fuego, que oscureció toda la costa>>, esta última descripción hecha a propósito del terremoto y maremoto del 16 de septiembre de 1615,  al que se levantaron olas gigantescas, como montañas elevadas que sembraron desolación, destrucción y muerte”.

Al parecer el terremoto de 1831 no causo mucho perjuicio material y humano en la ciudad  ya que no se han encontrado mayores referencias al respecto, quizás esto fue por lo reciente de la construcción de la mayoría de los edificios.

En una relación sobre  Arica de fines del primer tercio del siglo XIX, hecha por el teniente Ruschemberger de la marina de Estados Unidos quien efectuó un largo recorrido entre 1831 y 1834 por varios de los países del continente, entre ellos Brasil, Chile, Bolivia y el Perú, describe su arribo al puerto de Arica el 19 de septiembre de 1832,  es decir a un año de ocurrido el terremoto, el  marino estadounidense no hace mención alguna a posibles vestigios del terremoto ocurrido un año antes, el teniente Ruschemberger habla entre otras  referencia a Arica sobre la fertilidad del valle de Azapa, como lo malsano que le pareció el valle de Lluta, además en su relato se refiere a la relación de este puerto con Bolivia, de la siguiente manera:

"Con anterioridad al nacimiento de la República de Bolivia, todo el comercio con aquel país, conocido hasta ése entonces como Alto-Perú, pasaba a través de Arica; sin embargo, desde el establecimiento de Cobija, el comercio por Arica ha disminuido en la misma proporción que aumenta en el otro puerto. La prosperidad de Arica depende mucho de este intercambio, el mismo que se ha perdido por las medidas políticas adoptadas por el Perú. Los productos que son destinados al mercado boliviano, están gravados, de acuerdo a su base, con los derechos aduaneros de tránsito de 5, 10 y 15 por ciento; pero como estos productos pueden ahora ser internados directamente por Cobija, con los mismos gravámenes e inclusive con tasas inferiores, Arica está arruinada... y como la población del valle es muy pequeña para crear una demanda suficientemente grande que permita mantener importadores al por mayor, en consecuencia, muy pocas embarcaciones arriban ahora a este puerto."

La vida cotidiana de la provincia sigue el ritmo de la actividad portuaria y de la producción agropecuaria de sus valles interiores, esta vida tranquila y provinciana ya motivaba el retorno de las familias hispanas a fijar nuevamente su residencia en el puerto, sin embargo la tranquilidad de los ariqueños nuevamente se vera alterada por los designios de la naturaleza; en un amanecer primaveral de 1833 la rutina diaria se ve violentamente interrumpida, en el albor del día 18 de Septiembre de ese año, la tierra nuevamente tembló, la ciudad poco a poco despertaba y algo somnolienta comenzaba su actividad cotidiana ya entraban a la ciudad las recuas de asnos  con productos agrícolas para consumo de la población y para el abastecimiento de las naves surtas en la bahía, algunas recuas provenientes de Bolivia también se acercaban al puerto por los bajos del Chinchorro después de haber pasado la noche en el tambo de Chacalluta, algunos  feligreses se había congregado en los templos de la ciudad para  oír la primera misa del día, muchos a un no se levantaban de su lecho, la ciudad remolona amanecía a un nuevo día, por lo que pocos transeúntes había en las calles eran las seis de la mañana aproximadamente cuando de súbito se produce un ruido sordo, que procedía de las entrañas de la tierra, asemejaba una gran tempestad pero que procedía de las profundidades de la tierra, inmediatamente viene una gran sacudida  que con dificultad permitía a las personas dar paso sin caer, el movimiento ondulatorio duró un minuto y medio, lo que pareció una eternidad a quienes tuvieron que vivir la experiencias del sismo, en tan escaso tiempo se destruyo gran parte de los edificios de adobe de la ciudad, los templos perdieron sus techumbres pero sus añosos muros resistieron el embate de la naturaleza, hubo muchos heridos de consideración, la mayoría de los habitantes había recibido  alguna magulladura y a lo menos hubo unos doscientos muertos.

Los estragos mayores provocados por el terremoto fueron en esta oportunidad en la vecina Tacna donde prácticamente quedo todo destruido el señor José Benedicto Zavala sindico Procurador General del Municipio de esa ciudad escribía así a presidente del Perú Agustín Gamarra:

“Las propiedades publicas se han confundido con las particulares, pues que no se encuentra una calle que sirva de transito; todo se ha convertido en un gran montón de escombros; no hay una sola casa habitable: han venido abajo la mitad de ellas y las que están en pie intimidan al propietario que desee acercarse para salvar algo de su fortuna. Cubiertas con las ruinas y el polvo: los ricos muebles que el comercio libre a proporcionado, inutilizado al influjo de los techos y paredes que sobre ellos cayeron, sirven hoy al pábulo del fuego. No hay útil que el vecino pueda tomar para proporcionarse abrigo, y, en conclusión, la perdida de los edificios de Tacna se calcula imparcialmente en más de dos millones de pesos”.

“La población diezmada desde el funesto día ocupa el campo en chozas de madera, cañas y esteras de totora que en manera alguna preservan  de la intemperie por que no cesas de llover y con la  estación calurosa que va a entrar está expuesto el vecindario   a sufrir enfermedades por la falta de una habitación que les preste algún refrigerio. El Santo de los Santo tiene una mansión en la plaza mayor y en el recinto igual que la piedad del párroco ejemplar a formado para que no falte ese auxilia espiritual a los fieles, que reunidos allí, con semblante macilento, en total desgreño y cubiertos todavía del polvo de las ruinas imploran gracias del Padre de la misericordia. Le diré, de una vez, señor Excmo.; ¡Tacna  ya no existe!”

“Se solicita del Supremo Gobierno la exoneración de toda contribución al menos por diez años con inclusión de los diezmos, además se solicita señor  Excmo. presidente  que las entradas por concepto de derechos de exportación e importación y de tránsito por las Aduanas de Arica quede a beneficio de la zona; y que el Gobierno autorice que el transporte “Monteagudo”, con las habilitaciones de dicha Aduana, haga el acarreo de maderas desde Guayaquil, para la construcción de la ciudad. Si es necesario verificar el traslado de la población  a un lugar más seguro. Excmo. señor Presidente Es gracia que a nombre de esta infelices población imploro” José Benedicto Zavala.

Ya la zona no tendrá otro evento sísmico de importancia hasta la gran tragedia del cataclismo de 1868 y el fuerte terremoto de 1877.

 



[1] Estas mulas eran llamadas “mulas pianeras” porque se calculaba que eran capaces de transportar desde Arica a La Paz un piano en su lomo sin dificultad, habían criaderos de este tipo de ganado en Lluta, Camarones, Sama, y también existía un gran comercio de ganado  de acémilas desde Chile.

[2] Aun en la época del informe (1826-1826) eran consideradas importaciones extranjeras  todos aquellos productos que provenían de un lugar distinto a Hispanoamérica o España, siendo consideradas estas últimas como importaciones internas.

[3] José Hipólito Unanue Pavón, nació en Arica el 13 de agosto de 1755, sus padres fueron don Antonio Unanue de Montalvert, natural de Vizcaya y de Manuela Pavón hija de antigua familia ariqueña, Hipólito Unanue a decir de Vicente Dagnino “fue medico más sabio del continente, insigne  estadista, escritor y filántropo. Impulsó  y dignificó los estudios de medicina con obras notables y con adelantos superiores a su época”; Unanue falleció el 15 de julio de 1833.