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Capitulo IX

Comienzos de la era de Ramón Castilla

 

·         Derrota de Ingavi y muerte de Gamarra

 

La derrota de la Confederación Perú- Boliviana trajo como consecuencia una serie de acontecimientos políticos que nuevamente tendrían  a Arica como uno de los elementos de fricciones y negociaciones entre los caudillos de Perú y de Bolivia, el General Gamarra se hace del poder en Perú, mientras que en Bolivia el general Velasco hace lo propio, las intrigas del ex Protector desde su exilio en Guayaquil en la política de ambas naciones genera un estado de anarquía absoluta, los  caudillos bolivianos se dividen entre  los  partidarios de la restauración liderada por Velasco y los partidarios de la regeneración estos partidarios de la vuelta del Mariscal Santa Cruz al gobierno de Bolivia, por otro lado se encuentra el general José Ballivián quien desde Perú intenta derrocar al gobierno de Velasco con la complicidad de Gamarra, Ballivián era contrario a la vuelta de Santa Cruz.

En este estado de cosas Gamarra invade  Bolivia por tercera vez, en septiembre de 1841  el presidente peruano había concentrado en las provincias del sur un ejército de 5.000 hombres a motivo de defender su gobierno de la sublevación de Manuel Ignacio Vivanco, gobernante peruano  invasor de Bolivia eleva una proclama al pueblo boliviano el 14 de septiembre en la que les decía  que su propósito era evitar el regreso de Santa Cruz al gobierno de Bolivia y que este país no tenía nada que temer del Perú, el día 2 de octubre de 1841 Gamarra cruza la frontera, avanza sobre La Paz apoderándose de esta ciudad sin resistencia.

A esa fecha Ballivián  ya se había hecho del gobierno boliviano cuando Gamarra inicia la invasión, el general boliviano había derrotado a los partidarios de Santa Cruz, de inmediato deroga las constituciones de 1834 y 1839, asumiendo el poder absoluto hasta el llamado a una nueva convención para que decidiese la nueva forma de gobierno, con esto quedaba conjurado el peligro del regreso de Santa Cruz y por consiguiente los motivos que adujo el Presidente peruano Gamarra para invadir Bolivia.

El nuevo presidente de Bolivia dirige una nota  a Gamarra el 4 de octubre representándole el hecho que ha desaparecido el peligro de regreso de Santa Cruz, protestando por  la ocupación de territorio boliviano por parte de las tropas peruanas, Gamarra contesta estar dispuesto a una negociación pero como condición previa la permanencia de las tropas peruanas en territorio boliviano, esta actitud del  general Gamarra  actuó como elemento catalizador del pueblo boliviano y sus caudillos que se unieron en torno de la conducción de Ballivián, el general Velasco puso sus tropas a disposición del presidente.

Las tropas bolivianas y peruanas se empeñan en batalla al medio día del 18 de noviembre de 1841 en la localidad de Ingaví cercana al lago Titicaca a un costado de la rivera oriental del  río Desaguadero, en el fragor de la batalla cae herido de muerte el presidente peruano Agustín Gamarra, esparciéndose con rapidez la noticia entre la tropa, ocasionando la desmoralización generalizada, el general Ramón Castilla Marquesado[1] toma el mando de las fuerzas peruanas, hace ingente esfuerzos por controlar la situación, logrando contener por una hora las impetuosas cargas del ejército boliviano, que terminan por derrotar a los peruanos, el desastre peruano en Ingaví además de la muerte de su presidente les significo la inopia militar mas absoluta, según el parte de guerra boliviano, quedaron 22 jefes prisioneros, incluidos en estos el propio Castilla, 150 oficiales y 3200 soldados, el cadáver de Gamarra fue arrastrado amarrado de la cola de un caballo como también sufrieron humillación los jefes prisioneros, el futuro Mariscal Castilla fue abofeteado por el mismo general Ballivián, incidente que marco los ánimos de Castilla  en su estimación futura hacia Bolivia, el presidente Ballivián rápidamente ocupo los territorios de los departamento de Puno y Litoral Moquegua, los que quedan bajo el poder militar boliviano.

El Departamento Litoral Moquegua cuya capital era Tacna es ocupado por tropas bolivianas comandadas por el coronel Francisco Xavier Magariños, con una fuerza  de 1.200 hombres, Magariños envía al teniente coronel  Fernando Aguilar a tomar posesión del puerto de Arica el 26 de diciembre de 1841, con una fuerza de 500 hombres  mas 100 de caballería,  no hubo resistencia en la ocupación, el prefecto Manuel de Mendiburú [2]se había fugado al enterarse del avance de los bolivianos refugiándose en Locumba dirigiéndose posteriormente a Arequipa, en la invasión de tropas bolivianas al departamento de Litoral sólo se registro un pequeño conato de resistencia a cargo de una pequeña tropa al mando del capitán José María Lavayse en el valle de Sama, en general la población recibió de buen agrado la presencia de los bolivianos, así veían  la posibilidad de hacerse realidad los acuerdos de  la asamblea de marzo de 1836 en que estas tierras pedían incorporarse a la nación boliviana, el teniente coronel Aguilar en sus incursiones por los valles interiores de la provincia de Arica cometió algunos abusos con la población, que le significaron medidas disciplinarias para él y sus hombres, en el decir popular de los pueblos de Arica y Tacna lo bautizaron como el “Coronel come guaguas”. 

El gobierno de Chile ante la gravedad de los acontecimiento  entre las dos republicas andinas designa al ministro del Interior y de Relaciones Exteriores  del gobierno de don Manuel Bulnes, don  Ramón Luis Irarrázaval, en calidad de ministro delegado, con el fin de mediar e imponer la paz entre ambas naciones y tomara las medidas necesarias para evitar cualquier posibilidad del retorno de Andrés de Santa Cruz al poder, la misión se  traslada a Lima con el  objeto subir  el rango de la representación chilena ante los gobiernos peruanos y bolivianos, dando de este modo una mayor fuerza a las gestiones diplomáticas de mediación que hasta ese momento llevaba don Ventura Lavalle quien era ministro plenipotenciario de Chile ante los gobiernos de Perú y Bolivia, el 6 de febrero 1842 el ministro Irarrazával sale de Valparaíso rumbo al norte.

 El gobierno peruano dirigido en ese momento por el vicepresidente de Gamarra don Manuel Méndez, designa el 9 de febrero de 1842, como su representante para negociar la paz con Bolivia bajo la mediación chilena a don Francisco Javier Mariátegui, en tanto que el gobierno boliviano  designó como su representante a don Hilarión Fernández.  Después de arduas negociaciones  que duraran casi un par de meses, las parte logran llegar a un principio de acuerdo, la legación boliviana siempre presentó una actitud más conciliadora, a diferencia  del duro comportamiento de Mariátegui, cuando ya se acercaban las posiciones para lograr un acuerdo definitivo el delegado boliviano señor Fernández irritado con las impertinencias del delegado peruano en todo el transcurso de las negociaciones  hizo una larga  y dura exposición sobre los derechos históricos que le cabían a la República de Bolivia  como heredera de la Presidencia de Charcas, sobre los territorios al sur del lago Titicaca hasta Chucuito y los de la costas ariqueñas, en especial sobre el puerto de Arica, costas de Moquegua y de Tarapacá (en ese momento ocupadas por el ejército boliviano), resaltando en sus reclamaciones la generosidad de Bolivia sobre los términos en que se llegaba al acuerdo, el ministro peruano que era también historiador no hizo espera su replica sobre los derechos históricos del Perú sobre los territorios reclamados por Bolivia,  adornada su exposición con fuerte recriminaciones, una vez concluidas las recriminaciones de ambas delegaciones; Fernández y Mariátegui,  dieron cuenta de concordar en el documento elaborado en todos sus términos quedando sólo pendiente la consulta al presidente Ballivián sobre una columna que había ordenado levantar en Ingaví, en la que  se había incorporado una placa recordatoria considerada ofensiva para el honor peruano y que rezaba así: “Aquí 6.000 peruanos, que osaron invadir la tierra de Bolivia, fueron vencidos por 3.800 bolivianos. Las cenizas de un invasor forman la base de este monumento”.

Después  de ingente  esfuerzos diplomáticos directos por parte del plenipotenciario chileno señor Lavalle con los presidentes del Perú, señor Méndez y de Bolivia, general Ballivián,  se logra firmar el tratado en la ciudad de Puno el 7 de junio de 1842; poniendo fin al estado de guerra entre ambas naciones y concretando la salida de las tropas bolivianas del territorio  peruano que estaba bajo las armas de Bolivia. Curiosamente el general Ballivián nada  exigió para su patria, salvo  el que Perú  desistiera de las reclamaciones  por las deudas contraídas  en la lucha por la Independencia en lo que correspondía a Bolivia y del daño económico  ocasionado  por  el Protectorado de Santa Cruz, al parecer Ballivián tuvo esta actitud por la debilidad interna de su gobierno que siempre se sentía amenazado por alguna asonada golpista y quizás por su vinculación original con Gamarra  al momento de la invasión peruana a territorio boliviano; tal vez factores que le hicieron perder las ventajas militares  obtenidas con el triunfo de Ingaví.

El historiador peruano  Jorge Dulanto  Pinillos   describe la llegada de Castilla a Tacna una vez que había sido liberado como resultado del tratado de Puno: “Un hombre a caballo llega a Tacna el 5 de septiembre de 1842. El rocín que lo trae, un verdadero rocín por lo flaco y huesudo, entra lento, gacha la cabeza y no se detiene sino en la puerta de  la casa del súbito francés Resroe. Cuando el jinete se apea, se aprecia un hombre bajo y oscuro, mal vestido y con huellas saltantes de fatiga. Su  súbita aparición alegra al francés que ha temido por la vida del amigo. Narra el recién llegado sus padecimientos y aventuras  con su tajante franqueza sin ocultar  infamia y miserias. ¿Cómo arriba a Tacna el señor  general de división don Ramón Castilla? No es fugitivo el vencido de Ingaví sino liberado por el tratado de paz  de Puno que pone termino a la guerra con Bolivia”.  Así  Castilla retorna a la tierra que le servirá como escenario en los próximos años de sus acciones revolucionarias que lo llevarían a la presidencia del Perú, los valles y desiertos desde Tarapacá a Arequipa serán testigo de los ímpetus revolucionarios del Mariscal  Castilla hasta  el día de su muerte.

Una vez firmado el tratado de Puno el señor Manuel Menéndez convoca a elecciones, pero tiene que hacer frente a las asonadas  militares, que generan un nuevo periodo de anarquía, situación ya endémica en la república del Perú, los generales  Antonio Gutiérrez De la Fuente, jefe del Ejército del Sur, el  general Juan Crisóstomo Torrico jefe del Ejército del norte, el general Francisco Vidal que formaba parte del Ejército del  sur, y el general  Manuel Ignacio Vivanco, se sublevan contra el gobierno del señor Menéndez, la anarquía se extiende  hasta el 22 de julio de 1844  cuando Castilla derrota a Vivanco a las afuera de Arequipa en el Alto del Carmen.

El gobierno de Manuel Menéndez es defendido por Castilla y el general Domingo Nieto este último muere en el transcurso de la campaña,  los cuartelazos habían comenzado en abril de 1842 con el levantamiento del coronel Mendiburú en Moquegua, el general La Fuente hace una junta de jefes en Cuzco derrocando a Manuel Menéndez, nombrando en su reemplazo a al general Francisco Vidal, pero el 16 de agosto el general Torricio se apodera del gobierno el 16 de agosto de 1842,  hacemos esta reseña brevísima para que el lector pueda  darse cuenta sobre el grado de anarquía  que vivía el Perú tras  la muerte de Gamarra en Ingaví; uno de los componentes que abonaban las querellas entre los caudillos militares era la injerencia de general Ballivián presidente de Bolivia en la política peruana, Ballivián apoyaba a uno u otro caudillo en la disputa por el poder como un pálido reflejo de la manipulación que en su oportunidad hizo Santa Cruz. También era una influencia  importante la intriga que desarrollaba el mariscal Santa Cruz desde su exilio ecuatoriano, en este ambiente de permanentes cuartelazos y subversión, en enero de 1843 estalla una revolución en Arequipa encabezada por el general Manuel de la Guarda y acaudillada por general Manuel Ignacio  Vivanco que triunfa temporalmente sobre sus rivales auto nombrándose Supremo Director de la República.

Castilla se concentra en los departamentos del litoral sur del Perú formando el grupo denominado de constitucionalistas liderados por él y por el general Domingo Nieto que defendían  el derecho constitucional de don Manuel Menéndez a la presidencia del Perú. El general Castilla el 13 de agosto   de 1843 enfrenta a las tropas  de Vivanco comandadas por el general La Fuente, ambos generales tarapaqueños, se empeñan en batalla en los arenales de Chinchorro al norte del puerto de Arica, Castilla demuestra  más pericia en las artes militares que su coterráneo empujándolo hasta el vado de Chacalluta, las tropas constitucionalistas alcanzaban a  400 hombres de infantería más un pequeño piquete de 50  soldados de caballería, las tropas del general La Fuente ascendían a 500 infantes más  100 de caballería,  Castilla puso en retirada a sus adversarios pero no logro cerrarles el paso al buen resguardo que significaba para las tropas “vivanquistas” en el interior del valle de Lluta. ,  repuesto La Fuente y su gente intenta dominar Tacna , para ello avanza con su tropa  desde Chironta poblado del interior de Lluta,  cruzando por la sierra de Huaylillas, llegando a las inmediaciones de Pachía el  28 de agosto al anochecer, advertido Castilla por los lugareños de este poblado precordillerano de Tacna convoca a consejo de guerra decidiendo los jefes constitucionalistas emprender la marcha  de inmediato sobre el lugar amagado, con el fin de no dar la ventaja del descanso a las fuerzas adversarias, en el amanecer del día 29 de agosto los constitucionalistas sorprenden a las tropas de  La Fuente en pleno caserío de Pachía  aun en un remolón despertar, la sorpresa casi causa un desastre definitivo a las fuerzas que apoyaban  al Supremo Director de la República (Vivanco), pero La Fuente a la cabezas de  sus  oficiales logran controlar  el espanto de la tropa organizando la resistencia, se genera un combate casa a casa en el poblado,  cualquier oquedad del suelo es usada como trinchera, después de una hora de recio combate, nuevamente Castilla logra imponer la superioridad en el mando militar con respecto a su rival; poniendo en fuga a sus adversarios pero al no contar con una caballería numerosa se le hace imposible iniciar la persecución y cortar la retirada, La Fuente se dirige con sus maltrechas tropas al norte.

El Mariscal Castilla constituye una Junta Gubernativa de corte liberal que preside él, oficiando de Secretario General Francisco de Rivero y Ustariz, esta Junta que entre otros conforman el coronel José Félix Iguaín, es nombrado prefecto del Departamento Litoral Moquegua el coronel  Manuel de Mendiburú. En septiembre de 1843 llegan noticias que el general La Fuente se aproxima al valle de Sama con un grueso contingente de infantería y caballería la mayoría eran tropas veteranas, Castilla podía oponer una fuerza bisoña conformada en su mayoría por campesinos tarapaqueños, trajineros de Arica  y muchos jóvenes tacneños y ariqueños que mayoritariamente fueron reclutados del recientemente  creado Colegio Nacional de Tacna.

 El Mariscal Castilla imparte las ordenes para enfrentar a los tropas vivanquistas que vienen desde Arequipa, los constitucionalistas se ubican en posiciones defensivas en el cerro Intiorco en las inmediaciones de la “Quebrada del Diablo”[3].

La Fuente da ordenes de emprender el avance el 21 de septiembre  después del descanso en el valle de Sama,  las fuerzas de La Fuente  se sienten seguras de conquistar Tacna la capital del Departamento  Litoral de Moquegua, le habían informado de la desmoralización de los constitucionalistas y lo novata que era  la tropa, la marcha por el desierto se hace lenta, la arena y los pedruscos salitrosos hacen pesado el andar hasta que comienza a caer las sombras de la noche, junto con el manto oscuro de la noche comienza a correr por los subes lomajes de la pampa “tules” de gruesa camanchaca que dificultan la orientación, las tropas   de La Fuente en su mayoría  reclutadas en Arequipa  y Moquegua son conocedores  de estas inclemencias del hábitat desértico de la zona sin embargo es tan densa la neblina que terminan por  extraviarse en medio del desierto que separa Tomasiri de Tacna, deambulando por la noche  confusos y desorientados al amanecer cuando las primeras luces del día comienzan a disipar la espesa neblina, La Fuente se ve rodeado por las fuerzas de Castilla que rompe fuegos sin dar respiro ni tregua a sus adversarios, en el deambular  a ciegas de La Fuente y sus huestes  cayeron en medio de las tropas enemigas sin posibilidad alguna de armar resistencia poniéndose en fuga toda la tropa partidaria de Vivanco, desde Jefes hasta el último recluta.

Al grito ¡ Viva la Constitución!  ¡Viva Castilla!, en un extasíe de triunfo que no permitió efectuar  una rápida acción para evitar la retirada de los vencido, dejando un triunfo total como efímero y sin ninguna definición en la lucha fratricida que llevaban los caudillos militares,  alargando por más tiempo la anarquía que sufría la república del Perú. Después de la algarabía se reordenan los triunfadores para entrar a Tacna con sus estandartes victoriosos.

 

·         El final del Mariscal Santa Cruz

 

 

Durante los agitados años  de la anarquía de los ’40 del siglo XIX, el puerto de Arica empezó a ver incrementada su población  con elementos de origen hispano procedentes de las tradicionales familias ariqueñas, que en su mayoría había buscado refugio en pueblos del interior de la provincia como Tacna, Belén, Putre, Socoroma, Humagata, Codpa, etc. en los duros días de la guerra por la independencia, otras familias habían emigrado escapando del tan deficiente estado de salubridad que mantenía el puerto, como  derivación de la endémica enfermedad  llamada “fiebre amarilla” o “paludismo”.  Ahora la situación  de emigración se revertía  con motivo de la revolución llevada a cabo por el grupo de caudillos militares denominados Constitucionalistas que encabezaba el general Ramón Castilla y que asentaron sus reales en las tierras que van desde Tarapacá  a Moquegua. Los revolucionarios habían encontrado en los pueblos del interior del Departamento Litoral su fuente de pertrechos y de reclutamiento de nuevos soldados, además como había  ocurrido en otras oportunidades los valles y poblados fueron escenario de  escaramuza bélicas entre los bandos en pugna, cuestiones  todas que provocaron una emigración  de los lugareños hacia el puerto  y ciudades de mayor población como Tacna y Moquegua, estos fenómenos migratorios originaron el  aumento del elemento de origen hispano en la población de Arica; ha esto se suman la aparición de los primeros inmigrantes europeos que comienzan a asentarse en la zona  después de la independencia, principalmente compuesto por inmigrantes de origen italiano, inglés, alemán, francés, español y austríaco. La mayoría de estos inmigrantes eran de sexo masculino factor que facilitó el rápido mestizaje de la población ariqueña con los recién llegados, aumentando  así el porcentaje de sangre europea entre los pobladores  de Arica.

Cuando aun no se secaba  la tinta de la firma del tratado de Puno, el general José Ballivián presidente de Bolivia se dio  cuenta del error cometido al  no haber exigido la anexión a su país de las provincias de Tarapacá y Arica, por lo que una vez que se vio  más estable en el gobierno sin el riesgo de una sublevación o de una asonada militar, acredita rápidamente ante el gobierno del Perú a don Miguel María de Aguirre con instrucciones expresa que decían: “Ajustara un tratado definitivo de paz, amistad y limites,  y consiguiera el reconocimiento de la soberanía boliviana sobre el litoral de Tarapacá y el puerto de Arica inclusive, otorgando en cambio todo genero de seguridades sobre la no-intervención  y ventajas  comerciales y de libre cambio...”.

El general Ballivián quería aprovechar la anarquía peruana, por lo que entró primero en contacto con el general Torrico quien se encontraba asilado en Bolivia, después del fracaso de las intentonas por lograr el poder de su país, sin embargo al ver el general Ballivián que Torrico no tenía posibilidades de acceder al gobierno,  varió su estrategia  acercándose al general Vivanco.

La diplomacia boliviana aprovechando la buena voluntad mostrada por el Supremo Director (Vivanco), actuó impulsando la   realización  de amplias conversaciones entre ambos gobiernos; en las que la cuestión de Arica  estaba presente permanentemente, sin que se llegase a plantear explícitamente, esto por una táctica política del gobierno boliviano. La diplomacia del país altiplánico en esta oportunidad trabajó para que la iniciativa de la anexión de Arica a Bolivia partiera del propio gobierno peruano, de tal forma  que el delicado asunto estuviese  bien asentado en los gabinetes de la diplomacia de ambos países, a este respecto una carta del general Ballivián al prefecto de La Paz señalaba “... Ureta[4] nos habla de arreglo y transacción sobre Arica; nos hacemos los suecos y queremos oír lo que dicen y por dónde vienen; pero está visto que es menester hablar de esto, sacar la cara y no hacer como los enamorados que no se atreven a declararse y reciben calabazas por tontos.”

Paralelo a los esfuerzos diplomáticos del presidente Ballivián por lograr la anexión de las provincias del sur del Perú a su patria, el Mariscal Santa Cruz seguía conspirando desde su exilio en Quito amparado por el general Flores,  en 1842 logra Santa Cruz  impulsar una conspiración contra el gobierno de Bolivia, uno de las acciones a seguir por los conspiradores era el asesinato del general José Ballivián.  Se descubrió oportunamente la confabulación, pagando con el patíbulo 14 de los principales cabecillas del  movimiento subversivo, entre ellos se contaba el teniente coronel Fructuoso Peña, sobrino de Santa Cruz.

Convencido  el Mariscal de Zepita que sus conspiraciones para que tuviesen el éxito esperado requerían necesariamente que estuviese en el terreno mismo de las acciones,  lo que no como había ocurrido hasta la fecha, pues toda su actividad sediciosa lo hacia a través de agentes y comisionados, por lo que decide  dar algunos pasos audaces que le permitan lograr  sus objetivos.

Con el fin de posibilitar la  intervención  más directa del ex – Protector en los asuntos políticos de la región,  se ideo por parte de los “protectorales” que por intermedio de sus banderizos de la ciudad de Lima, los que eran muy allegados al general Vivanco, solicitasen del Supremo Director la autorización para  que el Mariscal residiese en Tacna con el fin de atender de mejor forma “sus intereses particulares” dejados en Bolivia al momento de partir al exilio, la operación  además concebía una acción distractoria para despistar  al general Ballivián,  acción que consistía en hacer pública la proposición que al Mariscal Santa Cruz  se le diera una legación en  Europa con el fin de procurar al Perú  de una escuadra poderosa que le devolviera el dominio del  Pacifico, perdido durante la guerra de la Confederación Perú Boliviana con la República de Chile.

Vivanco no podía concederle  licencia para residir en Tacna a Santa Cruz,  sin antes provocar las iras de Ballivián, las que podrían terminar en una franca agresión  armada por parte del gobernante boliviano, además el territorio de Tacna estaba en ese momento en poder de la Junta Gubernativa que encabezaba el general Castilla, que después  del último  choque armado en el cerro Intiorco, a las afuera de Tacna, había afianzado más su posición, inclinando la balanza a favor de los constitucionalistas con respecto a  la posición de Vivanco en la zona.

Para el gobierno de Chile  la noticia de la pretendida legación  en  Europa del Mariscal Santa Cruz fue recibida con profunda  preocupación ya que eso equivalía a la rehabilitación política de este, como también la presencia del Mariscal con el rango de ministro del Perú en Europa constituía un riesgo para la seguridad nacional. El gobierno chileno de inmediato comenzó  acciones diplomáticas para disuadir al general Vivanco de no dar ese paso que en definitiva sería de gran conflicto para las tres naciones involucradas. El gobierno chileno propone un plan para internar al insidioso Mariscal en alguna ciudad del interior de Chile, ya que esta república era la única capaz de poder garantizar  el termino de las actividades disolventes y conspiradoras de Santa Cruz.

El Mariscal Andrés de Santa Cruz se embarca desde Guayaquil el 13 de agosto de 1843 rumbo al sur, en la goleta “Quintanilla”, su objetivo era desembarcar en  Cobija u otro puerto del sur peruano  con el fin de iniciar personalmente una nueva conspiración para derrocar al gobierno boliviano presidido por el general Ballivián; cuando llega a las costas peruanas  el vicecónsul de Inglaterra en Arica Mr. Hugo Wilson hace de agente de Santa Cruz ante el Mariscal Castilla solicitándole la licencia para que Santa Cruz residiera en Tacna, el diplomático británico  esperaba al Mariscal ya con casa lista, ofrece a Castilla ayuda  contra Vivanco y un tratado comercial favorable una vez que se hiciera de nuevo del gobierno de Bolivia Santa Cruz; Castilla y su Junta Gubernativa desestimaron lo solicitado por el vicecónsul Wilson a favor de Santa Cruz, por razones de estrategia militar, ya que no estaban en condiciones de enfrentar una agresión armada por parte de Ballivián,  pero además estaba el antecedente que la mayoría de los jefes constitucionalistas habían actuado en contra de Santa Cruz cuando ostentaba el cargo de Protector de la Confederación Perú Boliviana, estos jefes lo habían combatido integrando la División Peruana del Ejército Restaurador.

 Ante la negativa de las autoridades peruanas de aceptar la solicitud de Santa Cruz, la goleta “Quintanilla” siguió rumbo al sur hasta un supuesto desembarco en el puerto de Cobija, pero el astuto Mariscal burlando la vigilancia de las autoridades peruanas logra desembarcar en la caleta de Camarones  ubicada  en latitud 19º 11’ Sur; longitud 70º 15’ Oeste; a 81,2 Km. al sur del puerto de Arica. El 13 de octubre de 1843  con la  colaboración de los pescadores de la caleta de Camarones debidamente concertados por  el comerciante argentino radicado en Arica Juan Manuel Castellano se inicia el último intento de Andrés de Santa Cruz por llegar al poder de Bolivia y revivir el proyecto confederal, la comitiva integrada por los señores Castellano, Wilson (vicecónsul inglés), y algunos ciudadanos extranjeros residentes en Arica acompañan al Mariscal por el  Valle de Camarones,  siguiendo una ruta  lo más discreta posible para que las autoridades peruanas y bolivianas no se enterasen de la presencia de Santa Cruz en el territorio ariqueño, el recorrido de los conjurados fue  hecho desde las playas de la caleta de Camarones a Palca, Cuya, Chuquichambe, Cananoxa, Camarones; y de este poblado giran al norte llegando a Amazaca continúan  por Poroma, Timar, para llegar al inicio del valle de Azapa  al poblado de Livilcar, de este caserío se internan por la Cordillera Central pasando por de Pachani y Ancovilque para finalmente  refugiares  en Chapiquiña, el agotador viaje duro 8 días. Los partidarios  de Santa Cruz entre los que estaban Agreda, Gómez de Goitía, el general  Brown, Peña, Irigoyen, entre otros, comienzan una febril actividad para lograr formar un cuerpo de ejército que les permitiera invadir los Departamento fronterizo de Bolivia con Perú, en estos menesteres fue sorprendido el comerciante argentino Castellano, es arrestado y siendo presionado por las autoridades de Arica termina por revelar el escondite del Mariscal Santa Cruz en Chapiquiña, de inmediato se tomaron las medidas para su captura, enviando un pequeño piquete de Caballería  al poblado cordillerano de Chapiquñia, el 2 de diciembre de 1843 la patrulla comisionada para el arresto del Mariscal Santa Cruz cumple su misión sin mayores resistencia, al llegar la cuadrilla al poblado hicieron creer a Santa Cruz y sus compañeros que se trataba de fuerzas que se sumarían a la conspiración, los aprehensores del Mariscal llevaban ordenes expresas de trasladar al prisionero vivo inmediatamente a un presidio de Moquegua, orden que se cumplió a cabalidad.

Conocida la noticia del arresto de Santa Cruz, comienzan de inmediato afanosas negociaciones diplomáticas entre los gobiernos de  Bolivia y la Junta gubernativa de Castilla y del Gobierno de Chile con esta última. Ballivián comisiona como su representante al diplomático, don Gil Antonio de Toledo, quien plantea una solución radical ante el arresto del ilustre conspirador, el diplomático  altiplánico en comunicación al Secretario de la Junta Gubernativa Francisco de Rivero, le señalaba: “... Reconoce el infrascrito, por orden expresa de su gobierno (Ballivián) el derecho de S.E. el gobierno del señor Rivero, para imponer la pena de muerte al prisionero don Andrés de Santa Cruz, y consciente por su parte en la aplicación de esta pena a que está condenado en ambas naciones por los crímenes que ha perpetrado contra la soberanía o independencia de ellas y por todos los agravios y daños que les ha conferido...”, el gobierno boliviano planteaba que en caso de que la Junta no quisiera aplicar la pena de muerte fuese extraditado a Bolivia y de no ser posible esto, aceptaría un remisión a Europa del prisionero, pero en ningún caso admitiría el gobierno  boliviano  la entrega del caudillo al gobierno de Chile.

Paralelamente  a las negociaciones bolivianas con la Junta Gubernativa, el cónsul de Chile en Arica señor Ignacio Rey y Riesco inicia su febril actividad para imponer los puntos de vista de la República de Chile, simultáneamente el gobierno chileno envía una división naval, comandada por el capitán de fragata don Pedro Díaz Valdés y Carrera[5], integrada por la fragata “Chile” y la goleta “Janequeo”, con el objeto de proteger los intereses de los ciudadanos chilenos que habitaban la costa sur del Perú y la comisión reservada de gestionar la  llevada a Chile del Mariscal  Andrés de Santa Cruz en calidad de prisionero mientras se gestionaba su remisión definitiva a algún país europeo, la división naval chilena zarpa el 1º de diciembre 1843 desde Valparaíso rumbo a Arica, las instrucciones del gobierno chileno que llevaba  el capitán Díaz Valdés al cónsul en Arica están expresadas en la nota que este entrego al general Castilla y que en parte decía “... Si la Junta Gubernativa de Tacna considera imparcialmente la situación del Perú y de Bolivia, reconocerá que de los Estados que tienen un interés en ello, Chile es el único que puede ofrecer garantías de seguridad para la custodia de don Andrés de Santa Cruz, y no sólo de custodia segura, sino de que no se hará jamás de su persona un uso que pudiese inquietar al Perú ni a Bolivia. Cree, pues,  mi gobierno tener algún derecho a la confianza de la Excma. Junta cuando le pide que ponga a su disposición y bajo su custodia la persona de don Andrés de Santa Cruz. No hay en esto nada que pueda parecer opuesto a los sentimientos de humanidad que animan  a la Junta Provisoria y de que tampoco esta desnudo el gobierno de Chile. Don Andrés de Santa Cruz gozaría en Chile de toda libertad compatible con la seguridad de los gobiernos vecinos y de todas las consideraciones que se deben al infortunio. El gobierno de Chile se compromete solemnemente a ello”.

La Junta Gubernativa de Castilla se dio cuenta que el Mariscal Santa Cruz en su prisión de Moquegua era un excelente factor de negociación, factor que jugó a favor de la seguridad y la vida del prisionero, en las negociaciones al parecer llevaba ventajas la representación chilena ya que el cónsul Rey y Riesco era cuñado del coronel Mendiburú uno de los caudillos constitucionalistas,  además de tener amistad con la mayoría de los jefes juntistas, otro factor que podía inclinar la balanza a favor de los intereses de Chile era  los sentimientos personales del general Ramón Castilla  hacia Bolivia y  en particular con respecto al general Ballivián quien le había inferido   una oprobiosa humillación en la derrota de Ingaví.

Entre tanto el general Vivanco y su gobierno no permaneció impasible ante este nuevo factor político que se presentaba en la dura guerra civil que enfrentaba su país, sus agentes convencen al presidente boliviano, general Ballivián, de apoyarlos en una incursión armada sobre el puerto de Arica con el fin táctico de introducir una cuña en el territorio de dominio de los constitucionalistas; dejando a estas fuerzas atrapadas  en dos frentes el de Arequipa que dominaban y esta nueva posición, al parecer el apoyo de Ballivián sólo se limitó en dar facilidades de paso por su territorio a las tropas “vivanquistas” y a proporcionar pertrechos de guerra. Así los partidarios de Vivanco se descuelgan desde Putre por el valle de Lluta con dirección al puerto de Arica en diciembre de 1843, Castilla es alertado por los habitantes de los pueblos cordilleranos, el mariscal tarpaqueño ya ejercía un evidente liderazgo entre los habitantes de todo el territorio comprendido entre Tarapacá y Arequipa. El alto mando constitucionalista dispone de inmediato las medidas militares necesaria para impedir el cumplimiento de los objetivos de sus adversarios, avanza con sus tropas por el valle de Lluta, ubicado al norte de la ciudad de Arica, estacionándose en el sector de Mollepampa,  este lugar está ubicado en pleno corazón del valle a unos 25 Km. al interior, contiene buenas vertientes de agua dulce,  tiene una explanada pie de cerro árida sin vegetación de una  60 hectáreas de superficie formada por rellenos aluviales de la quebrada  del mismo nombre, en esta área se ubica el caserío, el bajo de este sector del valle de Lluta, contiene abundante vegetación y tiene un ancho  cultivable de unos 1500 mts. Mollepampa se ubica en un meandro de unos 90º  que forma el río, enfrentando por el sudeste al contra recodo de Guancarane y por el poniente deslinda con Rosario lugar done el río toma una trayectoria más recta hasta su desembocadura, en la explanada  de Mollepampa existió una casa ejercicios de la Compañía de Jesús y una  capilla, ambas fueron abandonadas tras  la expulsión de los jesuitas en octubre 1767, este lugar fue transformado en criadero de esclavos negros, “mercancía de ébano”  de mucha demanda en las ingenios agrícolas de los valles peruanos que van desde Camaná a Lima, eran muy cotizados por la resistencia a la enfermedad de las “tercianas” (paludismo).

El choque de ambos ejércitos se produce en un encarnizado combate en el vecino poblado de Poconchile pueblo ubicado a unas 4Km. de Mollepampa, hecho de armas se verifica el 21 de diciembre 1843, las operaciones se inician cuando un piquete de caballería de Castilla  se topa  con una avanzada de las tropas  de Vivanco en las primeras horas de la mañana, las primeras acciones ocurren en los potreros de Guancarane, entre plantíos de maíz, alfalfa y trigo. A los primeros disparos de la refriega que se multiplican ante la caja de resonancia que forma la cuenca del valle, el general Castilla da la orden de avance a la infantería que ocupaba las laderas nortes del  valle, la evolución la hacen por el sector llamado el “Pedregal”, tomando  posición en la pronunciada curva que hace el río en ese sector, en el estratégico promontorio del lado norte que penetra sobre el pueblo de Poconchile y que esta separado por el cause del río; la concentración de las fuerzas  constitucionalistas en ese lugar tenía el objeto de  franquear el río y desalojar al enemigo de la estratégica posición del poblado, las tropas partidarias de Vivanco se hacen fuerte en la ladera Sur donde  controlan el vado del río que pretendían cruzar los hombres de Castilla,  las tropas vivanquistas usan las pircas de piedra que separan los pequeños potreros como trincheras, las ruinas del templo  colonial consagrado  a  San Jerónimo[6] es utilizado como cuartel general por los vivanquistas,  esta construcción se  había derrumbado en el último terremoto de 1833 y aun no había sido reconstruido,  después de tres asaltos a las posiciones defensivas, Castilla logra romper  la resistencia de sus adversarios que defienden con valor su posiciones entre las casa del pueblo que por ese entonces  tenía unos 200 habitantes los que ante el fragor de la batalla habían huido al los cerros cercanos, los jefes de las tropas arequipeñas mantuvieron con mucho esfuerzo el dominio de su flanco derecho, acción táctica que les permitió hacer una retirada mas o menos ordenada  hacia el poblado de Churiña (Molinos)  Castilla personalmente comanda la carga de caballería sobre las tropas de Vivanco, provocando la escapada casi total de las tropas defensoras del “Directorio”, nuevamente la escasez de medios logísticos, en especial de caballería no permitió a las fuerzas de la Junta Gubernativa dar un triunfo definitivo sobre los defensores del Directorio.

Después de estos acontecimientos la Junta Gubernativa se da cuenta que era peligroso seguir dilatando  el cautiverio del mariscal Santa Cruz en Moquegua, lo que en un momento fue un factor ventajoso de negociación  con el gobierno de Chile y con el gobierno de Bolivia se transformaba en un elemento que podría llevar a la destrucción de todo el esfuerzo hecho por ya más de 7 meses por restablecer  el orden constitucional de 1839, vistas las  nuevas condiciones la Junta entra en tratos secretos con el gobierno chileno a través del capitán de la fragata “Chile”, se nombra prefecto del Departamento Litoral al coronel  José Felix Iguaín, encomendando a este  la misión de llegar a acuerdo con el jefe de  la división naval chilena para entregar al mariscal a la custodia del gobierno de Chile, un intento de motín entre las tropas que custodiaban a Santa Cruz precipitó los acontecimiento, sofocado el intento de liberación del mariscal de Zepita, el coronel Iguaín solicita  de inmediato al  Capitán Díaz Valdés  que lo traslade del puerto de Ilo a Arica para asumir lo antes posible el cargo de prefecto[7] junto con la comitiva  oculto entre su miembros iba el ex gobernante siendo entregado a bordo del la fragata “Chile” el  1º de febrero de 1844,  se firma por parte del oficial chileno un recibo por el prisionero en el que se comprometía a retenerlo a bordo  de su nave en el puerto de Arica, hasta que la Junta confirmara oficialmente  la orden de entregarlo al gobierno chileno, y de devolverlo, si no fuese ratificado por el gobierno de Chile el  pacto entre el cónsul Rey y Riesco con la Junta Gubernativa.

Iniciadas ardorosas negociaciones en el puerto de Arica, el capitán Díaz Valdés recibe la orden de zarpar a Valparaíso inmediatamente tomada en conocimiento las instrucciones, debía zarpar sin dar aviso  a las autoridades peruanas ni al cónsul de Chile en Arica,  así el 14 de febrero  da vela al sur la división naval  llevando prisionero al otrora orgulloso Mariscal de Zepita y protector de la Confederación Perú Boliviana.

En tanto el gobierno Boliviano había asumido con resignación el desenlace de la prisión de Santa Cruz, el general Ballivián protestó diplomáticamente por la informalidad de la Junta Gubernativa en estas delicadas materias y dio orden a su representante ante la Junta de retirarse de Tacna señalándole en parte de la nota de instrucciones: “... Dejando al gobierno de Chile y al de la Junta, el deshonor de disputarse cuál de ellos debía ser el carcelero de Santa Cruz. Seguramente Chile querrá desempeñar respecto del ex Protector el papel que Inglaterra respecto de Napoleón”.

Las naves que llevaban a Santa Cruz llegan a Valparaíso el 8 de marzo, las autoridades chilenas  lo internan en la ciudad Chillan, ubicada a unos 40 Km. al sur de la capital Santiago, donde goza de un cautiverio acorde a su dignidad como había sido ofrecido por el gobierno chileno al comienzo de este episodio, permaneciendo  en este cautiverio hasta que es remitido a Francia el 20 de abril de 1846, donde fallece sin volver a tocar tierra americana.




[1]Ramón Castilla y Marquesado, nació en Tarapacá el 31 de agosto de 1797, sus padres,  don Pedro de Castilla natural de las provincias del Río de la Plata, su madre Juana Marquesado, hija de antiguas familias tarapaqueñas. Destinado al regimiento de Dragones del Perú primero y de la Unión después, sirvió en el Ejército Real hasta fines de 1821, en que ya en la clase de Alférez, pasó al servicio de la causa americana, integrando el cuerpo de Húsares de la Legión Peruana. Esta presente en Ayacucho.

[2] Manuel de Mendiburú fue prefecto del Departamento Litoral entre 1839 y 1842

[3] En  el cerro Intiorco se posesionaron las tropas aliadas peruano bolivianas en 1880, tomando estos promontorios el nombre de “Campo de la Alianza”, batalla del 26 de mayo de ese año.

[4] Manuel Toribio Ureta, notable jurisconsulto nacido en Arequipa el 26 de abril de 1813, falleció el 10 de agosto de 1875, Secretario General del gobierno de Vivanco y encargado de  Negocios en Bolivia.

[5] Pedro Díaz Valdés Carrera, era hijo de la insigne patriota doña Javiera Carrera Verdugo y  sobrino don José Miguel Carrera Verdugo uno de los padres de la patria de Chile

[6] En la visita del obispo de la diócesis de Arequipa,  Mons. Juan de Otárola  de Lagunas en  septiembre de 1718 se utilizó este templo para las confirmaciones efectuadas por el prelado en el valle, y al parecer se consagro el templo a San Jerónimo ya que este obispo había recibido su consagración de tal en el templo de San Jerónimo del Buen Retiro en España con la asistencia del Rey, la Reina, el Príncipe y el nuncio pontificio.

[7] Tacna era la cabecera del   Departamento Litoral Moquegua y sede de la prefectura.